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martes, 9 de agosto de 2016

Lecturario # 50 - MacDonald, Renaud, Marai, Galarza, Montealegre

Lecturario # 50 - MacDonald, Renaud, Marai, Galarza, Montealegre

+ Mudar una biblioteca es un trabajo maravilloso, y es lo que vengo haciendo con la mía desde hace un par de años, lentamente. La estamos instalando en la Fundación, en Resistencia, y está poniéndose linda como las mozas del campo en primavera. Ya casi todo mi acervo está en Resistencia y en proceso de catalogación, gracias a las dos Roxanas que clasifican a buen ritmo, y a la CONABIP que nos ha incorporado al sistema Digibepé. Lo que falta es lo que tengo en Buenos Aires, y por eso en cada viaje a la Capital desmonto, estibo en cajas y voy trayendo de a poco. Me llevará un buen tiempo, todavía, pero qué placer es acariciar estos viejos compañeros, abrirlos como ventanas para volver a ver el sol, y releer al azar glosas, dedicatorias y subrayados. Así la semana pasada, y yendo de la cama al living como diría Charly, se me cruzó en el camino "Blues de medianoche", un cuento fascinante de Ross MacDonald (1915-1983) publicado por Editorial Almagesto (una casa que no sé si aún existe) en 1995.
            De tapas de intenso color celeste y en traducción de Ariel Bignami, el pequeño volumen se abre con un agudo prólogo informativo de Juan José Delaney, quien era ya un buen especialista del género policial hace 30 años. Además del célebre cuento "Azul medianoche", integran la trilogía de esta edición "Busquen a la mujer" y "Tratamiento de shock". Una joyita que no recordaba especialmente. 
            MacDonald y su entrañable detective Lew Archer son parte de mi formación literaria más temprana. Que la debo en parte a Osvaldo Soriano, quien me impulsó a leer novelas para mí inolvidables, como "La forma en que algunos mueren", "Costa bárbara", "El hombre enterrado", "El caso Galton" y "El martillo azul". EN LA FOTO ESTOY CON ÉL EN SU CASA DE SANTA BARBARA, CALIFORNIA, EN 1978.
            Me quedo pensando que si cada libro que preparo para la mudanza me produce estos sacudones, estoy frito. Confieso que he leído, pero ¿me alcanzará el tiempo para hojear los tesoros que pasaron por mis manos?

+ De manera que mejor voy sintetizando: "Lo que no quise decir", de Sandor Márai, es un muy interesante libro del gran narrador húngaro. En este caso se trata de capítulos autoexcluídos de la época en que su país padecía el nazismo y luego el estalinismo. De valor documental, historico, narrado con exquisitez pero también con lo que podría llamarse dolor patriótico. (Salamandra).

+ "Cosa de nadie" es el título de este primer libro de Laura Galarza, psicoanalista porteña formada literariamente en el taller de Guillermo Saccomanno. Textos pulcros y cuidados, son historias que parecen surgir de la observación y la introspección de la vida cotidiana. (Ediciones del Dock).

+ "Violeta Parra", del poeta chileno Jorge Montealegre, es un recorrido por la vida de la recordada cantautora. No una biografía exactamente, pero sí un lúcido y amable acercamiento a su obra, sus inspiraciones, sus pasiones. (Ediciones Usach).

+ Y como final destacado, la nueva novela de Maryse Renaud: "Relato de ceniza". A paso firme y con seguro dominio sobre personajes y hechos, la narradora martiniqueña-francesa ha escrito una novela poderosa y cargada de significaciones y alusiones. En ella esta catedrática nacida en el Caribe, y que escribe en Castellano, despliega sus virtudes narrativas como ya lo hiciera en su novela "La mano en el canal" (Corregidor), que transcurre en la Argentina, y en su notable libro de cuentos "En Abril, infancias mil" (también Corregidor) donde los relatos eran narrados desde la perspectiva de una niña que descubre el mundo adulto en un contexto en el que la esclavitud, el mestizaje y la discriminación racial están presentes. (Ver Lecturario #18, en: http://cosario-de-mempo.blogspot.com.ar)
            Ahora en "Relato de ceniza" Renaud hace gala una vez más de la fuerza descriptiva de su prosa, que evoca a Alejo
Carpentier e incluso a Miguel Ángel Asturias, para narrar la historia de Cyparis, un negro joven y marginal que sobrevive en condiciones espantosas a la erupción de un volcán antillano que en 1902 destruyó miles de vidas. La narración, vertiginosa y con soberbia vastedad lexical, sigue la vida novelesca de Cyparis, que lo lleva a ser estrella circense en los Estados Unidos y luego a trabajar en la construcción del Canal, circa 1904. LA peripecia de Cyparis y su amada Victorine, también martiniquesa y posteriormente víctima de la siempre absurda violencia, los desplaza por el texto como marionetas de un destino trágico y común, hasta que estalla la Primera Guerra Mundial y él se convierte en fugitivo por temor a ser llamado a una contienda a la que en absoluto siente propia.
            Es notable cómo Renaud, tan francesa y tan competente académica europea, mantiene sus raíces intactas en el Caribe. Lo que no sólo tiene valor expositivo de la conducta de su pueblo desde una perspectiva a la vez piadosa e impiadosa, sino que también renueva la literatura del Caribe, que hasta ahora pareció concentrarse casi exclusivamente en la vasta y exquisita literatura cubana. "Relato de ceniza" es una rampante novela latinoamericana. Caribeña, sin dudas, y de francoparlantes pero convencidamente latinoamericana.
            Poderosa novela, fascinante y recomendable. (Verbum, Madrid).

+ Acuses de recibo:
1) "El arte de hacer justicia. La intimidad de los casos más difíciles de la Corte Suprema", de Ricardo Lorenzetti. (Editorial Sudamericana).
2) "Derechos Humanos: justicia y reparación. La experiencia de los juicios en la Argentia. Crímenes de lesa humanidad", de Ricardo Luis Lorenzetti y Alfredo Jorge Kraut. Prólogo de Baltazar Garzón. (Editorial Sudamericana).


lunes, 18 de julio de 2016

A 22 años del bestial ataque a la AMIA

A 22 años del atentado contra la Amia
Ciudad de Buenos Aires, Palacio de Justicia, 18 de Julio de 2016.

Amigas, amigos, compañeras, compañeros, camaradas, familiares, gente de bien...

Hoy venimos nuevamente a expresar el dolor y reafirmar la esperanza.

Dolor por el brutal, infame atentado interminable, que sigue haciendo interminable el dolor de cientos de familiares, ese dolor profundo y visceral que compartimos desde lo más sensible de la sociedad argentina.

Y Esperanza porque desde el miserable y cobarde ataque del 18 de Julio de 1994 son muchos los familiares, y somos muchos los ciudadanos-as que ya NO esperamos Justicia pero SI la perseguimos, la reclamamos, la exigimos.

En este país en el que la Justicia es una caricatura, y en el que la moral es una rara avis de un improbable Paraíso, nosotros nos reunimos y abrazamos para reclamar una vez más y para ejercitar, como siempre, como cada año, como cada día, la Memoria en estado puro y en estado activo.

Ya en los años 80, cuando muchos/as iniciamos el desexilio, yo no sabía cómo iría a funcionar la democracia en este país nuestro, zaherido y desesperado siempre. Pero sí sabía el rol fundamental y fundacional que iba a tener la MEMORIA en la construcción de una nueva civilidad. Escribí entonces en mi novela SANTO OFICIO DE LA MEMORIA que decir MEMORIA es decir "el único tribunal incorruptible". 

Por eso NO esperamos, pero SI Reclamamos y Exigimos. Y continuamos y continuaremos PERSIGUIENDO VERDAD y JUSTICIA. Por el horror vivido por nuestros familiares, que es el dolor de todos nosotros, hermanos y hermanas en la indignación y la furia que nos produce comprobar que desde hace 22 años el Estado Argentino es incapaz de esclarecer y juzgar y condenar a los culpables. Por eso venimos aquí, frente a estos Tribunales que casi siempre miran para otro lado, y venimos a condenar nosotros, moralmente, a los muchos responsables directos, a los autores materiales y a los ideológicos, y a los traidores incluso a su estirpe y a más de 5.000 años de su propia Historia.

Desde el ex presidente Menem y muchos de sus ministros y colaboradores (seguramente el gran conjunto encubridor de este crimen de lesa humanidad y lesa democracia) hasta los muchos agentes y oficiales de los servicios de inteligencia que son meros asesinos de traje y corbata, y pasando por jueces y fiscales, abogados, legisladores y empresarios, toda esa caterva es cabal muestrario de lo peor de la especie humana y de las conductas más repugnantes de que son capaces muchos miembros de la sociedad enferma que también es la sociedad argentina, en la que este crimen ha sido y sigue siendo tapado y distorsionado en negación de toda Verdad y Justicia.

De hecho ahora mismo se ha denunciado que el actual gobierno Macrista –que invita a neonazis a la Casa Rosada– a la vez se niega a reconocer los compromisos internacionales con las víctimas del atentado a la AMIA. De este modo la vieja cloaca que ofende el vocablo "inteligencia", que había empezado a ser tímidamente reformado en los últimos años, ahora vuelve a alejarse de toda regulación democrática y retorna al repudiable secretismo que siempre impidió la transparencia y el control.

El Estado Argentino formalizó por decreto en 2005 el reconocimiento de responsabilidad y el Acta con las medidas de justicia y reparación acordadas, decreto que está vigente pero ahora el gobierno dizque PRO desconoce esos compromisos asumidos, entre ellos el de “transparentar el sistema de utilización de fondos reservados de la Secretaría de Inteligencia”, cuyo descontrol fue parte constitutiva de la impunidad que encubrió el atentado a la AMIA, ese multiasesinato del que justo hoy se cumplen 22 años. Y el cual perdura en la memoria activa y militante de decenas, cientos de familiares a los que acompañamos en nuestros corazones día a día y hora y hora.


Quiero resaltar y subrayar también, una vez más, el trabajo incesante de los familiares de las víctimas, que han hecho una labor conmovedora, de hormigas y de inclaudicable afán de justicia. Ellos y ellas, sabiendo que el dolor jamás se mitiga, jamás se atenúa si no hay JUSTICIA y no hay VERDAD, establecieron prácticamente todas las responsabilidades, y han llegado a la verdad misma, que es lo que todos y todas aquí y en muchísimos rincones del país queríamos y queremos. Por eso EXIGIMOS el cumplimiento de todas las obligaciones asumidas por el Estado argentino, y en particular del sistema de administración de justicia que esta sociedad padece y que es arcaico y prebendario, generalizadamente inútil y harto sospechoso de corrupción.

Vine esta mañana a decir todo esto en nombre propio, pero también, si me lo permiten, en nombre de ustedes, hermanos y hermanas en el dolor. Y vine además a subrayar que hoy, como cada 18 de cada mes de Julio de los últimos 22 años, también estamos aquí para muy modestamente celebrar... Porque no han vencido a los familiares de nuestras víctimas, ni nos han vencido a todos y todas los que de las maneras más infinitesimales los acompañamos y sostenemos.

Nadie tenga dudas: todo esto indica que la Memoria, la Verdad y la Justicia jamás han sido, ni son, ni serán derrotadas.

Muchísimas gracias, y buenos días.

LA DESAZÓN Y LA ESPERANZA

Mi artículo de hoy en el diario Página/12:
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-304524-2016-07-18.html

sábado, 9 de julio de 2016

En el Bicentenario de la Declaración de la Independencia Argentina

En el Bicentenario de la Declaración de la Independencia Argentina
El solo hecho de celebrar en paz y democracia dos siglos desde la Declaración de la Independencia, es, sin ninguna duda, un acontecimiento feliz en términos políticos y culturales. 
Sin embargo, en este ardoroso e inquietante 2016 nos encontramos frente a un aniversario concreto en un país concreto cuya situación social, política y económica –pero sobre todo moral– dista muchísimo de ser la que tantos/as argentinos hubiésemos soñado.
Y es en primer lugar por el cuadro de generalizado desaliento que alcanza a todos los sectores de nuestra sociedad, y especialmente a los más desprotegidos, que este aniversario desautoriza cualquier festejo grandilocuente. 
Las razones, que son muchas, tienen que ver todas con la desdicha de vastos sectores populares que están padeciendo muy velozmente una crisis brutal que era impensable un par de años atrás. Y crisis, además, que profundiza la vieja, amohosada pero siempre vigente y cruel división social que lastima la piel de esta nación.
Todas esas razones, que exigen mesura y apocamiento, tienen que ver fundamentalmente con el penoso estado de la ética pública, hoy expuesta a docenas de denuncias, investigaciones y sospechas que informan sobre el apestoso estado de la política en general y de las diversas dirigencias en particular. Las más altas responsabilidades de la administración pública, de los últimos años y de la actualidad, exhiben hoy sus respectivas miserias y latrocinios, de maneras escandalosamente distorsionadas y acomodadas por los grandes multimedios al servicio de intereses sectoriales, y en circunstancias en que es evidente que el sistema judicial argentino carece de capacidad, voluntad real y moralidad como para esclarecer nada y recuperar la salud republicana.
Las trágicas polaridades argentinas y latinoamericanas, que parecen de nunca acabar, se mantienen vivas como cuando se firmó la Independencia aquel 9 de Julio de 1816. Entonces carlotistas, fernandistas, probritánicos, napoleonistas, esclavistas, criollos libertarios y neutrales distraídos como nunca faltan, disputaban la forma y el sentido que tendría el nuevo país. Así fue como esta tierra bendita, pero tan capaz de autoinfligirse malditos destinos, empezó a producir más dolor que felicidad. Las luchas por la apropiación de sus riquezas y rentas –penoso muestrario de miserias y traiciones– definieron los repetidos divorcios de esta sociedad a lo largo de estos 200 años: republicanos o monárquicos; unitarios o federales; criollos o inmigrantes; radicales o conservadores; peronistas o antiperonistas; cipayos o libertarios; y ahora nacionales y populares o neoliberales.
La vieja cuestión que determinó nuestra Independencia del Reino de España es todavía hoy, dos siglos más tarde, en esencia la misma: de un lado un pueblo que exige dignas condiciones de trabajo y de vida, educación y moralidad. Del otro una oligarquía insaciable, antinacional, ciega, corrupta, y, aunque lo niegue, racista.
La gran paradoja es que a pesar de todo, en el duro presente argentino de este aniversario, otra vez perdido todo rumbo de soberanía y autodeterminación, y cada vez más lejos de ser una nación igualitaria y justa, los arduos valores inmanentes de la Democracia son los de siempre y se mantienen inalterados: Constitución, Memoria, Verdad, Decencia, Justicia. Así nos lo inculcaron los padres fundadores de la Patria, José de San Martín y Manuel Belgrano, verdaderos símbolos de la Independencia Argentina. 
Sólo un recogimiento responsable cabe en esta celebración. Y no la farsa que están haciendo en Tucumán, con el ex-rey de España, como toda la semana pasada en la Embajada de los Estados Unidos. 
Por eso, condenados sean los que invocan uniones que no existen y pretenden mostrar fastos engañosos con el retorno de cañones y de aceros todavía manchados de sangre porque estuvieron al servicio de genocidas. 
A 200 años de la Declaración de la Independencia, sólo caben y son urgentes la recuperación y reafirmación de los valores morales históricos de nuestro país, y el imperio de la Constitución y de la Paz social con justicia y equidad. *
En Resistencia, Chaco, 9 de Julio de 2016.

jueves, 5 de mayo de 2016

Mi discurso inaugural en el Congreso de Lectura de la Feria del Libro

Congreso de Promoción del Libro y la Lectura
"Leer o no leer, ésa es la cuestión"

Feria Internacional del Libro, Buenos Aires, 5 de Mayo de 2016.

Mempo Giardinelli
"La lectura en emergencia"

Ante todo quiero agradecer a Fernanda Vela y a Teresita Valdettaro, que siempre confían en mí y nuevamente me conceden el honor de inaugurar este Congreso. Y agradezco no solamente las atenciones sino también esa especie de hermanamiento de ideales y objetivos que nos vincula, pues este congreso es primo hermano del Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura que desde hace 20 años organiza y patrocina la Fundación que yo presido en mi provincia. Siempre he pensado que en materia cultural, y en particular en la promoción de la lectura, los buenos propósitos se multiplican como los panes bíblicos.

Quizás ahora más que nunca necesitaremos de esas multiplicaciones, porque la lectura, que es siempre generosa y nutricia, aquí y ahora mismo atraviesa un presente inquietante y de cara a un futuro incierto. De ahí el título que escogí para esta conferencia. Porque una vez más, como hace años, los promotores de lectura de esta república, así como los creadores y los hacedores de cultura en general, y los intelectuales en el más amplio sentido del vocablo, estamos un poco a la defensiva, expectantes y en algunos casos alarmados por ciertas decisiones que afectan –y me ratifico en que afectar es el verbo apropiado­– a la nación desesperada que somos.

Pensaba yo esta mañana en aquel poema de Ezra Pound en el que dice que es imposible describir un paraíso cuando todas las indicaciones superficiales sugieren que se debe describir un infierno. Y es claro que todavía no vivimos tal en estas tierras, pero lo que es seguro es que distamos cada vez más del paraíso.

Y con la lectura puede estar sucediendo algo similar. De ahí que nosotros, los que leemos y damos de leer, como nos enseñaba la inolvidable Graciela Cabal, debemos en todo momento ser conscientes del punto del universo en el que estamos leyendo, y pensando, y leyendo...

Sobre todo porque la lectura, en todos los tiempos, está visto que es peligrosa. Frase repetida tantas veces, desde por lo menos el Renacimiento, y no por casualidad sino como consecuencia del invento genial que fue la máquina de Johannes Gutenberg puesta a funcionar en el año 1440 en Mainz, e invención que significó y produjo el más grande cambio cultural de la Humanidad en muchos siglos. Y me atrevo a decir que antecesor directo del también gigantesco cambio tecnológico que es la revolución cibernética digital que estamos viviendo desde hace unos 30 años.

Hay una idea de Miguel de Unamuno que a este respecto me tiene impresionado e inquieto desde hace días, cuando empecé a redactar estas palabras: "Cuanto menos se lee, más daño hace lo que se lee". Lo repito, para que no nos sintamos cómodos en una noción superficial: "Cuanto menos se lee, más daño hace lo que se lee".

Lo que me impresiona, y lo subrayo aunque creo que es obvio, es que la lectura, en este tiempo nuestro, parecería volver a ser peligrosa. Porque si comparamos el presente argentino de este 2016 con las últimas décadas (por ejemplo, desde la recuperación de la Democracia, hace 32 años) la paradojal idea unamuniana ofrece muchos sentidos para interpretarla.

Primero porque obliga a interrogarnos acerca de quiénes son los que leen o leerán menos, y por qué y para qué.

Y segundo, y a la par, porque nos obliga a conjeturar el tamaño y la calidad del daño que supuestamente causarían las lecturas, y cuáles y a quiénes.

Para dilucidar la paradoja tenemos que mirar las cosas, como todo en la Argentina diría yo, desde perspectivas que incluyen no sólo los anhelos sociales de todos y todas, sino también las que reconocen los intereses de clase, y me refiero a las diferentes clases sociales, que son intereses naturales y necesariamente opuestos tratándose de un conglomerado tan complejo y dispar como es el pueblo argentino.

Leer poco y cada vez menos, entonces, ya sabemos que produce los daños inherentes a la ignorancia. La iliteracía es inevitable e indisimuladamente embrutecedora. Dicho más sencillo: los que no leen padecen un daño perverso porque además lo ignoran.

Pero Unamuno va más allá de esta verdad incontestable. Unamuno sugiere, me parece, que el daño es doble y totalizador para una sociedad. Porque aquella no-lectura, cuyo estado más grave es la iliteracía entendida como la carencia de lecturas literarias formativas y estimulantes, se combina con el abismo (ése sería el "daño", me parece) que se produce y profundiza entre aquellos que no leen y los que sí leen. Es decir, esa fractura social que toda nación lectora va superando y que, en cambio, se profundiza en las naciones menos lectoras.

Así es como interpreto el segundo postulado unamuniano: "más daño hace lo que se lee". Preguntando ¿a quién, a quiénes? Pues a los que leen y a los que no leen, porque la brecha, que hoy en la Argentina se llama "grieta", lo que hace es contradecir el sentido más profundo de la lectura, que es democratizar, igualar el acceso al saber y el conocimiento, alentar una literacía horizontal capaz de abrir caminos para el mejoramiento de la vida colectiva, sembrar ideas y valores capaces de homogeneizar a una nación. Todo eso que en estas tierras americanas soñaron Mariano Moreno, Domingo Faustino Sarmiento, Andrés Bello, José Vasconcelos y decenas, centenares de precursores de la educación de nuestros pueblos.

Es claro que ha de haber otras interpretaciones posibles, pero yo me quedo con la esbozada porque pone de relieve la idea del parto doloroso pero necesario del conocimiento que trae la lectura. A una persona y a los pueblos.

La lectura es un imperativo cultural y educacional que toca todas las fibras de la persona que lee, y por extensión de la sociedad entendida como colectivo de personas. La moral, la historia, la familia, las tradiciones y leyendas, las relaciones interpersonales, laborales, vecinales, el conocimiento profundo y certero, la duda metódica y la interrogación personal y social...

Por eso en sociedades en emergencia, como yo creo que es hoy la nuestra, de un lado están los que "mejor si no leen" y así están "protegidos" desde paternalismos políticos que perfectamente podemos calificar de cretinos y perversos.

Y del otro lado están los supuestamente "dañados", es decir los que nos "enfermamos" leyendo, los que por eso mismo cuestionamos el estado de las cosas y advertimos cómo afectan esas cosas a las clases sociales más desprovistas de lecturas, las cuales, por eso mismo y como decía Sarmiento, "creen, pero no piensan".

Como ustedes ya habrán advertido, estas divagaciones se enmarcan en el lema de este Congreso: "Leer o no leer, ésa es la cuestión". Duda que parafrasea a William Shakespeare, obviamente, quien fue, por cierto, y además de enorme poeta y dramaturgo, un extraordinario observador de las conductas y costumbres populares de su época. Y a su modo, desde las tablas de los teatros, un gran promotor de la lectura en su tiempo y su sociedad.

Como fuere, si la cuestión es leer o no leer la cosa es sencilla. Nadie se atrevería a propagandizar la ignorancia. Sobre todo la ajena, porque la propia siempre está bien resguardada en la intimidad de cada uno y cada una. De manera que podemos ver cómo asoma a la superficia una cuestión algo más compleja. Por ejemplo y aplicado a nuestro presente: ¿Estamos en camino de volver a ser un país en retroceso en materia educativa, o sea un país que acaso sin darse cuenta puede estar retornando a la condición de "no lector" que nos caracterizaba hace unos veinte años...? Yo no lo afirmo, no quiero afirmarlo, pero confieso que el temor me invade.

Por supuesto, tampoco quiero ni tiene sentido exagerar, pero déjenme compartir con ustedes una singular experiencia que viví el pasado fin de semana, mientras conjeturaba estas palabras. Puesto a borronear apuntes, recordé que años atrás ya había reflexionado la idea de emergencia de la lectura o lectura en emergencia,  Y como ahora mismo estoy terminando dos libros –uno se titula "LA LECTURA ARGENTINA" y el otro "DISCURSOS SOBRE LA LECTURA"– releí los discursos de apertura de los Foros por el Fomento del Libro y la Lectura que pronuncié en 2001 y 2002, esos años durísimos en los que padecimos la más feroz crisis socioeconómica y política de la historia argentina. Y crisis que todos y todas deberíamos no sé si recordar siempre, pero al menos no olvidar jamás.

Aquel fue un proceso degenerativo que además del desastre económico arrasó con ilusiones y valores, con principios morales y conductas, y nos llevó al borde mismo de la disolución nacional. Y sin embargo –otra paradoja y ésta maravillosa– esa crisis encontró, en múltiples, variadas y originalísimas expresiones culturales, su mejor salvavidas. Y en la lectura, que a partir de entonces renació, como ya lo he puntualizado en mi libro "VOLVER A LEER. Propuestas para ser una nación de lectores".

En agosto de 2001 el tema de mi discurso fue, sorprendentemente, casi el mismo de ahora: "La emergencia de la lectura". Y en el Foro de 2002, nueva sorpresa, exactamente el mismo de hoy: "La lectura en emergencia". El inconsciente existe, diría mi analista, con toda razón...

Como tema de reflexión, en 2001, elegí hablar del hablar, de cómo hablamos y cómo pensamos, partiendo de una idea de Griselda Gambaro, para quien nuestro idioma (cito) “perdidas tantas palabras, tomadas tantas otras del inglés, sin sonoridad ni pasado, parece empobrecido. Con menos palabras, decimos menos. Pensamos menos. Incluso mal. Con palabras ajenas declaramos nuestra impotencia, simulamos ser señores cuando sólo somos siervos”.

Sostuve entonces que el hablar, como expresión del pensar, deviene en su mejor valoración del leer. Idea que por aquellos días consideraba gravitacional porque, así lo declaré: "nos están embruteciendo la República, y debemos resistir. Ya nos han robado casi todo el patrimonio colectivo y sabemos que vienen por más: les falta robarnos el Banco Nación, el cobro de impuestos, las jubilaciones y lo que queda de la salud pública. Debemos resistir para que no se lo lleven todo" (porque) "Sabemos que está triunfando el bestiario cuando en las calles y en las esquinas los chicos y chicas se suicidan lentamente con cerveza y porros y cocaína, y eso no es, para nosotros, 'un asunto de ellos'. Esos son asuntos completamente nuestros". Y cae de suyo que la lectura, el libro, son los mejores instrumentos para ayudarlos a sobrevivir en la emergencia, primero, y para que tengamos, algún día maravilloso, la capacidad de contradecir la implacable idea de Unamuno.

Aclaro en este punto que no estoy diciendo que ahora suceda todo eso mismo. Pero sí que temo mucho que estemos en esa desdichada dirección. Todas las indicaciones superficiales de este país y este tiempo, para decirlo una vez más con Ezra Pound, de ninguna manera autorizan a imaginar un paraíso.

Me disculparán ustedes estas divagaciones, pero hemos hablado ya tanto de la promoción de la lectura, tanto de las políticas públicas que eran y siguen siendo necesarias y que fueron forjadoras de las nuevas generaciones de argentinos que hoy sí son más y mejores lectores que sus padres, y tanto hablamos también, al menos nosotros en el Chaco, de la Pedagogía de la Lectura, que hoy he preferido meditar en voz alta, espero que con vuestra indulgencia, acerca de todo esto que me atrevo a llamar, propositivamente, la Filosofía de la Lectura.

Y es que sólo desde una perspectiva filosófica, creo yo, es posible aproximarnos a políticas y conductas oficiales hoy vigentes, que, al menos en mi opinión, nos pueden estar llevando nuevamente a abismos de los que muchos/as creíamos habernos alejado.

En tiempos de crisis severas, como fue aquel Agosto de 2002, es evidente que una de las causas de todo desastre social es la inexistencia o el deterioro de las políticas públicas de Lectura. En 2002 veníamos de años, décadas, de aniquilamiento de la educación pública a la par de la contumacia del cada vez más poderoso y omnipresente sistema comunicacional. Lo que inexorablemente condujo al abandono de la lectura, la iliteracía absoluta e incluso el analfabetismo. Todo proceso de embrutecimiento de una sociedad hace a su pueblo cada vez más ignorante y por ende más manipulable y sumiso, obviamente menos rebelde.

Lo que alguna vez llamé vicio maldito de la no lectura es lo que echó y sigue echando a perder todas las posibilidades de verdadera modernidad de la Argentina. La no lectura dificulta los avances sociales y fortalece la improvisación.

Por eso fue que muchos trabajamos tesoneramente en la promoción y fortalecimiento de la lectura en nuestro país. Si en los años ‘50 los argentinos leían 2.8 libros por habitante/año (primeros en la lengua castellana, junto con Uruguay), y a mediados de los años ‘90 habíamos bajado a sólo 1.2 libros por habitante/año, hoy seguramente estamos muy por encima de aquellos dos guarismos. Lamentablemente la Encuesta Nacional de Lectura que realizó el Ministerio de Educación de la Nación hace unos años no resultó creible, y de hecho nadie la cita ni se pusieron en marcha nuevas encuestas, que deberían ser anuales o bianuales como en algunos países del llamado Primer Mundo.

Pero nosotros en nuestra Fundación tenemos desde hace unos años un Observatorio de Lectura que periódicamente hace encuestas y evaluaciones, y así a finales de 2013, y con la asistencia técnica de la empresa Ibarómetro, realizamos una encuesta nacional privada que nos permitió algunas constataciones interesantes: que en la Argentina 7 de cada 10 ciudadanos/as se consideran lectores de libros, de los que el 26% se consideran "lectores intensivos", el 42% "ocasionales" y el 31% "no lectores".
        
Asimismo, el 27% de los argentinos encuestados vincula a la lectura con la idea de "formación" y otro 27% con la idea de "necesidad".
        
El 33% declaró que Internet lo estimulaba a leer más, mientras el 31% dijo que Internet interfería negativamente.
        
Y también establecimos que tiene un alto consenso social la idea de que la estimulación lectora durante la niñez impacta fuertemente sobre la práctica lectora futura.

Es evidente, y definitivo, que la cuestión leer o no leer se define en positivo.

Durante muchos años, sobre todo en la década de los '90, insistí machaconamente para instalar una fórmula que finalmente prendió: "Hacer Cultura es resistir. Hacer Leer es resistir".

No lo invoco ahora, como dicen en México, "nomás por nomás". Sino para advertirnos acerca de varios indicadores del presente que yo estimo preocupantes. Por supuesto que ahora nada es exactamente igual, pero todos y todas sabemos que los procesos sociales y culturales, como el que padecimos en la crisis de 2001 o el que protagonizamos en lo que va de este siglo y milenio, jamás se repiten calcados. Eppur si muove, diría el bueno de Galileo Galilei...

Por eso puedo celebrar que esté aquí, con nosotros, el Profesor Leandro de Sagastizábal, que es un querido amigo y sabio editor, incluso de algunos de mis libros (lo que podría poner en duda tal sabiduría, claro está...) y quien en mi opinión representa una de las mejores decisiones culturales del actual gobierno, con el que cualquiera sabe que yo no simpatizo. Creo que la Conabip sigue en buenas manos, y eso es esencial para la república: un fondo bibliotecológico nacional de fuerte penetración popular, como lo soñó Sarmiento y como en los últimos años lo plasmaron Mame Bianchi y Ángela Signes.

Por eso también, y a la vez, lamento que no podamos decir lo mismo de otros planes y programas que fueron fundamentales en la última década y que ahora se están desguazando o desvirtuando, como el PNL, Conectar Igualdad, el Plan Progresar, el Plan Fines, el Programa Nuestra Escuela, de formación docente, la plataforma Educ.ar, hoy poco menos que agonizantes.

Claro que los docentes y bibliotecarios pueden seguir aplicando lo que aprendieron estos años, y no dudo que así será. Yo les diría, incluso, que en la intimidad del aula, lean a y con sus chicos. Léanles en voz alta. Lean con ellos y para ellos. No para las pruebas PISA. No para la comprensión lectora. Lean por leer, nomás. Como fue el título de la primera colección de 5 libros que hicimos en 2004: "Leer X leer". Que en definitiva las políticas de lectura las hacen los docentes y bibliotecarios que son lectores, leyendo.

Desde siempre, los paisajes sociales describen el estado de la lectura en todas las naciones. Y el nuestro, que era desesperante hace 30 años, y hace 20 años, y al que recuperamos de manera extraordinaria en lo que va de este siglo, hoy muestra síntomas preocupantes. Y confieso que lamento decir estas cosas, porque no quiero sonar excesivamente grave, pero tampoco es tiempo de levedades inconducentes.

Los planes y programas que se cierran son un hecho y además de los mencionados, que para mí son muestras de irracionalidad y necedad política, no quiero dejar de lamentar el cambio de paradigma que han forzado en la Biblioteca Nacional, donde centenares de despidos y el cierre de departamentos que funcionaban a pleno y con altísima participación de lectores e investigadores durante la extraordinaria gestión de Horacio González, sugieren que desde ahora la BN ya no va a cumplir la función social que debe cumplir una Biblioteca, función natural que cumplen las grandes bibliotecas del mundo y que aquí planeó Sarmiento y luego ejecutó el extraordinario Paul Groussac, aquel intelectual francés que se aquerenció en esta ciudad y escribió una de las mejores historias de las Islas Malvinas, y trazó y fortaleció el vínculo y la respetabilidad de la BN con la sociedad de su tiempo.

Ante estos hechos, como escritor e intelectual que soy, y con la pequeña autoridad que me conceden más de 30 años de generar acciones de literacía aplicada en nuestro país, y además porque no soy persona de eludir responsabilidades, declaro que hoy tenemos solamente dos caminos, que trascienden la cuestión leer o no leer: el camino del silencio viscoso, la aceptación resignada y el necio mirar para otro lado; o el de la resistencia cultural ante cualquier política oscurantista, negacionista y economicista como las que parecen perfilarse ahora en el horizonte de la lectura.

Siempre estuve de este lado, el lado de la resistencia cultural. Ésa fue y seguirá siendo, al menos en mi caso, una conducta de vida con ve corta y debida con be larga.


Muchísimas gracias. *