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miércoles, 31 de agosto de 2011
De cómo casi fui hincha de Argentinos Juniors
domingo, 21 de agosto de 2011
Últimas reflexiones sobre la lectura
Quienes deseen leer el texto completo de esta memoria personal, lo encontrarán en "EL LABERINTO y EL HILO" (completo)
Acaba de terminar el 16º Foro por la lectura que hacemos en el Chaco. No les doy lata aquí; la info se puede ver en la página web de la Fundación o en el blog del Foro: http://www.16forolecturachaco.blogspot.com/
Ahora viene una natural depresión luego de días tan intensos.
Y viene también la escritura de un libro de emergencia en el que trabajo a todo trapo. Y han de sucederse buenas lecturas, además: los varios libros que me trajeron los visitantes invitados al Foro.
Y como lógico corolario del Foro quedan también reflexiones sobre éste que es uno de mis oficios: el fomento de la lectura para que la nuestra vuelva a ser una sociedad de lectores.
Claro que algunas son reflexiones forzadas por las circunstancias, porque pareciera que nunca faltan lecturas equivocadas, o tendenciosas, o tontas. Lo digo por una afirmación que hice en la apertura del Foro y que fue mal entendida (mal leída) por la dirigencia de un gremio docente del Chaco. Dije que hay que celebrar que en el presente argentino ahora "podemos pensar la calidad educativa", y ellos leyeron que estábamos proponiendo abandonar la lucha por mejores salarios. Asombroso.
Parecido a lo que pasa con los comentarios que suelen aparecer en los diarios online, que es asunto al que ya me he referido.
No sé a ustedes, pero a mí me sorprende lo mal que se lee. Quiero decir: cómo no se entiende lo que está bien dicho. Parece mentira. Y cómo se puede llegar, desde un acto sublime y pacífico como es la lectura, a determinados grados de violencia verbal. La exasperación de algunos lectores es a veces delirante; y en esencia denotativa de una deficitaria capacidad de lectura.
Siempre pensé que leer es comprender, pero ahora lo dudo. No parece que necesariamente se comprende cuando se lee. Hay lectores distraídos y los hay de mala fe; los hay fanáticos, capaces de malentender lo escrito; los hay distorsionadores e interesados; y hay los que cambian sentidos y aplican sus propias intenciones y resentimientos a lo que ha sido textualmente expresado. Algunos son como Torquemadas, en el fondo, censores potenciales y sin empleo (por suerte).
Quedará por discutir, todavía, si es democrático o no abrirles espacios y mantenerlos. Más allá de los moderadores de los medios —que en general moderan poco y mal, acaso porque simpatizan con las virulencias de la horda, o porque así logran estimular una mayor participación— lo cierto es que si se abriera ese debate yo sostendría esta posición: sí, está bien abrir canales participativos a los lectores, pero deberían ser muy estrictos el control a los desbordes, el cuidado del lenguaje y el decidido freno a lo que podríamos llamar, evocando a viejos caudillos políticos argentinos (creo que Hipólito Yrigoyen), "agresividades inconducentes".
De donde el problema no es sólo leer o no, sino que muchas veces se lee mal. Se lee lo que no se dijo ni se escribió. Se mal comprende. Se tergiversa y distorsiona. Y así no hay debate ni intercambio de ideas. No hay estímulo a la inteligencia, sino, apenas, gritos, susurros, acusaciones gratuitas que nadie escucha. Formas onanistas del agravio. Intolerancia y violencia.
Todo lo cual es, en realidad, no-lectura. Y eso no democratiza; obnubila.
En la Fundación que presido nos ocupamos, precisamente, de todas estas cosas. Creadores de la Pedagogía de la Lectura en la Argentina, desde hace un cuarto de siglo la estudiamos y promovemos como motivación educacional para niños y jóvenes, como capacitación para maestros y bibliotecarios, como alternativa de resignificación para personas con experiencia, generosidad y tiempo para repartir, y como camino hacia la construcción de ciudadanía. Eso por lo menos, porque hay más; la Pedagogía de la Lectura es un horizonte ancho, diría que interminable.
Todo esto, también, es materia sutil de nuestro Foro.
Después de todo, siempre lo repito, somos lo que leemos.
Para el corcho en la pared:
—Una idea del Maestro Rousseau, Juan-Jacobo, que viene a cuento —también— de este posteo: “Me preguntarán si soy príncipe o legislador para escribir sobre política. Respondo que no, y que por eso escribo sobre política. Si fuera príncipe o legislador, no perdería mi tiempo en decir lo que es necesario hacer. Lo haría o me callaría la boca”. Chupate esa mandarina, diría mi mamá.
—Recuerdo una visita al Museo Thyssen Bornemisza, de Madrid, en noviembre de 1994. Creo que con mi amiga y colega Laura Freixas. Me maravillan algunos Dureros, y sobre todo el caballero de la Casa Capponi, de Ridolfo Ghirlandaio, que se parece tanto a Luciano Pavarotti. Y hablando de rostros, qué cara impresionante la del viejo con calavera del San Jerónimo Penitente, de José Ribera, El Españolero (que es de 1634). Ah, y La Piedad del mismo Ribera: ¡qué triste, patético, sombrío cuadro!
—Idea para describir la cara de un loco: alcanza con evocar y revisitar la de Egon Schiele (1890-1918). ¡Qué loco estaba ese tipo, y qué artista genial fue! Vivió sólo 28 años pero dejó una obra maravillosa. ¡Y pensar que hoy hay tanto boludo con esa misma edad, y tan al cuete...!
—Si hasta ahora lo que se escribía con la mano había que borrarlo con el codo, o con alcohol, o incluso con goma de borrar, pues ahora basta con hacer Delete.
lunes, 15 de agosto de 2011
Las elecciones primarias de ayer
http://www.lanacion.com.ar/1397830-esta-vez-los-argentinos-decidieron-no-suicidarse
jueves, 11 de agosto de 2011
Otro incendio, otras vísperas
Quienes deseen leer el texto completo de esta memoria personal, lo encontrarán en "EL LABERINTO y EL HILO" (completo)
El señor Serrano
“Un instante después, Mike sintió la mirada, clavada en su propia nuca. Giró súbitamente y, al encontrar los ojos de ella, más azules que nunca, encendidos como los potentes reflectores de un Lincoln ocho cilindros en medio de una tormenta, esbozó su más irresistible sonrisa. Sheilah se puso de pie, sin dejar de mirarlo, y con ambas manos se alisó el vestido, que crujió como una papa frita en el momento de ser masticada, lo que hizo resaltar sus perfectos senos túrgidos y las líneas que delimitaban su excelente figura, de caderas poderosas y unas esbeltas piernas que terminaban en un par de sandalias doradas, si se podía Ilamar sandalias a esas tiritas de cuero que de alguna manera se las ingeniaban para dejar a la vista sus uñas carmesí. Caminó hacia él con la contundencia de un destróyer en una bahía del Caribe colmada de colegiales. ‘Es una lástima, nena’, musitó él mientras extraía su 45 de la sobaquera ante la mirada incrédula de ella. Un segundo después, Sheilah parecía un lujoso maniquí maltratado al que le habían pintado un grotesco punto rojo en el medio de la frente”.
—‘ta madre —dijo el señor Serrano, abandonando el libro a un costado de la cama y poniéndose de pie para apagar el calentador que estaba sobre la mesita, junto al ropero. Dio unos golpecitos al mate, para asentar la yerba, y luego empezó a cebar mientras observaba la pieza de paredes descascaradas, con ese almanaque del año pasado que no se había molestado en cambiar, como único adorno, y volvió a sentarse, en el borde de la cama, dejando la pava junto a sus pies y considerando que el frío no era lo más terrible para un viejo; él tenía sesenta y cuatro años y podía soportarlo perfectamente, mucho mejor que a esa pertinaz, intolerable soledad que parecía envolverlo como una telaraña.
Se puso de pie, sacó del ropero la bufanda y los guantes de lana, se los calzó, salió al balcón y se recostó en la baranda, mirando la calle adoquinada, siete pisos más abajo, mientras consideraba la idea que acababa de concebir. Si bajo por la escalera evito un ascensor delator. Espero que la chica abra la puerta, tranquilamente sentado y sin silbar, y así eludo tocar el timbre. Cuando aparezca me asomo y le digo cualquier cosa; ella no va a sospechar de un viejo manso, de modo que podré acercarme y meterme de prepo en su departamento. Adentro la acorralo y antes que grite le tapo la boca y la estrangulo. Todavía tengo fuerzas. Será sencillo, fácil y nadie sospechará de mí. Y yo estaré orgulloso de mi obra. Los voy a sobrar a todos, ya van a ver.
Desde que se iniciara, a los quince años, como aprendiz en una carpintería de la calle Victoria, había trabajado sin cesar. Hasta que se jubiló como oficial de la casa Maple, justo cuando lo consideraban un artista de la garlopa y el escoplo pero se interpuso en su camino aquella sierra que le cortó un par de tendones en el muslo derecho y le produjo esa odiosa renguera que le dolía tanto los días de lluvia. Entonces tenía cincuenta y dos años pero aún no conocía la dimensión de su propia soledad; todavía iba, por las noches, al almacén de Gurruchaga y Güemes para jugar al dominó haciendo pareja con el finado Ortiz, uno que tenía tantos nietos como pelos en la cabeza, una impecable sonrisa permanente y la sólida convicción de que moriría de un sincope mientras estuviera dormido; todavía pasaba los domingos por el Jardín Botánico, se sentaba en un banco a leer el diario, espiaba a los chicos y a los ancianos que confraternizaban jugando al ajedrez bajo los árboles, y después, al mediodía, comía un sángüiche en alguna pizzería de Plaza Italia, caviloso, antes de ir a la cancha para ver a Atlanta y comprobar su incapacidad de emocionarse, de festejar un gol, de lamentar las reiteradas derrotas.
Al acabarse el agua de la pava, el señor Serrano sintió como una vaharada de calor, una extraña sensación de urgencia que no supo controlar. Nervioso, se alejó de la baranda y entró en la pieza apenas iluminada por el resplandor de la mañana plomiza, tan típica de julio en Buenos Aires, y contempló, sin conmiseración, esas cuatro paredes sórdidas y húmedas por las que los días pasaban, aterradores, llevándose lo que le quedaba de vida sin que él pudiera resistirse, sin que siquiera lo intentara.
Entonces pensó que, quizás, había llegado el momento. No tenía sentido seguir esperando, y leyendo novelitas policiales de segunda categoría mientras el tiempo se esfumaba; no podía permitir que sus fuerzas se agotaran ni que se le terminaran de ablandar los músculos que habían desarrollado sus brazos y sus manos después de tantos años de manipular maderas.
Luego de comprobar que todas las puertas estaban cerradas, bajó por la escalera sin apuro, luchando por serenarse. En el piso inferior se detuvo, vigilante, pegado a la pared y mirando la puerta de un departamento, dispuesto a esperar. Así estuvo no supo cuánto tiempo, con la mente despejada, tan en blanco como una cucaracha de panadería, hasta que se abrió la puerta y una joven de enormes ojos negros, menuda y perfumada, se asomó al pasillo.
Ella lo miró, extrañada. “Hola, señor Serrano”, le dijo, con una breve sonrisa. “Buen día, señorita Aída”, contestó él, acercándose un paso, alzando una mano en el aire y sin dejar de mirarla. La muchacha cerró la puerta y pasó a su lado confiadamente, deteniéndose junto a las rejas del ascensor. Apretó el botón y una pequeña luz roja se encendió sobre su dedo. Miró la mano del señor Serrano, que parecía suspendida en el aire, como una mano de yeso. Y él, súbitamente tembloroso, también la observó, y la bajó, y enseguida clavó sus propios ojos en la mano de la joven que ahora tomaba la manija de la puerta acordeonada. Y empezó a silbar un tenue, atónico soplido entrecortado.
“¿Le pasa algo, señor Serrano?”.
Antes de abrir la puerta de su departamento supo que era, definitivamente, un pobre tipo y que su sueño de hacer algo grande, algún día, era tan lejano e inimaginable como la cara de Dios. •
sábado, 6 de agosto de 2011
Un día histórico para el Chaco: La Fidelidad será Parque Nacional
http://chacodiapordia.com/noticia.php?n=56380
http://www.lanacion.com.ar/1395416-expropian-una-estancia-que-sera-parque-nacional
http://www.clarin.com/sociedad/medio_ambiente/Argentina-Chaco-nuevo-Parque-Nacional_0_530947086.html
http://www.clarin.com/sociedad/medio_ambiente/importancia-lugar_0_530947085.html
http://tiempo.elargentino.com/notas/expropiaran-una-estancia-chaco-para-hacer-nuevo-parque-nacional
miércoles, 3 de agosto de 2011
Acerca de Longobardi, la amistad, el periodismo y la buena lectura
Ayer envié este texto al diario La Nación, y fue publicado hoy en La Nación Online: http://www.lanacion.com.ar/1394549-acerca-de-longobardi-la-amistad-el-periodismo-y-la-buena-lectura#lectores
Saldré de mi azoramiento sólo para explicarle su confusión al señor Marcelo Longobardi, quien esta mañana en su programa radial se habría mostrado alarmado e "indignado" por mi columna de ayer en La Nación.
Diré tres cosas para clarificarlo, a él y también a algunos lectores:
Lo primero es que su alarma se debería, evidentemente, a que leyó todo mal. Según parece (no escuché el programa, pero cito a La Nación) "las ideas que mayor rechazo le provocaron al periodista fueron la "comparación de Macri con Massera, Videla y Galtieri", como así también la interpretación de que los porteños votaron a un "verdugo" al elegir al líder del PRO". Y se habría preguntado: "¿Cómo puede ser que alguien, en tren de criticar a un dirigente político, se le dé por compararlo con Massera?"
Notable y curioso, porque en ningún momento de mi nota yo hice tales comparación, interpretación o crítica. Más bien mi artículo quiso subrayar la importancia de la voluntad popular, en el contexto de lo que llamé y considero una revolución democrática contemporánea. Y respecto del "voto a los verdugos" —expresión que algunos cientistas políticos atribuyen a Lula, quien la utilizó en sus campañas electorales— sostuve en mi nota que en la Argentina "lo vimos cuando se votaba a Menem y se consentía su frivolidad mientras él y los suyos arrasaban con el patrimonio colectivo. Del mismo modo que antes se aceptó a Videla y a Massera, y después se vivó en Plaza de Mayo a Galtieri cuando nos condujo a otra tragedia".
Seguido de lo cual el colofón de mi artículo refería, obviamente, a la nota completa, en el sentido de que mi reflexión iba más allá del triunfo electoral del señor Macri. Todo lo cual en mi opinión era —y es— la gran maravilla de una "libertad de expresión, que en la Argentina de estos años se vive como nunca, jamás, se vivió antes". Que es exactamente lo que pienso.
Lo segundo que quiero aclarar es que el señor Longobardi no es estrictamente mi amigo, ni me conoce tanto como dice. En todo caso fuimos amigos hace más de veinte años, cuando él era productor de Bernardo Neustadt y era también un joven lleno de entusiasmo e idealismo. Hoy no reniego de aquella relación, pero es un hecho que la vida —y los estilos profesionales— nos fueron distanciando. Me halaga que ahora diga que soy "un gran escritor, un gran tipo" pero estoy seguro de que yerra cuando afirma: "lo conozco mucho". No creo que sea así y más bien pienso que sólo tiene un conocimiento superficial de mi persona. Un amigo me habría llamado por teléfono, yo le hubiese aclarado todas sus dudas y este texto no hubiese sido necesario.
De hecho, yo empecé a distanciarme de él exactamente el 8 de Agosto de 1995, cuando me llamó de un programa que conducía en Radio América y me preguntó qué me había parecido el programa televisivo de la noche anterior, en el que Daniel Hadad y él habían entrevistado a Massera. Respondí que no los había visto pero además no iba a decir ni una palabra sobre los dichos de un asesino y genocida cuya opinión se invalidaba por haber sido condenado por todos los tribunales, por la Corte Suprema de Justicia de la Nación, y también, ya, por la Historia. Y al aire le reproché que llamara "periodismo" a ese tipo de cosas.
Me detengo en un último aspecto, que juzgo importante: la "indignación" que el señor Longobardi dijo haber sentido ante mi texto es idéntica a la que sienten muchos de los comentaristas de notas de este y otros diarios, cuyas devoluciones son, en general, furibundas, y está bien que así sea porque toda opinión es respetable y no siempre la gente cuenta con tribunas para expresarlas.
Pero si eso es verdad, también lo es que la furia desatada y ese resentimiento insujetable que supera la media argentina lleva a muchos —y es lo que me impresiona— a leer muy mal lo que está escrito. Y en algunos casos es obvio, incluso, que directamente ni leen; nomás se lanzan a vituperar, descalificar, insultar y amenazar, sin comprender, siquiera, lo que el autor ha escrito. Más bien se afanan por desfibrilarlo a modo de picana de entrecasa y amparada en el anonimato.
Longobardi, al parecer, procedió igual de furibundo. E igualmente leyó todo mal. Lo cual se comprende en los lectores que hacen comentarios. Pero yo hubiera esperado que, siendo él un profesional, fuese por lo menos mejor lector. •
lunes, 1 de agosto de 2011
domingo, 31 de julio de 2011
El voto, los días por venir, el periodismo argentino y la literatura que no cesa
Quienes deseen leer el texto completo de esta memoria personal, lo encontrarán en "EL LABERINTO y EL HILO" (completo)
El voto, los días por venir, el periodismo argentino y la literatura que no cesa
Mañana se vota en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Segunda vuelta, ballotage y mi amigo Daniel en la picota. Admirable lo suyo, bancarse todo esto, el jaleo, el manoseo, las difamaciones... Hay que tener el cuero muy duro para la política argentina. Esa selva feroz.
Daniel va a perder mañana, todo lo indica, aunque desde cierto punto de vista va a salir ganando. La familia, los buenos amigos, los que lo queremos y respetamos como persona honorable y decente, de ninguna manera vamos a sentir que él ha sido derrotado. Sí da un poco de fastidio que vaya a ser electo un tipo tan mediocre como su rival, un hijo de papi rico, uno que anda con un sujeto atrás que le susurra lo que tiene que decir. Es más que patético; es bastante despreciable. Y acaso por eso mismo es también un posible presidente de este país, por qué no pensarlo, si aquí fueron presidentes Menem y De la Rúa, y el Adolfo y Duhalde de manera irregular, y antes una caterva de milicos obtusos, vaya, la verdad es que cualquiera puede llegar a la Casa Rosada... Y no crean que lo escribo con ironía; más bien con dolor. Amo a mi país, aunque también me enoja cuando es tan pobrecito, tan frágil como es a veces... Como un país que estuviera todavía en el primer día de la Creación.
Mejor la Literatura, qué duda cabe.
Aunque no he podido sustraerme a los tironeos del periodismo que ejerzo, debo confesarlo. Últimamente vivo un tironeo curioso, inesperado y que, ciertamente, implica un desafío que decidí asumir. Después de 24 años de escribir con cierta regularidad en el diario Página/12, he sido convocado por el diario opuesto, el conservador La Nación. Y como ninguno me paga la exclusividad, pues ahí estoy, en ambos, escribiendo lo que se me da la gana, escogiendo temas a mi absoluta voluntad y con una libertad irreprochable en ambos medios.
Por eso acepté, desde luego. En Página/12 ésa es la historia de mi vida periodística: jamás una sugerencia, apenas alguna observación pero siempre respetado en cada punto de vista que quise escribir, y no sólo en los textos de tesitura literaria sino también en los de índole política. Y ahora en La Nación también, no tengo dudas. Al menos conmigo, siempre me distinguieron pidiéndome artículos, opiniones, de poco o mucho desarrollo pero siempre con garantizado respeto. Habla bien de ellos: quizás soy el columnista más a la izquierda que La Nación puede tolerar, como sin dudas soy el pro-kirchnerista menos ortodoxo y más tirado a la derecha para el gusto de Página/12. Y está bien, es obvio que por esto acepté el reto. En Clarín, por ejemplo, no hubiera aceptado escribir como columnista por ninguna paga. Alguna vez publiqué artículos en ese diario, desde luego, y acaso podría volver a hacerlo si me invitaran y a mí me interesase, de igual modo que voy a los programas del multimedios Canal 13 y TN cuando me invitan y yo quiero, pero hoy no aceptaría ser columnista semanal ni a sueldo de ellos. Ni loco.
¿Y a qué viene todo esto? Hummm, creo que a que esta semana fue peculiar, porque escribí sendos artículos en los dos diarios en los que colaboro, y me da gracia observar la opuestísima repercusión que obtuvieron. En Página/12 publiqué una nota titulada Lo vimos: Reflexión respetuosa y extramuros para compartir con los que votaron a Macri. Y allí, como siempre, la devolución general estuvo teñida de un sentimiento amistoso, de familiaridad, casi con espíritu de cuerpo. No sólo porque el diario adscribe ahora a los lineamientos generales del gobierno nacional, y apoya decididamente a la Presidenta —lo cual yo comparto— sino porque siempre ha sido así: una especie de cruzada intelectual de centro-izquierda, eso que ahora algunos llaman "progresismo", terreno de ideas y debates cuya amalgama ha sido y es la concordancia en ciertas causas, una ética común, una visión de la Argentina y de Latinoamérica como una tarea de todos y en la que todos y todas estamos embarcados para hacer de estos territorios el paraíso de igualdad, fraternidad, equidad, libertad y justicia social que soñamos. Idealismo puro, desde ya. ¿Y por qué no? ¿Qué tiene de malo? Si después de todo, lo mejor de la Humanidad se logró, siempre, gracias al idealismo. Del mismo y simétrico modo que lo peor se lo debemos siempre al realismo, el pragmatismo y la puta madre que los parió. ¿No?
Lo peculiar de esta semana, decía, fue que escribí dos artículos que apuntaban a lo mismo, aunque uno, el de La Nación, titulado Elogio de la doble moral argentina y la no sanción en el todos contra todos, me impuso un costo bastante alto. La cantidad de puteadas que recibí llegó apenas a 500 comentarios caníbales, lo cual es inferior a los casi 2.500 que merecieron cada uno de mis artículos de las últimas dos semanas (Elogio del vocablo "asco" mientras disparan contra Fito y El "desastre" del Teatro Colón y el estado de las antigüedades). Pero tan duras, casi atemorizantes.
En ambos casos las devoluciones de los lectores (¿supuestos? Quién lo sabe; el anonimato lo permite todo) fueron de trinar. Pero en esta ocasión, parece que mi reflexión sobre la doble moral argentina los volvió más locos que de costumbre. Y así, siendo muchos menos en cantidad, la ferocidad de los comentarios fue abrumadora.
A mí lo que me llama la atención de esa horda es la furia desatada, ese resentimiento insujetable que supera la media argentina, que ya es altísima. Tipos y tipas, digo —si es que realmente existen— que te comen vivo si te tienen al lado...
Y que leen mal, pobrecitos, o directamente no leen; nomás se lanzan a vituperar, descalificar, insultar, sin ocuparse de lo que uno ha escrito. Más bien se afanan por desfibrilarte a modo de picana de entrecasa y, por supuesto, escondida en el anonimato.
En el de Página/12, en realidad, todo lo que quise fue enumerar las razones por las cuales yo no votaría jamás por ese candidato. Y no sólo por mi amistad con Daniel Filmus y mi obvia simpatía con las candidaturas kirchneristas de este tiempo, sino más precisamente porque amo también a esa ciudad hoy ensombrecida, desesperanzada y furibunda.
Mañana domingo se vota y bueno, yo estoy a más de mil kilómetros y mi turno democrático, como el del millón de chaqueños, está fijado para más adelante. Pero qué pena me da, qué ansiedad siento por la suerte porteña, esa indeterminación que prefigura, en cierto modo, una mirada inquietante sobre el futuro de esta patria mía.
Por suerte para mí ahí está la Literatura. Acabo de terminar una novela y me siento bien con ella, tengo interiormente la sensación de que he logrado un texto original, no adocenado, no usual, no a la moda de nada. Y creo que divertido, y a la vez profundo. No es poco. Y acaso no está bien que lo diga yo, vamos, pero bueno, me lo disculpan, me lo bancan y a otra cosa. Para eso son ustedes los lectores de este blog, que, en cierto modo, es una forma moderna de la intimidad en exposición moderada.
Los votos pasan, los candidatos también. El periodismo se avejenta a poco de escrito y publicado.
Es la literatura, diría yo parafraseando a Miguel Hernández, el rayo que no cesa.
Bendita sea.
miércoles, 27 de julio de 2011
domingo, 24 de julio de 2011
Revisando papeles
Quienes deseen leer el texto completo de esta memoria personal, lo encontrarán en "EL LABERINTO y EL HILO" (completo)
De regreso del congreso de hispanistas brasileños en la Universidad Federal Fluminense, en Niterói, Rio de Janeiro, organizo mis cosas antes de una semana en la que debo hacerme algunos chequeos de salud.
Curiosamente, encuentro una anotación de Agosto del ‘94, que dice así: "Un miedo y un desasosiego como el que se siente cuando en una pesadilla estás por gritar y no podés; es una impotencia feroz, un pánico que te gobierna el cuerpo y te paraliza como en las peores pesadillas. Pero todo en vigilia. Así imagino la muerte de mi hermana mientras la operan del corazón".
Celebro íntimamente el recuerdo del buen resultado de aquella intervención.
En un registro completamente distinto, encuentro otro apunte, del mismo año 94:
"Reflexión sobre los transexuales de la Calle del Pinar, en Madrid. No son travestis. Son sonrisas que caminan, seres que se pintan los rostros como para ocultar su desesperación. Puedo estar equivocado, pero no los veo felices. O no comprendo el significado de las pinturas. ¿Son pinturas de guerra? Quién sabe... La visión madrileña me lleva de regreso al Chaco, como en un salto atlántico. Una muchacha que fue mi amiga durante una temporada me contó que tiene un hermano taxi-boy. Fue violado por el padrastro de ambos, en San Luis. Ella zafó de ser a su vez violada por el mismo sujeto, de la manera más insólita: ante el ataque del miserable lo pateó en los testículos con toda la fuerza de su desesperación, lo que le permitió salir corriendo, en la noche. La salvó en medio de la noche un camionero, que la llevó hasta más allá de Córdoba. Lo que no le perdonará jamás a su madre, dice, es que sabía todo pero no hizo nada. Ahora el chico, su hermano, vive un delicado amor —así lo define mi amiga— en un pueblo del norte de Santa Fe. Es un chico suavecito, una monada de persona. Qué difícil ser transexual en Resistencia y alrededores".
Sobras de mi nueva novela...
Creo que lo dije en otro posteo: he terminado una nueva novela. No diré el título, por pura cábala. Digo simplemente que la terminé, y ahora habrá que ver qué pasa. No quiero ni pensar en el futuro. Los libros se abren camino por sí solos. Siempre fue así...
Pero rescato ahora algunos fragmentos, textos que pensé incluir pero que a último momento quité del cuerpo de la novela. Y como siempre me sucedió, después no sé qué hacer con ellos. Así que esta vez rescato aquí algunos pensamientos de uno de los personajes, aunque sea para no tirarlos al cesto de la basura.
"...como en una representación de teatro isabelino, esas de escenario abierto".
"...aunque sólo fuera cierto en un plano formal que suena a lugar común dado que es un lugar común".
"Fastidiar no sólo por autodefensa sino para escarnio de idiotas. Como el Roquentin de Sartre, que estaba harto de todo eso mismo, digo fastidiar no por actitud existencial sino como burla superadora. No sé por qué me acuerdo de ese tipo justo ahora. Jamás comulgué en nada con ese comunista, pero me viene a la mente, en este instante preciso, esa idea del fastidio, por el asco ante la hipocresía y la insustancialidad".
En la noche del domingo
Seguidamente encuentro otro papelito, éste redactado en 1993. Lo escribí en algún bar, porque está en papel manchado de algo que parece vino, o gaseosa, y dice lo siguiente: "La sociedad ganó la democracia en 1983; la estabilidad en 1990; y ahora le toca el turno a la ética y la justicia social. Esto es: la sociedad va construyendo lo urgente, lo importante y lo necesario en cada turno". Anotado al margen en agosto de 1995: "Se ha perdido el último turno. Como en el juego de la oca, retrocedimos un montón de casilleros". Anotado en otro papelito en los Estados Unidos, a comienzos de 2011: "¿Y si se viene un nuevo suicidio social argentino? Este año habrá que considerar esta posibiidad y mantener los dedos cruzados".
Escribo este posteo en la noche del domingo 24, cuando se conoce la impresionante cantidad de votos que obtuvo el cómico Miguel del Sel en la Provincia de Santa Fe, lo cual yo veía venir desde hace dos semanas, mientras mis íntimos se burlaban de mí, asegurando que exageraba... Los cómputos me recuerdan que es la misma provincia que votó a Vernet, a Reviglio, a Vanrell, a Reutemann y a Obeid varias veces. Nada quisiera más que admitir un día mi equivocación...
Pero no consigo despejar mi tristeza porque amo a Santa Fe.
martes, 19 de julio de 2011
La saludable dispersión de ciertos días
Quienes deseen leer el texto completo de esta memoria personal, lo encontrarán en "EL LABERINTO y EL HILO" (completo)
¿No les pasa que hay días en que uno está disperso, y se va por las ramas y cuesta concentrarse? A mí me atacó hoy, y tan lejos de mi casa, mi mundo... Estoy en Sao Paulo, Brasil, encerrado voluntariamente en un precioso hotel, el Ceasar Business, y no he salido a la calle en todo el día. Me pasé horas y horas escribiendo, pero todas cosas inconexas, necesarias sí, urgentes algunas, pero que no tienen nada que ver unas con otras. No bajé ni a almorzar, ni me apetece caminar por esta ciudad gigantesca, desmesurada, que por otra parte ya conozco. Entonces leo un poco, trabajo el texto de la conferencia que voy a pronunciar dentro de dos días en Río de Janeiro, en la Universidad de Niteroi, bajo unos mailes, veo con espanto que hace dos semanas que no posteo nada en mi Cosario... Ay!
Tengo muchas excusas, así que pido disculpas. Después de las elecciones porteñas escribí un artículo en La Nación acerca del exabrupto de Fito Páez. Me llovieron puteadas. No me importan tanto en lo afectivo ni en el orgullo; tengo el cuero duro. Pero... qué mal lee la gente... Qué difícil se le hace a muchos leer sin el prejuicio por delante. Se les obnubila la vista. Entonces simplemente no alcanzan a comprender lo que está escrito, y como sí vislumbran que el autor está en la vereda opuesta, entonces lo putean.
Que es como no haber leído. No se puede intercambiar, así. Una pena.
También preparé esta conferencia que menciono y que voy a leer este viernes en Río, en el marco del XIV Congreso Brasileño de las Asociaciones de Profesores de Español.
Y preparé en mi Molekhine unos apuntes para hoy, aquí en Sao Paulo. En dos horas más tengo un diálogo público en el Instituto Cervantes con José Castilho, editor jefe de la UNESP (Universidad del Estado de Sao Paulo) y hasta hace muy poquito director general del Plan Nacional del LIbro y la Lectura de este inmenso país. Una autoridad latinoamericana en Pedagogía de la Lectura, José. Y amigo querido, además.
Pero ya me voy por las ramas, disculpas, disculpas...
Quizás lo que sucede es que este libro (porque este blog es un libro que escribo libremente, como sin proyecto; este "Cosario" de hecho lo es), se me ocurre, digo, que quizás este libro va dejando de ser una memoria personal más o menos cronológica. Para ser quién sabe qué... Me inquieta no saber a dónde va lo que escribo. Pero así es la cosa, también, así fue siempre.
Sí, ha de ser eso. Y todo lo que sucede es que ahora, aquí, mientras cae la tarde sobre un horizonte que me es ajeno, el no tener a mano mis apuntes, mis libretas, las agendas del Año de Ñaupa que curioseo al azar últimamente, me resulta inquietante. Como un bailarín profesional que de pronto está solo en el baño y no tiene mejor cosa que hacer que brincar como jugando y por las puras ganas.
En fin, ya me concentraré nuevamente. Tengo textos a montones para trabajar. Debo enviar una nota al diario (el Página/12, mi diario); responderle a Pepe Eliaschev una estupidez que escribió en Perfil; tengo un cuento a terminar; y un nuevo proyecto de novela; y un libro ensayístico que me propusieron y es urgente... En fin, ahora mejor posteo algo y cierro. Sólo quiero simplemente compartir algunas cosas que vengo pensando/recordando...
Gran año el 93
Viajé mucho ese año, 1993, después de recibir el Rómulo Gallegos en Caracas. Una amiga mexicana, Laura Fierro, me contó por aquellos días, una noche en Querétaro, una trama fascinante que luego determinó uno de los cuentos que está en mi libro "Soñario".
Otra amiga, Daniela Engelhardt, desde Mainz, Alemania, y por carta (entonces no teníamos mailes) me cuenta que estuvo de vacaciones en Río de Janeiro y conoció a una millonaria norteamericana cuya frase predilecta era: “I hate kids, specially Argentine kids”. Es una delicia que desde entonces busco descubrir cómo incluirla en una próxima novela, lo que seguramente ya no haré.
En Octubre y con otra amiga queridísima y además colega, la escritora española Laura Freixas, en la catedral de Segovia y después de almorzar un fabuloso lechal bajo el acueducto, descubrimos a San Gerotero, el ateniense que fue primer obispo de Segovia. Murió decapitado, cuenta la historia, pero con la cabeza en la mano seguía predicando. ¿No es maravilloso? Pavada de fe la de ese hombre. Años después soñé con él y escribí un texto, que está también en "Soñario".
Creo que ése 1993 fue, también, el año de mi debate con Osvaldo Bayer. O fue el 94, no me acuerdo. Debería confirmarlo y reproducirlo aquí, se me ocurre ahora. Aunque quizás no, sería un plomazo. Y a ver si el querido Osvaldo se enoja de nuevo...
Ya veré, pero ahora mejor termino, posteo y sigo trabajando. Les dejo, porque no sé por qué, acaso porque es un día heterodoxo, un poema. Es una excepción, claro, pero digamos que lo posteo porque hace poquito, en Abril pasado, le gustó mucho a Edward Stanton, cuando lo leí en un recital que dimos en Lexington, Kentucky, durante la mayor y más tradicional conferencia literaria del mundo académico norteamericano.
En la próxima lo quito, o les cuento la génesis del poema.
Oda al camarada corcho
Oh corcho, camarada, a veces me pregunto
si el siempre amable vino ha de inspirarte.
O acaso la uva irreductible, vencedora de eternidades
—como el gusano y la abeja, y como la leche, los besos y la poesía—,
que sueña su sueño bajo tu compacta, nunca estéril existencia.
Expresión minimalista del pródigo árbol ibérico,
en mi país te reclaman los vinos de los Andes,
criados entre piedras y vientos milenarios
para quemar malos humores, los alientos febriles del ocaso y
los venenos de la sangre,
y buenos para aligerar el ánimo en los nobles combates:
el amor, la literatura, la amistad
y el ocio fraternos.
Hermano corcho
que resistes el paso de los años y
no te inquietan el gas ni el pervertido lúpulo,
el azúcar indomable ni la propaganda,
y cada día, todos los días, cumples tu misión liberadora
de darle aire al vino y recomponer su gloria,
yo te canto porque la tuya es leve pero perdurable
y vive en la estación más recóndita del alma, la poesía,
domicilio de la metáfora,
sendero ineluctable y destino final de la humanidad.
Yo te canto, corcho, compañero,
guardián del néctar de la vida, jardinero del Paraíso,
protagonista de ajenas alegrías
que desatas la lengua de los mudos
y te quedas, desolado e inútil, al costado de las botellas vacías.
Como efímero suspiro de Dios.