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domingo, 12 de febrero de 2012

Versión completa de una entrevista para TELAM

La semana pasada circuló un cable de la Agencia Telam, en el que se resumieron mis opiniones sobre la lectura en la Argentina en estos tiempos. Dada la importancia que le doy a la lectura en nuestro país, aquí posteo la entrevista completa, tal como la respondí por escrito.

Cuestionario de Milena Heinrich (Telam), con respecto a la campaña "Pasión por leer", del Ministerio de Educación de la Nación.

-¿Cómo definirías la iniciativa de distribuir libros en la cancha?

Esta es sólo una de las muchas campañas de lectura que existen en el país. El Estado sostiene unas cuantas, y ésta acaso sea la más popular por estar vinculada al fútbol.

-La elección de los títulos contribuye a que este lector supuestamente menos entrenado se enganche mejor? ¿O cualquier título lograría el mismo efecto?

Por supuesto que darle cuentos de fútbol a un público al que obviamente le interesa el tema refuerza las posibilidades de que antes o después del partido los textos sean leídos. No conozco todos los cuentos pero sé que pueden gustar mucho los de Soriano y Fonseca. En otra ocasión se distribuyeron cuentos de Fontanarrosa, Galeano, Benedetti, Saccheri e incluso mi cuento "El hincha", y el resultado fue excelente. Yo he visto que después del reparto no quedaba ningún ejemplar en las tribunas. Y además es bueno que se sepa que los autores donamos los derechos de autor para estas ediciones.

-¿Afirmas el mito de que los apasionados por el futbol no leen?

No. Uno de mis textos más populares y leídos en todo el país es precismente "El hincha". Y son muchísimos los fanáticos de Vélez que me lo comentan, lo reproducen en páginas web dedicadas al Club, me escriben, lo hacen circular en You-tube en la estupenda versión leída por Alejandro Apo, quien también contribuye a que esta literatura se conozca.

-¿Hay fútbol para todos, crees que este plan se podría enmarcar en "literatura para

todos"?

—La literatura siempre es para todos. Lo nuevo ahora es que desde hace unos años el Estado, a través del Ministerio de Educación, sostiene el Plan Nacional de Lectura que organiza acciones en las escuelas y una Campaña de Lectura permanente que edita buenos textos para distribuir en lugares no convencionales. Es parte de lo que algunos reclamábamos durante los 80's y los 90's. Hace 25 años en la revista Puro Cuento proponíamos estas políticas públicas de lectura. Hoy se lee bastante más que hace una década, y no sé si esto entrará en la categoría "literatura para todos" pero se acerca mucho.

- ¿Hay un déficit en la lectura en general? ¿Por qué? ¿Qué más se puede hacer para

que la gente lea?

Sospecho que hay una gran recuperación. Lo sabremos con exactitud cuando estén los resultados de la 2ª Encuesta Nacional de Lectura que se está haciendo ahora mismo. Las últimas cifras son de 2001 y eran paupérrimas. Pero ahora existe una saludable de "moda" de "promoción de la lectura", hay congresos en todo el país, están estas políticas estatales y hay también más ONGs dedicadas al tema. La CONABIP renovó en gran medida los acervos de las bibliotecas populares; el Ministerio de Educación manda libros nuevos a las escuelas todos los años; existe el Programa Libros y Casas que incluye libros en las viviendas sociales; Desarrollo Social pone rincones de lectura en los centros comunitarios... Todo esto contrasta con la soledad que nos rodeaba en las primeras épocas de la democracia recuperada, y con la frivolización del país en los 90. Entonces, este cambio tiene que estar produciendo resultados, y lo veremos con la Encuesta Nacional de Lectura. Claro que sería importante que esta encuesta no se hiciera cada diez años, sino todos los años, o por lo menos bianual, para que en la mitad de cada gestión presidencial se pudieran tomar decisiones correctivas si las cosas no van bien.

-¿Que es la lectura para vos? Qué se aprende con un libro? Para qué sirve leer?

—Bueno, vamos por partes... La lectura no es más, ni nada menos, que el camino hacia el conocimiento. Todo mi libro "Volver a leer. Propuestas para ser una nación de lectores" (Edhasa, 2006) desarrolla esta idea. Leemos para saber, y entonces el que no lee no sabe. Ahora, en cuanto a lo que se aprende, haría una salvedad respecto de tu pregunta: el domicilio de la lectura ya no es exclusivamente el libro. Las redes sociales virtuales son una gran herramienta y hay buenas bibliotecas virtuales. Y leer "sirve" para muchas cosas, pero sobre todo sirve para aprender, para ponerte en el lugar del otro, para comprender mejor a las personas y las situaciones, y sirve para entretenerse y para disipar la angustia. Los buenos lectores, además, suelen escribir mejor. No entiendo cómo hay personas que soportan hacer largas colas sin un libro en la mano...

-Cuáles son tus propias estrategias para que los otros lean? En tu caso tenés una fundación que promueve la lectura, desde qué lugar lográs acercar la lectura a la gente?

Nuestra Fundación desarrolló algunas estrategias que ya han probado su eficacia, han sido premiadas y adoptadas por los gobiernos de varios países. No en vano tenemos un Foro Internacional que atrae a autores, pedagogos, promotores y académicos, porque allí encuentran lo que en otros lugares no: miles de lectores.

Y esto sucede en el Chaco, no precisamente un lugar en el que nademos en la abundancia. Esto nos obligó, desde los 90, a ser creativos para que pocos libros circularan entre muchas manos, muchas mentes y muchos corazones. Desde 1996 hacemos este Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura en el que participan miles de personas para estar en contacto con los autores, propiciamos en esos días que los escritores se encuentren con lectores jóvenes en las escuelas y las bibliotecas tanto del centro de la ciudad como de la periferia. Los chicos se preparan para esperarlos y nosotros trabajamos sin imponer, y sobre todo sin obligar a leer, que es la receta más segura para generar rechazo... Hemos propuesto al Estado que se habilite tiempo diario de lectura en las escuelas y muchas provincias ya adoptaron la medida, siguiendo la estrategia propuesta en mi libro "Volver a leer". Entonces, miles de chicos del interior del país tienen "permiso oficial" para leer algo por placer antes de comenzar cada jornada de clase. Y de hecho ahora lo promueve también el Ministerio de Educación de la Nación. Hemos creado un ejército de voluntarias lectoras que hacen este trabajo de mediación en escuelas, comedores, hospitales, orfanatos, cárceles. Ésa es la misión de nuestro Programa de Abuelas Cuentacuentos, integrado por más de 2.000 abuelas (y también abuelos) en más de 80 ciudades del país. Algunas llevan ya muchos años leyendo a los mismos grupos de niños, que ya son lectores avezados y a su vez leen a otros chicos a sus familiares. Así venimos proveyéndolos de buena literatura en un cuidado orden creciente de dificultad. ¡Los chicos las adoran! Porque la única manera de acercar la lectura a la gente es desde el amor. Y lamento si suena cursi y es antiacadémico, pero la huella afectiva que se produce cuando un adulto lee sostenidamente ante un niño, no digo que sea una garantía, pero aumenta significativamente las posibilidades de que, cuando crezca, ese niño sea un lector.

lunes, 6 de febrero de 2012

domingo, 29 de enero de 2012

A 15 años del día en que el Gordo se fue del barrio

Hoy en el suplemento RADAR de Página/12 se publica una preciosa nota de Carlitos Bosch, en la que evoca un viaje que hicimos a General Villegas cuando él, Osvaldo Soriano y yo éramos tan jóvenes...


Creo sin embargo que aquella nota sobre Manuel Puig sí se publicó, en la revista "Semana Gráfica". De todos modos, lo que parece mentira es que ya han pasado 15 años desde que el Gordo se cambió de barrio...

sábado, 21 de enero de 2012

miércoles, 4 de enero de 2012

lunes, 26 de diciembre de 2011

sábado, 24 de diciembre de 2011

Cuento de Navidad 2011

Hoy en la contratapa del diario Página/12, como desde hace 15 años, se publicó mi Cuento de Navidad de cada 24 de Diciembre.
Con mis mejores deseos para mis lectores/as y seguidores/as.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

El caos de hace 10 años

El título de mi nota de contratapa de hoy, en el diario Página/12, es: "El caos de hace diez años".


De hecho es continuación de las notas que se publicó el 15 de Noviembre y el 6 de Diciembre, y que también se pueden leer en este blog.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Presentación de "Resistir en la esperanza", libro de Adolfo Pérez Esquivel

Estas son las palabras que pronuncié anoche en el Rectorado de la Universidad Nacional de La Plata, en la presentación del libro de Adolfo Pérez Esquivel, junto al querido amigo Fortunato Mallimaci.

Thomas Merton (1915-1968), un francés de madre neozelandesa, educado en Inglaterra y ciudadano estadounidense, fue un monje trapense que se doctoró en Cambridge con un trabajo sobre "la naturaleza y el arte en William Blake".

Se convirtió al catolicismo en 1938 y en 1941 ingresó a la Abadía de Getsemaní, en Kentucky, donde se ordenó sacerdote en 1949 y tomó el nombre de Father Louis.

"La montaña de los Siete círculos" es su obra más reconocida, leída y traducida (es de 1948), en tanto declaración de fe pacifista, integradora de razas y especie de larga oración en favor del diálogo interreligioso. Merton luchó también por los Derechos Civiles y la Justicia Social, y perfectamente podemos considerarlo uno de los antecesores filosóficos de la Teología de la Liberación.

También poeta contemplativo, fue amigo de Ernesto Cardenal y en la Argentina lo tradujo al castellano un poeta judío, Miguel Grinberg.

Junto con Robert Lowell (también convertido al catolicismo) ambos figuran entre los poetas más importantes de los Estados Unidos en la segunda mitad del Siglo XX.

Por su parte Mahatma Gandhi, o Alma Grande para el pueblo de la India (1869-1948) es mundialmente conocido como líder espiritual y padre de la Resistencia Pacífica. Dirigió la lucha por la Independencia de la India (lograda en 1947, ya casi octogenario) y estuvo preso del colonialismo inglés por muchos años. En la cárcel empezó sus célebres ayunos como expresión y modo de la protesta no-violenta.

En 1947, al proclamarse la Independencia de la India, Gandhi procuró la unidad de su gigantesco y milenario país impulsando la integración entre hindúes y musulmanes, y estuvo muy cerca de lograrlo. Pero como todos ustedes saben, esa idea magnífica fue frustrada por un fanático de la intolerancia que lo asesinó y cuyo nombre miserable no merece ni mención en la Historia. De esa tragedia personal nació la tragedia contemporánea de dos gigantescos países (India y Pakistán) que desde entonces coexisten como dos vecinos que se odian.

De San Agustín, en cambio, seguramente Fortunato sabe mucho más que yo. Por eso diré solamente que este teólogo latino nacido en Hipona, en el Norte de África, en lo que hoy llamamos Argelia, fue uno de los primeros grandes pensadores del Problema del Mal, al cual vinculaba con la fe impuesta y no fundada en la razón. De origen maniqueísta, Agustín de Hipona analizó la naturaleza del Mal a partir de la idea de que "Dios es luz, sustancia espiritual de la que todo depende y que no depende de nada". El Mal, para él, debe ser entendido como pérdida de un bien, como ausencia y no como sustancia.

Luchador tenaz e incansable contra las herejías y los cismas que amenazaban a la ortodoxia católica, cuando Roma cayó en manos de Alarico (en el año 410), y se acusaba duramente al cristianismo de ser responsable del derrumbe y de todas las desdichas del imperio, Agustín de Hipona escribió La Ciudad de Dios. El tema central de su pensamiento siguió siendo la relación del alma, perdida por el pecado y salvada por la gracia divina, con Dios. De ahí el carácter espiritualista que se aprecia en sus Confesiones, en las que se planteó un largo y ardiente diálogo entre la criatura y su Creador.

Por supuesto, yo no vine aquí a hablar de Teología, que no es mi materia, ni tampoco de Literatura, que sí lo es. Como ustedes, estoy aquí para presentar el libro de Adolfo Pérez Esquivel, nuestro Presidente de la Comisión Provincial por la Memoria, mentor y amigo, hombre plural de nuestro tiempo. Y digo plural porque siempre tuve la impresión de que Adolfo, sin perder nada de su individualidad, ES, con los demás. ES, en la moralidad extrema de una formación que me parece espartana. Y sobre todo ES, en lo colectivo. Quizás por eso me resulta curioso que haya sido galardonado con el Premio Nóbel, que suele ser más bien un reconocimiento individual.

La verdad es que desde hace un par de días vengo pensando cómo mostrar en este pequeño texto a este hombre que se muestra a sí mismo, transparente y sencillo, en este libro que es, casi, una autobiografía.

Pero una autobiografía, tengo para mí, sólo se explica cabalmente a partir de lo que formó al biografiado. Su esencia está en lo que lo constituyó, y lo que constituye a las personas de nuestro tiempo y de todos los tiempos son sus lecturas. Con lo que estoy diciendo, por cierto, que incluso en este mundo cibernético y tecnológico, digital y virtualizado, no hay constitución de pensamiento, no hay esquema ideológico ni conocimiento ni moral, si no surge de las lecturas. Como le pasó a Sarmiento, a Lugones y a Roberto Arlt, por mencionar algunos intelectuales moralistas de nuestra Argentina. O si algunos de ustedes quieren otros ejemplos, ahí tenemos al Ché Guevara y a Jauretche, como más recientemente a David Viñas o León Rozitchner. Y tantos más.

Con lo que estoy diciendo, si consigo ser claro, que todo biografiado se explica intelectualmente mediante sus padres fundadores. Y es así como yo encuentro a Merton, a Gandhi y a San Agustín en Adolfo Pérez Esquivel. Podríamos sumar a Martin Luther King, desde ya, y por qué no a la Madre Teresa de Calcuta. Pero confieso que ignoro casi todo de sus legados, de modo que por eso me concentré en estos tres poetas —que lo fueron— quienes, para mí, determinaron la construcción del hombre plural y luminoso que es nuestro Adolfo. Quien ha escrito este libro —o quizás debemos decir que lo fue escribiendo a lo largo de muchos años— que es editado por uno de sus nietos, Andrés, y que instantáneamente se convierte en un libro al que de ahora en más vamos a ir leyendo a menudo todos y todas, los que estamos aquí y los de extramuros.

Y digo que "lo vamos a ir leyendo" porque RESISTIR EN LA ESPERANZA no es un libro para leer de punta a punta, como leemos habitualmente, sino que es un libro para consultar. Para leer de a traguitos, digamos. Tan conceptuoso es, este libro, que esta mañana yo pensaba que ese estilo prosódico de Adolfo, ése su marcar acentos y pronunciaciones, viene de ahí mismo, de la conjunción de influencias que él mismo reconoce desde el vamos, en la página 14, donde reconoce sus lecturas iniciales de Merton, de Gandhi y de San Agustín. Especie de triunvirato moral que rige su vida, si se me permite conjeturar semejante cosa, toda vez que conjeturar vidas ajenas es algo que no debe hacerse, y mi mamá, si viviese, ya me lo estaría reprochando por maleducado.

Pero ese triunvirato, me parece, ejerce un magisterio trascendente y sutil. Lo vemos en varias páginas (p.e.44), y también podemos apreciarlo en uno de los textos para mí más conmovedores de este libro: "El terrorismo y el color amarillo" (pág. 114), que termina con prosa conceptual y poética. Lean ustedes esa página 117 y ya me dirán si no están allí Merton, Gandhi y Agustín.

Comentado así este libro, al pasar, déjenme concluir opinando que me parece otro acierto la interesantísima organización que realizaron abuelo y nieto, que repasa los grandes temas de preocupación de este hombre plural que llamamos confianzudamente Adolfo, y quien además de plural es un hombre impar y al que por todo eso honramos esta tarde.

El libro se compone de estos capítulos:

-La Paz, la Democracia, los Derechos Humanos.

-La Religión.

-La Deuda Externa. La Juventud, la Educación.

-El Mundo, América Latina, los Pueblos Originarios, la Argentna.

Y dentro de estos últimos hay un recorrido impactante y vastísimo por figuras de nuestro tiempo con los que de un modo u otro Adolfo ha interactuado, y nosotros con él: el Ché Guevara, Fidel Castro, Evo Morales, Hugo Chávez, Las Madres y las Abuelas, y, sobrevolando todo, esa hechura notable que es el Servicio Paz y Justicia.

Tentados a escoger fragmentos, por todos lados encontramos sabiduría y un tono moral tan severo como inclaudicable. Todo eso que, más allá de muchas ideas que hoy son ya lugares comunes, sabiduría popular establecida, hace de este compendio un ideario perfecto. El ideario de un hombre inusual, por su coherencia y su militancia consecuente.

Gracias por haberme dado esta oportunidad de celebrarlo. •

jueves, 8 de diciembre de 2011

Presentación de mi libro CARTAS a CRISTINA

Esta es la invitación a la presentación de mi nuevo libro… Ojalá quieran venir y después lo lean, sin prejuicios! Y gracias desde ya !!


martes, 6 de diciembre de 2011

Mi nota de hoy en Página: Seguir con la buena memoria

El título de mi nota de contratapa de hoy, en el diario Página/12, es: "Recuerdos de la caída de la Alianza hace diez años".


De hecho es continuación de la nota que se publicó el pasado 15 de Noviembre, y que también se puede leer en este blog.

jueves, 1 de diciembre de 2011

Mi nuevo libro en librerías, desde hoy


Publicado en estos días por Ediciones B, he aquí el texto de la contratapa del libro:

"Cristina –así, a secas– es una figura convocante, popular, polémica, amada y rechazada sin matices. Cristina es la mujer que se quiebra cuando recuerda a Néstor Kirchner, la que desafía a los poderes antagónicos, la que reprende a sus ministros, la que nos representa en el mundo y es reconocida como una política brillante hasta por sus detractores.

"Cristina es la primera mujer electa y reelecta como presidente en nuestra historia.

"A ella van dirigidas estas cartas. Con el telón de fondo de una Argentina de transformaciones profundas, en la que mucho se hizo y mucho queda por hacer.

"Mempo Giardinelli le habla a la Presidenta con respeto, confianza y cierto distanciamiento, pero con la pasión que le es característica cuando se trata de pensar el país.

"Es la voz de un intelectual, un escritor y periodista que es también un ciudadano atravesado en su vida personal y pública por los vaivenes políticos de las últimas décadas, por sus tragedias y por sus alegrías, por sus derrotas y sus triunfos.

"En este sentido, Cartas a Cristina pretende ser –en palabras del autor– “una reflexión honesta, ni condenatoria ni complaciente, acerca de los méritos y las responsabilidades de una de las personalidades más complejas, inaccesibles, fascinantes y enigmáticas del presente argentino…”

sábado, 26 de noviembre de 2011

EL VIAJE, LITERATURA Y REALIDAD



Ayer viernes pronuncié una conferencia con este título en un congreso organizado por la Universidad de Fribourg, Suiza. Esta es una versión sintetizada del texto que leí. ¡ Buen fin de semana para todos/as !

El viaje ha sido siempre, para mí, literatura, quizás porque mi vida no ha sido otra cosa, en síntesis, que leer, viajar y escribir. Leer es la primera aproximación a los viajes que le es dada a nuestra inteligencia, a nuestra formación intelectual. De ahí nace, supongo, esta rara vocación andariega, esta identidad trashumante en un mundo que incita al zarandeo pero cuyos habitantes son, en su inmensa mayoría y generación tras generación, más bien reacios a los cambios, acaso conservadores por temor a las mutaciones y a lo imprevisible. No lo sé, no lo tengo claro, pero puedo considerar que si en toda mi literatura ha habido y hay permanentemente viajes, exilios, migraciones, mudanzas, fugas, traslados, y hubo y hay viajeros y conflictos relacionados con la itinerancia, todo eso se debe a cierta inclinación mía por las heterodoxias.

Estoy cierto de que la trama general de mi escritura puede asemejarse al relato de un loco que sólo se sintiera bien en el aquí del allá y en el ahora del jamás. Uno cuyo relato no se completa en ninguna parte y por eso busca historias en todas partes, sabedor de que no existe ancla que lo establezca en sitio alguno que no sea la vasta e inagotable literatura, la universal que lo ha parido y la íntima y personal que él mismo procura, acaso necia, vanamente (...)

Puede, también, que todo derive de mis ancestros. Mi tatarabuelo abruzzés, hasta donde pude reconstruir, fue navegante en el Adriático, un pescador pobre, botero que recorría las costas entre Pescara y el Gargano. Mi bisabuelo, que emigró a la Argentina a finales del Siglo XIX huyendo de la pobreza, fue patrón de una tropa de caballos con los que prestaba servicios entre Buenos Aires y diversos pueblos de la pampa, hasta que decidió que sus corceles le darían mayor plusvalía en la ciudad arrastrando carros fúnebres, y casi se hizo rico con la muerte hasta que ella misma se le cruzó hecha daga en una pelea en un callejón. Mi abuelo fue inspector en los ferrocarriles ingleses que unían el Atlántico con el Pacífico, entre Buenos Aires y Santiago. Y mi padre fue marino en la flota fluvial que unía Buenos Aires con Asunción y Montevideo, donde llegó a ser comisario de a bordo hasta que se enamoró de mi mamá y dejó todo por ella y se instaló en el Chaco.

Comienzo por aquí porque entiendo a la Literatura como viaje a la fantasía, como disparador de la imaginación que nos impulsa a descubrir. Si la Literatura es un camino hacia el conocimiento, ante todo es una incursión en lo desconocido. La indagación filosófica y la exploración psicológica —en tanto viajes interiores— bucean en el alma humana y se hacen Literatura. En Final de novela en Patagonia el narrador dice: "Escribimos emigrando; escritura como movimiento y escritura en movimiento, que es como yo escribo. Escritura como el viaje que la literatura es. Escritura con la permanente nostalgia de allá cuando estoy acá, y de acá cuando estoy allá. Por eso en cualquier lugar del mundo mi única casa inmutable y permanente es el sitio en el que puedo colocar mi ordenador y escribir con la pasión de siempre, la de ahora, la de este instante."

Literatura y Viaje son, pienso, andamios paralelos. Todos y todas lo sabemos desde que leemos a Homero y a Virgilio, desde que entramos en Alighieri y en Cervantes y en Rabelais, y en Lewis Carroll y Jonathan Swift. Prácticamente toda la literatura universal tiene al viaje como materia, a la par del crimen, el amor, la moral y la interrogación acerca de esa figura indescriptible que llamamos Dios. La Literatura resulta así un viaje fabuloso hacia lo inexplorado, lo extraordinario, porque todo viaje es siempre ese relato del mundo que nos estaba faltando.

(...) Literatura y Viaje han sido, a lo largo de los siglos, no una misma cosa sino ese paralelo casi perfecto. Podemos pensar que no hay literatura sin viaje, como es casi imposible que un viaje no provoque literatura. Esa es la tradición de los Clásicos (...) El viaje desata, a la vez, una lectura interminable. En la literatura de viajes leemos la piel del mundo porque sobre ella están grabados los pasos anteriores y también nuestros pasos, imperceptibles. Escritura irrefrenable y lectura infinita, viajar, leer y escribir resultan paralelos naturales, casi como una respiración.

Lo que turba y estimula del viaje es la incitación a escribir, la pasión escritural que todo viaje desata y en la que nos acompañan todos los libros que hemos leído. Gracias a ellos hacemos literatura de cada observación. Como cada observación surge de evocar textos de otros. Lo que veo y lo que recuerdo se asocia en mi imaginación. La invención literaria nace y crece.

En la Literatura Argentina, que es mi casa, digamos, el viaje está presente desde el origen, constitutivamente. Pienso desde luego en las dos primeras obras de nuestra literatura, ambas de mediados del Siglo XVI: Viaje al Río de la Plata, del aventurero y marinero alemán Ulrico Schmidl, es el primer libro concebido en mi tierra: sus fabulosos relatos son las primeras crónicas de lo que hoy son el Chaco, la Argentina y el Paraguay, escritos durante y después de la primera fundación de Buenos Aires en 1536.

El otro es Ruy Díaz de Guzmán, autor de La Argentina manuscrita, obra fundacional de la literatura de mi país no sólo porque Guzmán fue el primer escritor nacido en el nuevo continente, en 1558, sino también porque fue el primero que utilizó el topónimo "Argentina". Su obra narra el descubrimiento, conquista y población del Río de la Plata hasta la fundación de la ciudad de Santa Fe en 1573.

Por cierto, ambos lo hacen en un estilo, digamos, de época, pues por momentos a mí me recuerdan el tono de la Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, libro maravilloso en el que Bernal Díaz del Castillo narra la conquista de México a sangre y fuego por Hernán Cortés, pero combinando en el texto la crónica del viaje con una desatada imaginación y fantasía.

Mi hipótesis es que la extensión territorial determinó esta escritura. Como sucedió en los Estados Unidos, en Rusia, en Brasil y en África. El avance exploratorio hizo que nuestras primeras obras, desde el Siglo XVI, fuesen textos en los que el viaje del conquistador era narrado como testimonio pero siendo también y a la vez elogio de la fantasía (...) Después, entre nuestros clásicos del XIX están el Martín Fierro de José Hernández y Una excursión a los indios Ranqueles de Lucio V. Mansilla, dos viajes literarios fundamentales para la construcción política y cultural de mi país (...)

En el corpus textual argentino la Patagonia ocupa un lugar extraordinario, quizás porque siempre se la consideró una especie de extensión inalcanzable, parte oculta y misteriosa de la Pampa. Hasta ahí llegan las novelas de Osvaldo Soriano y su Colonia Vela que es un pueblo literario en los límites de la Pampa y la Patagonia, borde mismo entre realidad y parodia. La obra de Soriano, como la mía, es hija de las impresionantes novelas Los dueños de la tierra (de David Viñas, 1958) y La Patagonia rebelde (de Osvaldo Bayer, 1972). También Bajo la tierra (1974) y algunos cuentos de Con otro sol, de Diego Angelino. Y entre lo más reciente Fuegia (1991), la extraordinaria novela de Eduardo Belgrano Rawson, que siguió a otra novela de viajes: El náufrago de las estrellas (1987). Y también hay que citar La traducción (1997) de Pablo de Santis y La tierra del fuego, de Sylvia Iparraguirre (1998). Y por supuesto la inmensa producción de los escritores patagónicos que yo conocí entre 1986 y 1992 cuando dirigí la revista "Puro Cuento": Asencio Abeijón, David Aracena, Aquilino Elpidio Isla, Luisa Peluffo, Juan Carlos Moisés y Gerardo Burton, entre otros. Particularmente Abeijón es hoy un clásico de esa literatura por su libro Memorias de un carrero patagónico (1977). Y no cabe olvidar las Aguafuertes patagónicas de Roberto Arlt (publicadas en 1934 por el diario “El Mundo” de Buenos Aires) y más recientemente La Ruta Argentina, estupenda compilación de textos de los Siglos Dieciocho y Diecinueve realizada por Christian Kupchik en 1999. Y desde luego los impresionantes cuentos de La tierra maldita, de Lobodón Garra (publicados en 1945).

(...) Este archivo personal, por llamarlo de algún modo, este compendio patagónico personal que yo llevaba por el mundo, un día se constituyó en urgencia y, quizás como mandato familiar inevitable y constante (exilio, transterración, desplazamiento, viaje interior) me lancé al periplo de que trata mi libro. Claro que ya antes, en Santo Oficio de la Memoria el texto se deslizaba sobre el mar en un barco que navegaba desde Veracruz, México, hasta Buenos Aires, con detenciones en cada puerta de ese Infierno milenario que es la conciencia. Pero ahora en Final de novela en Patagonia el texto se desplaza en un cochecito de ciudad, el "Coloradito Pérez" por el vasto territorio que es el Sur del Sur del mundo. Así como en mi cuento "El libro perdido de Borges" la historia se narra a diez mil metros de altura, en un avión de línea, y en "La noche del tren" es un largo convoy ferroviario que se detiene en medio de la selva chaco-santafesina el que sostiene el texto y también la memoria, el testimonio y el valor de las palabras (...)

Me gusta pensar que no soy un viajero que escribe libros, sino un escritor que viaja. Por eso no escribo viajes. Y sobre todo porque, lo confieso, la verdad es que no tengo la menor idea de cómo se escribe un libro de viajes... Ni siquiera sé si Final de novela en Patagonia lo es realmente. Porque sí es el libro de un viaje, pero al mismo tiempo no lo es. Contiene una novela que nace de las divagaciones de quien a medida que viaja la va escribiendo. Hace un efecto como de espiral: el viaje gesta una novela que es un viaje con una novela que se escribe durante el viaje y así sucesivamente... En realidad, es el viaje el que escribe la novela (...)

Hace muchos años, cuando mi país soportó una larga y brutal dictadura, tuve que exiliarme y viví nueve años en México. Aprendí entonces que un viaje forzoso, forzado, es una circunstancia que uno jamás querría escribir pero que es imprescindible escribir, porque ser sobreviviente del Infierno conlleva, éticamente, el deber de dar testimonio del Infierno. Ese viaje, entonces, no remeda ni equipara al que describe Dante en la primera parte de su célebre poema; apenas lo evoca y lo celebra, toda vez que contar un viaje es haber sobrevivido.

Aquella transterración fue definitoria en mi vida y determinó mi obra literaria para siempre. Pero no porque yo escriba ahora acerca de aquella experiencia —lo hice durante un tiempo, casi como tarea militante— sino porque la experiencia misma condicionó todo lo que vino después. Aquel viaje del Infierno a México fue, como todos, alumbrador; fue una manera de parir textos que no cesan. Como el rayo de Miguel Hernández, yo diría (...)

Ahora mismo acabo de terminar una novela, que, hasta este texto, no me había dado cuenta de que también cabe en esta literatura que llamamos "de viajes". En esta novela hay migración: una pareja se va a los Estados Unidos, de donde regresará años después. Mientras tanto, otra pareja se ama clandestinamente en viajes entre el Chaco, en las sabanas del Este, y Mendoza, en la Cordillera de los Andes. Y hay una historia más, la de una muchacha que emigró del Norte hacia Buenos Aires y a la que las durísimas condiciones de la vida marginal convierten en un tango contemporáneo. No hay caso, no puedo evitar las itinerancias, porque, como en toda la literatura de mi país, no es posible concebir una escritura sin movimiento, sin traslación territorial...

Escribí varios libros en el exilio, y años después, cuando el desexilio, también. El ir y el volver resultaron inspiradores. La literatura que me fue dada desde entonces, y que he venido recibiendo como un don acaso inmerecido, siempre ha estado vinculada a esas traslaciones, esas mudanzas, esa precariedad de las raíces que uno padece con el mucho viajar y a las que uno termina por acostumbrarse. Todo discurso —todo texto— resulta entonces fundante, porque todo relato inaugura un espacio, lo crea, lo establece. Y al hacerlo pone condiciones, marca sus fronteras. Así, el viaje a la vez ensancha y acota.

Hace algunos años, en otra reflexión sobre el viaje y en un congreso dedicado a Alexander von Humboldt, en California, desarrollé una visión más política del viaje. En otra ocasión, en El Paso, Texas, y en Quito, Ecuador, hablé de los vocablos que en cierto modo condicionan esta literatura: frontera, límite, borde, o sea los contornos que prefiguran el final de una superficie que solamente es traspasada por el discurso literario, que no tiene límites y entonces no hay frontera que no pueda cruzar porque su razón de ser es indagar en lo desconocido, viajar siempre más allá. Y ya sabemos que más allá, siempre, está el infinito. Y en el infinito sólo hay literatura.

Quizás por eso, también, mis espacios se me hacen algo improbables, y aunque los tomo de la realidad siempre me parece que terminan al borde mismo de lo irreal. A mí me gusta tomar retazos de vidas, pedacitos de gente, y veo cómo se mueven, cómo viajan por la vida, y los miro y dejo que todo eso hierva lentamente en el caldero de mi imaginación. Cuando el hervor hace saltar la tapa, entonces escribo. Y eso es todo (...) Y para terminar, si me permiten, cierro con un pequeño poema de mi FNPat que me parece que lo sintetiza todo:

Soy ese viajero que nunca sabe exactamente a dónde va.

No un poeta preciso.

Soy caminante que busca, frenético, lo buscable,

lo que no se encuentra, lo que confunde.

No un orfebre maravilloso.

Indisciplinado del rebaño,

más bien un paciente que no toma los remedios,

un enamorado que no admite reglas,

un descontrolado -eso- que no respeta cánones.

Ni herrero en la forja ni tampoco el que maneja

la góndola y contempla, sólo contempla,

los amores ajenos.

Trashumante compulsivo, soy furor,

desconcierto, curiosidad, hambre.

Ni competidor ni sabio.

Soy un navegante al que se le ha roto la brújula

impreciso, caprichoso, ni siquiera la muerte ha de ser definitiva

cuando se la resiste a fuerza de marcha

y a marcha forzada. Soy el infatigable hamster prisionero

que camina hasta morir, andariego y movedizo

como el viento, susceptible como quien huye,

soy apenas pendolista, versificador que medita y narra, prosaico y profano

y no reconoce orígenes, acaso un loco,

uno que resiste, un inclasificable, un Bartleby.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Una entrevista que me hicieron en el FILBA 2011.

Se trata de la versión casi taquigráfica de una charla abierta que grabaron los amigos de Eterna Cadencia, durante el FILBA, en Septiembre pasado. Seguramente por razones de audición, la transcripción tiene algunos pequeños errores, pero es una entrevista representativa, que agradezco en particular a Paco Gómez y a Patricio Zunini. Si a alguien le interesa, se puede leer en:

http://blog.eternacadencia.com.ar/?p=17967

martes, 15 de noviembre de 2011

Nota en Página/12: La saludable memoria

El título de la nota que publico hoy, Martes 15, en el diario Página/12 es: "La disolución de la Argentina diez años después". La encontrarán en:

http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-181252-2011-11-15.html

lunes, 14 de noviembre de 2011

Nota en La Nación sobre Aerolíneas Argentinas


Hace tiempo que no actualizaba esto. Sabrán disculparme. Pero ahora retomo con esto. Y gracias por la fidelidad !!

http://www.lanacion.com.ar/1422974-el-problema-de-aerolineas-no-es-solo-de-aerolineas