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lunes, 11 de octubre de 2010

Frankfurt, Argentina, 2010 - Una crónica día a día / 4 (de 5)

NOTA 4 - Sábado 9 de Octubre

Con Filmus —viejo amigo mío— salimos a caminar por Frankfurt. Recorremos la vera del río Meno, preciosa, limpia y ordenada, y luego erramos por el centro comercial de la ciudad, que es una especie de enorme shopping abierto, con las calles arboladas de álamos jóvenes y pavimento adoquinado. Aquí a la practicidad le unen belleza, al comercio funcionalidad. Maestros, los alemanes.

Nuestra larga caminata desemboca, casi tres horas después, en la Feria. Debo participar de una mesa sobre la literatura del exilio, en la que debería estar Vicente Battista conmigo pero no estará. Se ha ido desde la mañana a conocer Heidelberg con otros colegas. Me pareció buena idea, conozco esa ciudad y realmente vale la pena. Está a hora y media de tren, y quién sabe a qué hora regresarán. Cuando desayunamos le pedí que se ocupara de avisar a la organización, y ya veré al llegar si se cancela o si tengo que remar solo.

A la hora anunciada hay bastante público en el estand. De manera que arranco solo. Hablo del exilio como parte de la tragedia argentina, su vigencia literaria desde el Siglo XIX y las características del pasado reciente. Evoco el para mí estéril pero sabroso debate de los primeros tiempos de la democracia, cuando aquella competencia entre "los que volvíamos" y "los que habían permanecido". Hablo de Osvaldo Soriano, Daniel Moyano, Antonio di Benedetto, Humberto Costantini y otros autores que protagonizaron el desexilio. Menciono mi libro "México: el exilio que hemos vivido" que escribí con Jorge Luis Bernetti y publicó la Universidad Nacional de Quilmes en 2003 y en el que nos ocupamos de los aspectos políticos y sociales de la vida exiliar. Señalo también la extraña paradoja de que la trama de mi primera novela ("La revolución en bicicleta") gira en torno de un exiliado y su vida y sus sueños en la transterración, asuntos que trajiné cuando yo mismo no sabía que me esperaba un destino similar. Y acabo mencionando que en materia ficcional la escritura extramuros me deparó escribir cuatro novelas de exilio: "El cielo con las manos", "Luna caliente", Qué solos se quedan los muertos" y "Santo Oficio de la Memoria" que cierra la saga.

Terminadas las preguntas del público, nos vamos con Daniel a escuchar la entrevista a Juan Gelman que en el Pabellón Argentino, en el otro edificio, le hacen Patricia Kolesnicov y Osvaldo Quiroga.

Mucho público, el auditorio a reventar y un montón de gente sentada en el piso. Juan delicioso, como siempre, haciendo gala de su filoso sentido del humor y con una ironía feroz que por momentos descoloca a ambos entrevistadores. Quienes sin embargo sortean el desafío con oficio y simpatía, todo lo cual crea un lindo clima a la charla. No hay tema que no se toque, aunque quizás hay menos materia poética que la que algunos esperábamos. La mayor tensión se produce cuando se abordan asuntos íntimos de la vida de Juan, como la recuperación de su nieta uruguaya o la condena de los Montoneros. La velada se cierra con un prolongado aplauso de pie, y Juan emocionado.

A la noche, y para celebrar el cumpleaños de uno de los miembros del grupo, algunos nos vamos a comer a la Dom/Römer Platz, donde alguien descubrió un restaurante alemán de salchichas y cerdo asado que luego todos juzgamos excelente. Integran el grupo Diana Bellesi, Tamara Kamenszain y varios de los que hoy visitaron Heidelberg y fueron ya mencionados en estas crónicas.

Luego, a dormir. Mañana esto termina, y en cierto modo empiezan las despedidas. Sospecho que todos/as sentimos una cierta nostalgia anticipada.

domingo, 10 de octubre de 2010

Frankfurt, Argentina, 2010 - Una crónica día a día / 5 (y última)










NOTA 5 (y última) Domingo 10 de Octubre. Cierre y adiós.

Por la mañana participo de una de las últimas mesas, en el estand. Hay mucha gente dando vueltas, no quedan asientos, el pequeño auditorio está colmado. Y eso que son las once de la mañana de un domingo soleado.

El título es: "Cine y Literatura; vasos comunicantes". Participan Martín Kohan, a quien veo por primera vez en mi vida, Alan Pauls y Claudia Piñeiro. Cada uno desarrolla sus ideas en muy pocos minutos, hay preguntas varias y todo termina relativamente rápido, antes de que se cumpla una hora.

A las tres de la tarde es el acto de clausura. De todos lados aparece gente, que se suma a la lógica concentración de invitados, funcionarios y público en general. El Pabellón Argentino está colmado.

Tradicionalmente, esta Feria termina con una ceremonia en la que el país invitado de honor del año en curso entrega la insignia de la Feria (una estatuilla de cristal) al país que lo será durante la Feria del año próximo. Esta vez toca a la Argentina traspasar dicha insignia a Islandia.

El Pabellón está a reventar, aunque se ve muy poca gente de aspecto nórdico. Claro que a falta de escandinavos hay una notable aglomeración de argentinos en Alemania, latinoamericanos de todas las procedencias, alemanes y quién sabe de dónde más. Seguramente editores, agentes, libreros. Hay gente en los pasillos, en el suelo, muchísimas cámaras y todo mundo anda con los audífonos puestos para la traducción simultánea.

El acto comienza con un cortometraje sobre el poema "Islandia", de Jorge Luis Borges. Enseguida los discursos están a cargo de Juan Gelman y el narrador y traductor islandés Güoberger Bergsson. El nuestro, la verdad, se muestra extremadamente escueto, desangelado. No sé si será que está muy fatigado, pero me sorprende. Irónico y seco, no parece a gusto. Conozco a Juan y creo advertir que por alguna razón que ignoro no está cómodo. Lee tres poemas, responde un par de preguntas breve y ácidamente, y calla. En cambio el islandés resulta encantador. Escoge hablar en perfecto castellano, lo que todos interpretamos como un gesto de cortesía, y se refiere con respeto y conocimiento a nuestra literatura. Lee incluso un texto ambientado en la Patagonia, primero en islandés y luego en castellano, y se sabe que ha tenido además la cortesía de entregar una versión en inglés para la traducción simultánea. Se lleva los aplausos más sonoros de la noche.

Entonces se pone de pie y habla Juergen Boss, el avezado patrón de la Feria del Libro de Frankfurt, quien pronuncia un discurso conmovedor. Dice que van a extrañar a la Argentina, porque ha hecho un papel excepcional y, sobre todo, destaca, porque ha traído más literatura que ningún país antes, en muchos años... Subraya esto último y se ve que el reconocimiento es sincero, porque el hombre se muestra muy emocionado cuando subraya que nunca habían visto en esta Feria que un país trajese más de 200 libros traducidos al alemán en un solo año. Y promete visitar la Feria del Libro de Buenos Aires en abril próximo.

Cierra Magdalena Faillace, también emocionada, y sobre todo agradecida: a Alemania, a Boss, a Frankfurt, a su equipo de Cancillería y por supuesto a los/as escritores/as que integramos la delegación.

Al final, una foto del grupo que incluyo aquí. Creo que faltan algunos/as. Pero es lo que hay.

Y colorín colorado... •


sábado, 2 de octubre de 2010

El laberinto y el hilo

QUIENES DESEEN LEER LAS ENTRADAS ANTERIORES DE ESTE RELATO, las encontrarán en "El Laberinto y el Hilo" (completo).


Rulfo te quiere, luego existes

Con Gustavo fuimos buenos amigos y me alegró acompañarlo cuando su novela "La Princesa del Palacio de Hierro" tuvo un éxito abrumador, superior al de "Gazapo". A modo de homenaje le dediqué un cuento: "Como los pájaros". Es un cuento difícil, críptico, que muchos años después sigo apreciando aunque reconozco que nunca fue ni será popular. De todos modos él jamás me hizo devolución alguna. Supongo que no le interesó. O le pareció un mal cuento, vaya uno a saber. Es el problema de las dedicatorias.


Como sea, luego la vida nos separó nunca supe bien por qué, supongo que porque él se fue a vivir a los Estados Unidos. Pero creo recordar que fue gracias a él que conocí a René Avilés Fabila, de quien antes del exilio había leido una impactante, poderosa novela: "El gran solitario de palacio". De personalidad arrasadora, René y su mujer, Rosario, fueron y son esa clase de amigos inasibles: uno sabe siempre que están allí, divertidos y con buenos tragos a disposición, pero si no vas a buscarlos es como si no existieras.


Algo similar me pasó con toda la chorcha (mexicanismo por "barra de amigos") de "La Onda". Eran tipos encantadores, conversadores profesionales, inagotables bebedores, mujeriegos, divertidos y algunos con un talento descomunal, como José Agustín. Siempre me encantó frecuentarlos, y cada ocasión que tengo los busco y la paso bomba con ellos, y particularmente con José, a quien he visitado más de una vez en su acogedora casa de Cuautla, donde siempre reina Margarita, su esposa.


Por entonces, no sé si ese mismo 1978 o si ya era el 79, presenté LA REVOLUCION EN BICICLETA al Premio Juan Grijalbo. Para mí fue un lance más, porque estaba convencido —y en eso me ayudó el estímulo del maestro Orgambide— de que más tarde o más temprano esa novela sería publicada. No gané el premio, pero resulté finalista. Y no me decepcioné porque para entonces coleccionaba rechazos: por lo menos media docena de editoriales me habían devuelto los originales con respuestas ora muy escuetas, ora mentirosas, ora henchidas de piedad. Tampoco diré que no me importaba, pero para entonces estaba embarcado en otros dos proyectos que me apasionaban: un libro de cuentos (que después fue VIDAS EJEMPLARES) y la que sería mi segunda novela (EL CIELO CON LAS MANOS).


Por los diarios me enteré que el premio lo había ganado no recuerdo quién, y olvidé el asunto hasta un par de semanas más tarde, cuando en "Excelsior" se publicaron unas declaraciones de Juan Rulfo, quien había sido uno de los jurados del Grijalbo. Decía él que no volvería a ser jurado de concursos y manifestaba su disgusto porque en su opinión el premio debía haberse otorgado a la novela de un argentino exiliado... Y elogiaba explícitamente LA REVOLUCION EN BICICLETA.


Casi me infarto. Brincando de alegría, quise agradecerle al gran Rulfo su comentario —que para mí era el mejor premio— pero no sabía cómo llegar a él. Fue entonces que recibí el llamado de Marco Antonio Campos, amigo y colega en la Universidad Iberoamericana, donde ambos dábamos clases de Periodismo y Literatura. "Oye mano —me dijo MAC con su infaltable ironía—, ¿ya viste los periódicos? Rulfo te quiere; luego existes".

Fue él quien me dio el teléfono del venerable autor de "El llano en llamas" y "Pedro Páramo", a quien llamé ese misma mediodía. En cuanto me presenté me trató de "maestro", y cuando le dije que exageraba me dijo que no dijera pendejadas. Y me citó para esa tarde en los altos de la Librería El Ágora, que estaba sobre la Avenida Insurgentes, a metros de Barranca del Muerto.


Ahí nació la amistad con que Juan —Juanito para íntimos y amigos— me distinguió. No me extiendo en este punto por elemental discreción —un valor que Juanito apreciaba en extremo— y porque ya lo hice en dos novelas, en ambas de manera delicada y respetuosa: en SANTO OFICIO DE LA MEMORIA (en el capítulo 22. El Tonto de la Buena Memoria) y en FINAL DE NOVELA EN PATAGONIA (en el capítulo 7).


Sé que me desvío nuevamente, y lo siento. Pero a medida que redacto estos recuerdos me vence la necesidad de dar cuenta de episodios y momentos acerca de los cuales no tengo nada escrito, no hay apuntes de esto en mis libretas, y sin embargo reaparecen como fantasmas inocentes. No sé por qué, quizás porque las urgencias juveniles de los treinta años las grabaron de modo imprecisable. Quién sabe...


Lo cierto es que aquellos años (del 78 al 80) fueron los de mi mejor aprendizaje lector junto a Valadés, por un lado, y también los de mi acercamiento a otros grandes escritores. A partir del 79 Don Edmundo consiguió regularizar la edición de su revista "El Cuento" en la imprenta de un pariente. Entonces, cada vez con mayor asiduidad (una vez por semana, o por quincena) convocaba a su casa al comité ad-hoc que eran sus amigos: Rulfo, Augusto "Tito" Monterroso, a veces Juan José Arreola, ocasionalmente Juan de la Cabada y/o algún otro venerable cuentista. Yo era, para ellos, una especie de asistente silencioso que tenía por misión, y sólo si me preguntaban, darles una brevísima síntesis de este o aquel texto, con todo cuidado y respeto y jamás presionando en favor de mis gustos. No era el único, desde luego, pues algunas tardes también participaban de esas tertulias Agustín Monsreal o Rafael Ramírez Heredia, e incluso más de una vez el brasileño Eric Nepomuceno, que aún hoy es uno de mis más dilectos amigos.


Era una oportunidad exquisita, disfrutable no sólo por la agudeza de los comentarios, sino también y especialmente por la gracia sin par de esos personajes, veteranos del trago, el humor y la literatura que se abrían ante nosotros como generosas flores de sabiduría. Y si a eso le sumo que casi todos los viernes, durante los años siguientes, Juanito presidió una mesa en El Agora (y después en El Juglar, de la Colonia Guadalupe Inn, también a cuatro calles de su departamento pero en dirección Sur) en la que durante horas corrían el café, los cigarrillos y las más amenas charlas, no puedo sino reconocer que en México fui un joven escritor completamente afortunado.


Lo que sé, también, es que no tenía ninguna prisa. Hoy, años después, me pregunto por qué habré sido así de prudente con lo que escribía, puesto que siempre fui un tipo ansioso y más bien torpe y desbocado. Pero como escritor no. Había pasado los treinta años de edad completamente inédito, pero igual me sentía parte de una movida escritural intensa y estimulante. México tiene esa como generosidad que flota en el aire, o la tenía entonces, no sé ahora. Ojalá que siga.


El hecho es que LA REVOLUCION EN BICICLETA seguía inédita, pero yo sabía, o pretendía saberlo, que en algún momento iba a ser publicada y leída. Quizás porque la historia de esa novela tiene tanto que ver con mi infancia y adolescencia, con los recuerdos de mi viejo y mi cuñado admiradores de ese humilde ladrillero paraguayo, ese militar que despojado del poder y sin un peso vivía con toda dignidad su exilio en el Chaco. O porque de lo único que estaba seguro era de que la había escrito y reescrito muchas veces con obsesivo rigor, con extremo cuidado por el peso específico de cada palabra y al influjo de fervorosas, severas lecturas de los que ya entonces reconocía y para siempre como mis maestros.


Hasta que un día sucedió el milagro en el cielo.


No, no es metáfora. En la próxima entrega les cuento.



Corchario en la pared:

Invención que encuentro en viejos apuntes de fines de los 70:

"No sé por qué algunos historiadores se niegan a darle crédito a Monsieur Raoul Despot, fanático partidario de la tiranía en Francia, circa 1789, un cretino de vocación autoritaria y represora tan fuerte que por él se acuñó el término “despotismo”.

martes, 28 de septiembre de 2010

En Bogotá y Medellín

Invitado por Azriel Bibliowicz, Director de la Maestría en Literatura de la Universidad Nacional, estuve la segunda semana de Septiembre en Colombia. Primero fui a la Fiesta del Libro de Medellín, donde di una conferencia y participé de una mesa redonda con los distinguidos intelectuales colombianos Piedad Bonnet, el poeta Juan Manuel Roca, Ramón Illán Baca y Juan Diego Mejía. Luego, ya en Bogotá y de martes a jueves, impartí tres clases en la Maestría. Fue una experiencia estupenda, rodeado de afecto y amistad, y todo pudo ser perfecto de no mediar un fulminante ataque de Ischierica Coli que me mandó de regreso a la Argentina hecho una piltrafa.

domingo, 19 de septiembre de 2010

Blog de la peli

En el blog de EL DECIMO INFIERNO se puede ver el trailer de la película que filmamos con Juan Pablo Méndez Restrepo. Dura sólo 2 minutos y se la puede ver en esta dirección: http://eldecimoinfierno.blogspot.com/

Esta semana se actualizará "El laberinto y el hilo".

Gracias por su atención.

Blog de la peli

En el blog de EL DECIMO INFIERNO se puede ver el trailer de la película que filmamos con Juan Pablo Méndez Restrepo. Dura sólo 2 minutos y se la puede ver en esta dirección: http://eldecimoinfierno.blogspot.com/

Gracias por su atención

lunes, 13 de septiembre de 2010

Corchario (1 al 5)

Corchario 1

Citas e ideas para poner en la pared, en una plancha de corcho:

“Las herramientas del amo no desmantelarán la casa del amo”. André Lorde, 1979. ¿Quién es André Lorde?

El plural de ira es anagrama de risa.

Toda la literatura borgeana que no es de Borges es mala.

Corchario 2

El ex fumador decía que besarla era como besar un cenicero.

El Bianchi Borgoña es el Ford Falcon de los vinos tintos.

Descartes es el plural de todo aquello que uno tira a la basura.

Corchario 3

Comparaciones a usar en cuentos o novelas:

* leve como un viento de otoño que sólo es capaz de enamorar hojas secas.

* el gargajo se clava en el piso como una bala en la pared.

* caliente como panza de panadero al amanecer.

Ojo con esta idea: los jueces del nazismo no fueron juzgados y castigados por haber aplicado mal las horribles e inhumanas leyes del nazismo, sino precisamente porque las aplicaron.

Corchario 4

Elías Canetti propone pensar la liberación de los prejuicios como un trabajo, como un esfuerzo. Entonces, sólo entonces, es meritoria. Por eso el hombre libre de prejuicios resulta ejemplar y resplandece por su sabiduría.

Corchario 5

Invención que encuentro en viejos apuntes de fines de los 70:

"No sé por qué algunos historiadores se niegan a darle crédito a Monsieur Raoul Despot, fanático partidario de la tiranía en Francia, circa 1789, un cretino de vocación autoritaria y represora tan fuerte que por él se acuñó el término “despotismo”.

domingo, 29 de agosto de 2010

Traducciones recientes


De próxima aparición (Octubre) en la República Checa, ésta es la portada de la edición de EL CIELO CON LAS MANOS ("Sedmy Nebe: en idioma checo).

En los últimos meses (Enero a Junio de 2010) aparecieron varios traducciones nuevas de mis libros. En los Estados Unidos, Italia y Portugal.

En los Estados Unidos... AN IMPOSSIBLE BALANCE
En magnífica edición publicada por Juan de la Cuesta Ediciones (de Maine, USA), puedo asegurarles que IMPOSIBLE EQUILIBRIO en Inglés "suena" a la perfección. ¡Qué gran trabajo ha realizado Gustavo Pellón, catedrático de la Uniersidad de Virginia y originalísimo traductor!

En Italia... GENTE STRANA
Cuentos traducidos estupendamente por Arturo Zilli, en una bella edición de la Editora Manni (Lecce). Zilli ha hecho una especie de antología de mis libros ESTACIÓN COGHLAN y GENTE RARA y ésta es de hecho mi primera colección de cuentos en Italia, donde se conocían hasta ahora seis novelas mías, desde la exitosa "Luna calda" aparecida en 1989 y reeditada varias veces.

En Portugal... FINAL DE ROMANCE NA PATAGÓNIA
Bellísima edición de mi ya clásica novela de viajes, publicada por Editora Quetzal, de Lisboa, en una muy pulida traducción al portugués realizada por mi amigo Francisco Guedes.

jueves, 19 de agosto de 2010

Aviso: Discurso del 15º Foro

Para quienes deseen leer mi discurso de apertura del 15º Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura, favor de cliquear en mi página web personal: http://www.mempogiardinelli.com/

Allí cliquear en: TEXTOS PARA LEER, y allí a su vez en: CONFERENCIAS.

También estará en la página web de la Fundación:
http://www.fundamgiardinelli.org.ar/

domingo, 15 de agosto de 2010

El intercambio con Gustavo Grobocopatel

Página/12, 11 de Agosto de 2010.

OPINION

Carta abierta a Grobocopatel: soja sí o soja no

Por Mempo Giardinelli

Estimado Gustavo,

Ante todo, gracias por enviarme la nota que publicaste en Clarín el 5 de agosto; no la había leído porque soy lector habitual de La Nación y Página/12. Otra aclaración: no integro el colectivo Carta Abierta y el título de esta nota responde a un estilo de artículos que escribo desde hace años.

Lo hago ahora porque siento respeto por tu inteligencia y guardo hacia vos una simpatía personal basada en el hecho de que hace años cantábamos con la misma, querida maestra, y en el común origen de nuestras familias, pues mi madre era de Carlos Casares, donde yo pasé muchos veranos en mi infancia. Siento, por ello, una cercanía de la que hablamos la última, en el Ministerio de Educación, y que ahora me autoriza, dado tu envío, a discutir algunos conceptos de tu nota.

No soy experto en soja, ni en agro ni en nada. Declaro mi ignorancia de antemano, y acepto que vos sí sos un experto. Pero también un dirigente con fuertes intereses, que te hacen mirar las cosas desde un ángulo que también respeto, pero al que cuestiono por todo lo que, sin ser experto, puedo ver con mis ojos y con el corazón.

Las oportunidades económicas que mencionás en tu artículo podrían ser incluso compartibles, pero si muchos decimos que la soja es mala para la Argentina es porque vemos los daños que ha producido y produce: bosques arrasados; fauna y flora originarias destruidas; quemazones irresponsables de maderas preciosas; plantaciones desarrolladas a fuerza de glifosatos, round-up y otras marcas que parecen de Coca-Cola pero venenosa. Yo recorro el Chaco permanentemente y viajo por los caminos de las provincias del NEA y el NOA: Santiago del Estero, Santa Fe, Corrientes, Formosa, Misiones, Salta, Jujuy, y veo los “daños colaterales”, digamos, que produce la soja: agricultura sin campesinos; cada vez menos vacas en los campos; una industrialización completamente desalmada (eso digo: sin alma) y el incesante, inocultable daño a nuestras aguas.

Esto no es una denuncia más, Gustavo, y no es infundada: la modesta fundación que presido ayuda a algunas escuelitas del Impenetrable y en una de ellas hice tomar muestras del agua de pozo que bebe una treintena de chicos. El análisis, realizado por trabajadores de la empresa provincial del agua, mostró que el arsénico es 70 veces superior a lo humanamente admisible. Siete y cero, Gustavo, 70 veces. Lo traen las napas subterráneas de los campos sojeros de alrededor. Hace veinte años esa agua era pura.

Como no sé quién es el exacto responsable de este horror, entonces digo que es la soja. Porque en los viejos campos de algodón, tabaco, girasol o trigo que había en el Chaco trabajaban familias enteras para cultivar cada hectárea. Pero ahora un solo tractorista puede con 300 o 400 hectáreas de campo sojero y eso se traduce en la desocupación a mansalva y el amontonamiento de nuevos indigentes en las periferias de las ciudades de provincia. A esto lo ve cualquiera en las afueras de Resistencia, Santa Fe, Rosario y muchas ciudades más.

Aun admitiendo por un momento que quizás no sea la soja específicamente la responsable, hay una agricultura industrial –tu artículo elogia su presente y sus posibilidades– que es la que está cometiendo otros crímenes ambientales. Ahí está, como ejemplo, la represa que intereses arroceros –al parecer dirigidos por un tal Sr. Aranda, del Grupo Clarín– están haciendo o queriendo hacer en el Arroyo Ayuí, en Corrientes. Esa represa va a cubrir unas 14.000 hectáreas de bosques naturales, va a tapar uno de los ríos más hermosos del país con un ecosistema hasta ahora virgen, y, lo peor, va a contaminar todo el acuífero de los Esteros del Iberá con pesticidas y químicos para producir arroz, soja o lo que China necesite.

¿Se entiende este punto de vista, Gustavo? Yo entiendo el tuyo y comparto que nuestro país “necesita una estrategia de desarrollo con una visión de largo plazo” dado que estamos frente a una extraordinaria oportunidad. De acuerdo en eso. Pero no a cualquier precio. No si nos va a dejar un país ambientalmente arrasado. Nos vamos a quedar sin pampa, sin sabanas donde pacer el ganado, sin el agua potable que es el tesoro mayor que tiene el subsuelo argentino y que ya, también, destruye una minería descontrolada.

Tu nota subraya “la oportunidad que tenemos”, pero ¿qué desarrollo y qué sustentabilidad tendrán las futuras generaciones de argentinos sobre un territorio desertificado en enormes extensiones, un subsuelo glifosatizado y con las aguas contaminadas con cianuro, arsénico y una larga lista de químicos letales que ya es pública y –sobre todo– notoria?

Tampoco es cierto que “los beneficios están presentes en el conjunto de la sociedad”, porque si así fuera y con las gigantescas facturaciones sojeras no tendríamos las desigualdades que tenemos. Que no son sola culpa del Gobierno, la corrupción o los políticos. Son el resultado de una voracidad rural que a estas alturas está siendo, por lo menos, obscena.

Como bien decís, el desacuerdo no puede reducirse a soja sí o soja no. Eso sería, en efecto, “empequeñecer el horizonte”. Pero entonces gente sensible como vos –y me consta tu sensibilidad y creo que no pertenecés a la clase de neoempresarios argentinos que no ven más allá de su cuenta bancaria y son incapaces de tener más ideas que las que les dictan los economistas que les sacan la plata– gente como vos, digo, debería hacer docencia para que tengamos, si ello es posible, grandes producciones de soja pero no a cualquier precio.

Soja sí, entonces, pero no si se descuidan el medio ambiente y el agua. No sin desarrollar alternativas verdaderas para los miles de campesinos que han sido y están siendo expulsados de sus tierras de modos brutales o sutiles. No si los sojeros siguen eludiendo impuestos y negreando a sus empleados. No si las grandes empresas semilleras o herbicidas siguen comprando medios y periodistas para que mientan a cambio de publicidad.

No todo es soja sí o soja no, de acuerdo. Pero tampoco la declaración de idealismo e inocencia que se lee en tu artículo.

Si querés lo seguimos discutiendo. Vos sos un experto. Yo apenas un intelectual. Capaz que enhebramos buenas ideas para el país que amamos.

Un cordial saludo.

* * * * * * * * * * * * * * *
Página/12, 13 de Agosto de 2010.

OPINION

Respuesta a Giardinelli

Por Gustavo Grobocopatel

Estimado Mempo:

Qué alegría poder intercambiar ideas, con respeto, entre personas comprometidas con el interior del país. El afecto que sentí de tus palabras lo retribuyo por los mismos motivos. En principio no me considero un experto, creo que las cosas son tan complejas que se necesitan miradas desde varios lados. Creo en los procesos colectivos con una certidumbre que me asusta. Lo que sí me estimula es el conocimiento, no como verdad, sino como proceso. No es que desestime lo emotivo, ya sabés que tengo una parte de músico, sólo digo que debe haber una tensión entre la emoción y la razón. Quiero decir también que no me hago cargo de todos los empresarios, como seguramente no te harás cargo vos de todos los intelectuales. Voy a hablar de mí mismo, mi empresa y mi punto de vista, que un amigo definió como la vista en un punto. Dejame entonces poder reflexionar sobre cada uno de los párrafos de tu carta y, como bien lo decís al final, que sea sólo el principio. Quizá pueda visitarte pronto en tu querido Chaco y vos en mi querida Casares, y así podamos, sobre las geografías, seguir construyendo juntos.

Es cierto que tengo intereses, todos los tenemos, pero creo que esto no me debe marginar del debate. Yo creo en el interés que también es compromiso y, mejor aún, integridad. En mi caso particular, mi interés está vinculado con el placer de la creación y la realización con otros. Todo lo que ves y te preocupa es sin duda una realidad que, desde mi punto de vista, se debe no sólo al oportunismo de algunos pocos, sino a la falta de un Estado de calidad, responsable y respondible. Los problemas que describís deberían ser resueltos con un ordenamiento territorial, con organismos de control, con justicia. Sin soja, este proceso de deterioro que observás se hubiera acelerado, más pobreza, más migraciones a las villas de Rosario o Buenos Aires. Los problemas importantes de degradación datan en el Chaco de mucho tiempo atrás, antes de la soja, y estaban vinculados con una agricultura con labranzas.

La agricultura sin campesinos es parte de un nuevo paradigma vinculado con trasformaciones en la sociedad. Es un proceso que observamos desde la década del ’40, no está asociado a una ideología y no afecta sólo al campo; también hay muchas industrias con menos obreros. Por supuesto que las políticas aceleran o retrasan el proceso y lo pueden hacer más o menos equitativo, pero es inevitable y, desde mi punto de vista, positivo más allá de los temores que despierte. Yo recuerdo a mi abuelo y sus vecinos trabajando en el campo, un esfuerzo enorme, con condiciones de vida hoy inaceptables, sin comunicaciones, sin acceso. La movilidad social era mucho más lenta, para ser agricultor tenías que ser hijo de... Hoy los emprendedores, no importa su origen, pueden llegar a ser productores. Un sistema de acceso muy democrático a los factores de la producción. También recuerdo, no hace mucho tiempo, a pequeños productores que estaban a punto de perder sus campos en manos de los bancos o de los usureros locales. Este nuevo sistema agrícola de servicios ha hecho mucho más por ellos que el Estado o los organismos públicos o multilaterales.

La nueva agricultura, con campesinos transformados en emprendedores, en proveedores de servicios, con hijos en las universidades o escuelas técnicas, con condiciones de trabajo calificadas, creo que es lo mejor para toda la sociedad. Hay más empleo, pero alocados en diferentes lugares, menos productores, más proveedores de servicios, más industrias. El impacto sobre la sociedad está estudiado incipientemente, pero los primeros resultados son optimistas. En un reciente trabajo encargado por Naciones Unidas se comprobó que diferentes grupos de interés vinculados con Los Grobo han ganado en autonomía, empleabilidad (que para mí es más importante que el empleo), enprendedurismo y liderazgo. Una sociedad más libre, más creativa, con más capacidad de adaptarse a los cambios, con más acceso al conocimiento. Por supuesto que esto no basta. Tenemos que tener un Estado e instituciones fuertes, robustas, que faciliten, que estimulen, que den igualdad de oportunidades.

Mempo, en Casares el agua está contaminada igual y en muchos lugares también, pero esto no es por la soja. No es que no haya riesgos; en Europa, las napas están contaminadas por siglos de agricultura irracional; felizmente en la Argentina no tenemos esos problemas y hay que prevenirlos sobre la base de los conocimientos y la presencia de un Estado que controle, que no es lo mismo que detener o impedir. Yo creo que la desocupación es menor a la que hubiera habido sin soja, en todo caso lo que falta es la industrialización de la soja en origen y así dar más trabajo. Por ejemplo, transformar la soja en pollo, cerdos, milanesas o derivados lácteos. El tema es cómo se estimula ese proceso. Mi punto de vista es que debería ser la inversión privada con incentivos desde el Estado. Para que haya inversión tiene que haber una percepción de que el esfuerzo vale la pena. En nuestro país el éxito está mal visto, los empresarios son permanentemente degradados, los emprendedores no tienen ganancias suficientes porque la presión impositiva es grande, no hay posibilidades de invertir. Yo puedo decirlo, ya que contra viento y marea en los últimos años invertí en producción de pollo, de harinas, de fideos, etcétera. No lo hice con ganancias grandes, tuve que vender el 25 por ciento de mi empresa a inversores brasileños y no tuve gran apoyo de los bancos. Qué bueno sería que sean las ganancias genuinas las que incentiven estas inversiones y que haya grandes empresas nacionales que se globalicen y sean parte de una gesta nacional en el mundo. Entonces en Charata o en Sáenz Peña o cualquier otro lugar de Chaco tendríamos más trabajo y retendríamos a la gente en sus lugares. No para subsistir sin dignidad, que para mí es sinónimo de “agricultura familiar”, sino para vivir con calidad y oportunidades.

Yo creo que los beneficios de la agricultura están distribuidos en la sociedad. La Argentina este año crecerá el 7 u 8 por ciento, de eso el 3 por ciento se debe a la soja. Y hay otros sectores vinculados: la industria automotriz, petroquímica, química, electrónica, metalmecánica, etcétera. No hubiesen sido posibles las Asignaciones por Hijo, los aumentos a jubilados, sin el aporte del campo. No es lo único, por favor; pero debemos reconocer y agradecer el aporte. Aunque sea sólo para que haya entusiasmo y seguir aportando.

Las cosas que te preocupan tienen para mí otra lectura: gracias a la siembra directa no estamos desertificando más, el glifosato es el menos malo de los herbicidas y no pasa a las napas porque se destruye al tocar el suelo. La desigualdad no se puede combatir si no hay creación de riqueza, salvo que quisiéramos igualar para abajo. Creo que la sociedad se debe un debate claro y objetivo sobre estos temas.

Dejame que te dé otro punto de vista sobre la “voracidad rural”. Hoy un productor aporta el 80 por ciento de sus ganancias como impuestos, con el agravante de que si pierde dinero sigue pagando. El problema no es pagar impuestos. Yo creo que debemos pagar muchos impuestos y fortalecer al Estado. El problema es cómo se paga. Las retenciones son anti-Chaco, anti–desarrollo rural, anti-equidad. De esto tengo certeza. Hay que cambiar el modelo impositivo, en forma transicional, pero urgente. Por más parches que se les ponga como segmentaciones de todo tipo, devoluciones, si esto no ocurre, no podremos dar vuelta la página y caminar hacia el desarrollo inclusivo. Aquí hay varios socios para que esto no cambie: parte de los políticos, muchos empresarios y muchos confundidos por las peleas políticas de corto plazo.

Creo que los empresarios debemos tener una responsabilidad enorme en este proceso, también los intelectuales, los académicos y todos los sectores de la comunidad. La acusación de negrear o comprar medios es, por lo menos, injusta para la mayoría que cumplimos con nuestras obligaciones. No digo que no haya casos, pero no puedo aceptar este prejuicio como parte de un debate equilibrado entre lo emocional y lo racional. Los prejuicios no ayudan a las emociones y a las razones.

Espero, con entusiasmo, el momento de vernos personalmente y discutir sobre, como bien vos decís, nuestro amado país.

Un abrazo.

* Respuesta a la nota publicada por Mempo Giardinelli en la edición del miércoles 11 de agosto.


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Página/12, 15 de agosto de 2010.

OPINION

Nueva carta abierta a Gustavo Grobocopatel:
Soja trasngénica y gifosato, ésa es la cuestión

Por Mempo Giardinelli


Estimado Gustavo,

También agradezco el afecto contenido en tu carta, que celebro hayas hecho pública. Me parece que ambos intentamos no tener razón, sino claridad para ayudar a otros a entender un aspecto del presente. Eso exige un debate público, no privado. Así nos lo han pedido varios amigos.

Ante todo, quiero precisar nuevamente el argumento medular de mi carta anterior: que no es suficiente pensar una “estrategia de desarrollo con una visión de largo plazo” a cualquier precio. No cuestioné tu rol empresario ni tu visión de la economía mundial. Lo que cuestioné y me preocupa, y quiero discutirlo, es el daño –para mí palpable y enorme– que produce el abuso de agroquímicos vinculados con la soja. Expuse lo visible: una geografía degradada a partir de plantaciones a fuerza de glifosatos y otros venenos. Y enumeré los “daños colaterales” –despoblación, indigencia, contaminación–, los cuales son negados o minimizados sistemáticamente por productores, empresarios y corporaciones del sector.

Ese y no otro fue mi cuestionamiento, expresado antes desde mi ignorancia que desde mis prejuicios. Y eso porque no los tengo ni respondo a dogmatismo alguno. Apenas tengo curiosidad y ojos y corazón para ver. Por lo tanto, no cuestiono tus intereses ni los de nadie que trabaja y gana dinero. Saludo el éxito bien habido, la fortuna transparente y sobre todo el empeño de los emprendedores. Mi padre fue uno de ellos, seco pero decente y tenaz.

Con tu permiso, entonces, voy a discutir algunas de tus afirmaciones.

1) Decís que “Falta un Estado de calidad” y proponés “un ordenamiento territorial, con organismos de control, con justicia”.

Digo yo: ¿No es justamente eso lo que intenta el Estado ahora, al proponer un Plan Agropecuario Nacional a 10 años, y una ley de arrendamiento que incluye un principio de ordenamiento territorial? ¿Es razonable oponerse sólo porque son propuestas K? Ignoro tu posición al respecto, pero la del llamado “campo” me parece muy contradictoria. Con el debate por la “125” pasó lo mismo, y ahora muchos se dan cuenta de que les salió el tiro por la culata. Por lo tanto, yo prefiero decir que los problemas deberían ser resueltos con un ordenamiento legal muy estricto en materia de soja transgénica y de agroquímicos. Y explico por qué.

Hacia el final de tu carta decís que “gracias a la siembra directa no estamos desertificando más, el glifosato es el menos malo de los herbicidas y no pasa a las napas porque se destruye al tocar el suelo”.

Pero esto no es así, porque son muchos los millones de hectáreas que se deforestaron para sembrar soja y tienen destino de desierto ya que las rotaciones son difíciles. Y cuando deforestan para ampliar el área sembrada inevitablemente desertifican, al generar “cambio climático” (ciclos de sequías e inundaciones, como padecemos en el Chaco).

En cuanto al glifosato, no es inocuo. Según autorizados genetistas y científicos que he consultado (entre ellos un reputado investigador en Medio Ambiente y Salud del Hospital Italiano de Rosario, que hace veinte años trabaja en esto) el problema son los agregados, empezando por los detergentes para penetrar la tierra, que acompañan siempre la mezcla y que son disruptores orgánicos poderosos, como el viejo DDT. Además, como las malezas se vuelven cada vez más resistentes, le agregan otros agroquímicos –endosulfan, clorpirifo o el 24D–, la mayoría de los cuales están prohibidos en los países serios. En Francia e Inglaterra el cultivo extensivo de soja transgénica está penado por la ley. Y en otras sociedades desarrolladas no se permite bajo ningún motivo el uso de agroquímicos.

Entonces no es posible presumir inocencia para el glifosato, producto del que además en la Argentina se abusa, como se abusa de la soja transgénica, que tiene agregado un gen que la hace resistente al glifosato, que es el herbicida que mata todo, excepto a ella. Y la verdad es que nadie sabe cómo actúa este gen en un organismo vegetal, animal o humano. Y cuando esto sucede, en ciencia se aplica lo que se llama un “principio de precaución” hasta que se sepa qué pasa con las otras especies que interactúan con este gen. La FDA (EE.UU.) lo está experimentando en animales, pero no en humanos. De ahí que muchos tenemos la fuerte sospecha de que millones de argentinos indirectamente somos quizás conejitos de Indias.

2) Vos decís: “Sin soja este proceso se hubiera acelerado” y que la degradación data en el Chaco “de mucho tiempo atrás, antes de la soja”.

Es cierto, todos los problemas son anteriores, pero eso no autoriza a dar la bienvenida a la soja a cualquier precio. Es lo que propuse discutir. No para tener razón, repito. Sí para saber y que sepamos todos. Porque si no va a resultar que la soja no es culpable de nada. Y eso no es verdad.

También afirmás que “la agricultura sin campesinos es parte de un nuevo paradigma vinculado con trasformaciones en la sociedad”, viene “desde la década del ‘40, no está asociado a una ideología y no afecta sólo al campo; también hay muchas industrias con menos obreros”.

A mí en cambio me parece que las ideologías siempre juegan un papel y con los intereses mueven al mundo. Y los paradigmas son cambiantes y no siempre se erigen en favor del bienestar de los pueblos. La transformación de los últimos 40 a 60 años es producto de la tecnología, los costos de la mano de obra, las luchas sociales por la redistribución de las ganancias y varios etcéteras. No acuerdo con que la pérdida de mano de obra campesina no es tal porque pasa a los sectores de servicios.

Pero además, esa idea del nuevo paradigma agricultor me parece cuestionable si, casi inexorablemnete, deja sin trabajo a la gente y destruye familias, tradiciones culturales, apegos a formas de trabajar. No propongo que volvamos al arado de manceras, pero la modernidad desalmada tampoco. Y menos cuando hay minorías demasiado minoritarias que se enriquecen tanto mientras las mayorías cada vez más mayoritarias se empobrecen hasta niveles de indigencia.

Es por esto que el crecimiento y el desarrollo, para mí, no son una cuestión económica, sino cultural. Si el nuevo paradigma agricultor destruye la cultura de los pueblos y a sus pobladores, es un paradigma negativo.

3) “La movilidad social era mucho más lenta, para ser agricultor tenías que ser hijo de... Hoy los emprendedores, no importa su origen, pueden llegar a ser productores...”

Aquí tengo otro desacuerdo, Gustavo, porque en la Argentina de hoy, a 15.000 dólares la hectárea, la concentración es asombrosa: hay media docena de grandes agroindustrias, mientras 200.000 productores familiares tienen el 15 por ciento de la tierra. Y a mí sí me importa el origen de quien emprende, porque ese origen me permite conocer sus intenciones, su valoración del esfuerzo ajeno y su sensibilidad social.

4) Mencionás luego a los “pequeños productores que estaban a punto de perder sus campos en manos de los bancos o de los usureros locales. Este nuevo sistema agrícola de servicios ha hecho mucho más por ellos que el Estado... “

Pero esto no es verdad. Fue el Estado el que condonó deudas; fue el Banco Nación el que refinanció a muy bajo costo y apoyó de múltiples maneras a los que perdían sus propiedades. Me parece injusto atribuirle semejantes méritos al nuevo sistema.

5) “En Europa, las napas están contaminadas por siglos de agricultura irracional; felizmente en la Argentina no tenemos esos problemas...”

En Europa los pueblos consumen agua envasada y purificada con tratamientos muy estrictos, Gustavo. En la Argentina el 80 o 90 por ciento de la población consume aguas contaminadas que son dudosamente tratadas. Y como se cortan bosques enteros y el glifosato está descontrolado, la contaminación se extiende a las nuevas áreas sembradas.

6) Decís que “la desocupación es menor a la que hubiera habido sin soja” y que falta industrializar la soja en origen para “dar más trabajo”.

Esto también es discutible. Hay muchísimos cultivos sin mano de obra, y el 70 por ciento de los que trabajan están en negro. Sobran datos sobre esto. Pero además aquí se dice que no es posible industrializar porque la demanda (es decir, China) la requiere tal como se exporta: puro poroto. Lo que es una condena adicional. Un amigo empresario al frente de una pyme me dice: “De aquí sale tabla aserrada pero nada de muebles. Yo visité la región de La Marca, en Italia, y en una zona que no es más grande que Tucumán hay 5000 fábricas de muebles, y exportan 20.000 millones de euros al año. ¡Todo con madera importada!” Eso es lo que hace China: nos compra el poroto, nuestra tierra queda exhausta y el agua contaminada, y la industrialización la hacen ellos.

Finalmente, imagino que a vos te han reprochado haber entrado en este debate. A mí también me pasa. Pero sostengo que si algo vale de este intercambio es que ni vos ni yo escribimos para la tribuna, sino para saber.

Y me consta que hay empresarios tanto o más poderosos que vos, que se esconden todo el tiempo; procuran que nadie los conozca y algunos convierten sus empresas en asociaciones ilícitas. Por eso te respeto: porque vos ponés el pecho y la cara, y tenés ideas, y aunque tu modelo productivo puede no convencerme yo valoro tu perfil de empresario y me encantaría que la Argentina tuviera muchos más como vos.

Un abrazo.

miércoles, 28 de julio de 2010

De objetos y objetores (Ante la nueva ley de matrimonio igualitario)

Contratapa - Diario Página/12, miércoles 28 de Julio de 2010


En materia de derechos civiles, acabamos de vivir una victoria legislativa enorme. La sociedad argentina, digo con el plural, o sea la democracia y la posibilidad de una convivencia más equitativa. La nueva ley de matrimonio igualitario es eso: una formidable conquista legislativa.

Personalmente, hoy no le aconsejaría a nadie que se case, quede claro, pues es una institución en mi opinión obsoleta y retrógrada, pero si hay matrimonio en las leyes argentinas, entonces que lo haya para todos y todas, es decir igualitario y a otra cosa. Y quien tenga ganas, que vaya y se case.

Pienso que la mayoría de los ciudadanos y ciudadanas de nuestro país ha pensado algo así: que está bien que los derechos civiles alcancen a todos y todas por igual, sin discriminaciones.

Aunque es cierto que todavía falta abatir montones de otras formas de discriminación, porque si hay algo que sobra en este país son las rémoras del pasado. Pero en ese camino estamos, y se puede ser optimistas. Y aunque llevará tiempo, hacia allá vamos.

Sin embargo, era obvio, sabido e inevitable que de todos modos iba a haber resistencias, antes, durante y después de la sanción legislativa. Así pasó a lo largo de nuestra historia con cada ley de este tipo, la última vez en 1987, con la ley de divorcio.

Ahora se sabía que iba a haber sectores troglodíticos que no iban a admitir los cambios sin resistencias, del mismo modo que era previsible que muchas buenas personas honestamente tuvieran dudas. Y eso también está bien: en democracia hay que distinguir a unos de otros y comprenderlos a todos, haciendo docencia pacientemente. La democracia es –nunca sobra repetirlo– una construcción muy lenta y requiere muchísima paciencia.

Por ejemplo ahora, cuando aparecen algunos supuestos “objetores de conciencia”, verbigracia unos pocos jueces ultramontanos que todos sabíamos que debía haber –y por suerte empiezan a dar la cara– y que en varias provincias se manifiestan en contra de la nueva ley y dicen, soberbios y desafiantes, que no la van a aplicar.

La pregunta parecería ser, entonces, qué hacer con ellos/ellas. Y la respuesta en democracia no puede ser otra que dejarlos que objeten. Ni reprimirlos ni polemizar. Hay que desdramatizar este asunto.

En todo caso, si estos jueces sienten que sus convicciones religiosas están en colisión con lo que manda la ley –y más allá de que hasta ahora no se conoce que objetaran torturas, genocidios ni demás barbaridades de la dictadura e incluso de estos tiempos, por aquello de las rémoras–, pues ahora tendrán que resolver sus contradicciones como puedan pero sin despegarse del mandato legal. Esto es, que si no aceptan casar a personas de un mismo sexo se les deberán aplicar las sanciones previstas por las leyes para los jueces que no cumplen con su deber. Tan sencillo como eso. Y punto.

Y en cuanto a aquellos ciudadanos y ciudadanas que se presenten en los registros civiles con voluntad de casarse y se encuentren con estos “objetores” tan selectivos, pues podrán cambiar de jueces o de juzgados, luego de hacer la denuncia por discriminación e incumplimiento de los deberes de esos funcionarios públicos.

No es tan grave, y además es un hecho que nadie quiere ser casado por un juez necio, estúpido o discriminador, que viene a ser más o menos lo mismo.

Por lo tanto, ¿para qué convertir esto ahora en una batalla innecesaria, si la ley ya fue sancionada y está en vigencia? No hace falta librar ninguna batalla ideológica fundamental, y menos con fanáticos soberbios. La inteligencia debe estar siempre de nuestro lado. El fundamentalismo ya sabemos dónde está. •

jueves, 22 de julio de 2010

Mis últimos, nuevos libros


He aquí la lista de mis más recientes publicaciones en la Argentina.

Acaba de salir a librerías EL CIELO CON LAS MANOS.
Reedición de mi segunda novela, publicada originalmente en 1982 en los Estados Unidos, y que estaba fuera de mercado en nuestro país desde mediados de los 90. Hermosa edición ésta, por Ediciones B Argentina (en Junio de 2010).

Y están disponibles mis otros libros más recientes:

CELESTE Y EL GIRASOL
Continuando la serie iniciada con "Celeste y la dinosauria en el jardín" (2007), Editorial Alfaguara Infantil lanzó en Marzo de 2010 esta nueva aventura de Celeste, inefable niñita que descubre el mundo desde su jardín, nuevamente ilustrada por la estupenda pluma de Natalia Colombo.

9 HISTORIAS DE AMOR
Dice la contratapa, en la flamante edición de la colección Mediallave, de Ediciones B Argentina (Septiembre de 2009): "Nueve historias. Nueve posibilidades para que los lectores se rindan de placer. Nueve, porque en el verdadero amor siempre queda ese resto que impide la unidad del diez, del todo; porque siempre se interpone una brizna, un deseo inconcluso, una imperfección… El tedio como forma de comunicación, el amor no correspondido, la unión eterna más allá de la muerte, el fuego pasional de lo efímero, el sabor de la clandestinidad, la pasión como un fantasma que corroe, el romanticismo idealizado, el querer como una elección del cuidar: un verdadero ars amandi donde la lectura funciona de espejo. Mempo Giardinelli es un maestro del cuento y en 9 historias de amor encandila con la puesta en escena de todos los trucos de la teatralidad que representa ese rito único, y, a la vez, universal. Directo al corazón como una flecha macerada a fuerza de verdad y delirio, de nostalgias y pasiones. Una lectura que regala esa inefable forma de la felicidad que ocurre cuando sentimos que el texto nos habla a nosotros. Un libro tan delicioso de leer como imposible de olvidar."

SANTO OFICIO DE LA MEMORIA


Han salido dos esperadas reediciones de la novela que obtuvo el VIII Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos, en 1993, y que tantos lectores/as me piden, ahora está disponible en Venezuela y Colombia, editada por la Editorial Monte Ávila (Agosto de 2009). Y también en Argentina, por Editorial Edhasa (Octubre de 2009).

Y por supuesto, continúan en circulación mis otros libros relativamente recientes:

SOÑARIO
Un libro de microficciones onírico-literarias basadas en textos soñados a lo largo de treinta años, a los que llamo artefactos literarios. Es uno de mis libros preferidos, aunque no sea el más popular. (Editorial Edhasa, 2008). Uno no sueña lo que quiere; en todo caso es una fatalidad que se impone. Pero también es un regalo que no admite rechazo, y que se puede disfrutar. Soñario es un homenaje a ese don, y a la vez un ejercicio de experimentación literaria.

LUNA CALIENTE

Ya un clásico de la literatura argentina contemporánea, esta novelita relata una historia de pasión desaforada en un tiempo histórico en el que la arbitrariedad y la violencia fueron la regla. Traducida a 15 idiomas, y con 300.000 ejemplares vendidos, a mí todavía me sorprende el hecho de que la siguen leyendo nuevas generaciones de lectores.
En Argentina se reeditó por enésima vez, ahora por Edhasa, Buenos Aires, Abril de 2009.
Y en España, publicada por Editorial Alianza, Barcelona, Junio de 2009, acompañó la versión cinematográfica que realizó el enorme cineasta Vicente Aranda, filme que todavía levanta polvareda en España, aunque lamentablemente aún no llegó a la Argentina.

miércoles, 21 de julio de 2010

Congreso de Lenguas

Esto es lo que dije ayer (lunes 19 de Julio de 2010) en la mesa inaugural del 1er. Congreso Internacional sobre Lengua y Dinámicas Identitarias en el Bicentenario, celebrado en el Domo del Centenario, de Resistencia. Mesa que compartí con Felipe Pigna.

Una reflexión sobre el Castellano Americano, el Portuñol y las lenguas originarias.

La lengua que aquí hablamos, el Castellano, viene de una región de España. Es el mismo idioma que en el mundo se llama Español, para espanto de otras nacionalidades de la península ibérica como vascos, catalanes, valencianos, asturianos, gallegos o mallorquíes, por citar algunos pueblos de España que reniegan de la generalizada y universal idea de que el "Español", como idioma, existe. Lo que no es verdad.

Esa misma generalización me llevó a pensar que quizás aquí, en el Chaco, pudiera estar presentándose una situación parecida —tomadas en cuenta las lógicas diferencias, desde ya— porque también aquí hay una lengua que hablamos, y es esa misma, y también hay pueblos que hoy llamamos originarios, cada uno de ellos con su propia lengua.

Pero el asunto es más complejo que lo que aparenta. Y quizás la ocasión es propicia porque hoy es 19 de Julio, y no es cualquier fecha. Es el aniversario luctuoso de una tragedia que también fue lingüística. Porque cuando la matanza de aborígenes en Napalpí, el 19 de Julio de 1924, las fuerzas militares de los blancos y castellanos —para identificarlos de algún modo— arrasaron con centenares de vidas de cobrizos indoamericanos que hablaban Qom y Mocobí y otras lenguas del lugar, que era, por cierto, su lugar.

En este aniversario nos encontramos, y yo me encuentro, nada menos que en un congreso de lenguas que ha inventado nuestro amigo y ministro, y en el cual yo, por lo menos, no quiero ocuparme de revanchas históricas ni de justificables resentimientos, sino de pensar... Pensar con lógica abierta, y el corazón idem, acerca de las lenguas que hablamos y cómo las hablamos, y cómo nos comunican o incomunican, y cómo sería deseable que en la joven democracia argentina sepamos integrarlas hasta lo mejor de lo integrable; sepamos individualizarlas y fortalecerlas para enaltecer lo mejor de cada identidad; y sepamos hacer que todas esas lenguas, y todos y todas sus hablantes, nos representen ante el mundo que viene como buenas personas, honorables, laboriosas, solidarias y democráticas. No es menudo el sueño ni menuda la tarea, pero no por eso vamos a arredrarnos.

En primer lugar, yo diría que la definición básica para el entendimiento es la lengua que hablamos mayoritariamente en el Chaco, en la Argentina y en Nuestra América. Esa lengua que es nuestra lengua, y a la que yo designo con el nombre de Castellano Americano.

Así lo hice hace exactamente tres años en Cuiabá, Brasil, en la Universidad Federal do Matto Grosso, cuando me invitaron a inaugurar un congreso de profesores de Español. Se trataba de fortalecer la enseñanza de la lengua de Cervantes en el gigante vecino, porque muchos millones de jóvenes brasileños están aprendiendo esta lengua. Y aunque allí estaban presentes autoridades del Instituto Cervantes, de España, y de la Embajada de ese país, y obviamente mi resistencia a aceptar que el congreso se llamara de "Español" los incomodaba, de todos modos, y sin ánimo de ofenderlos, yo preferí hablar de Castellano Americano.

Sostuve allí que los latinoamericanos de esta parte de Sudamérica ya tenemos una lengua popular propia, muy imperfecta todavía pero tan expresiva como creciente, que se llama Portuñol. Todavía balbuceante y aún sin teoría, el Portuñol no tiene todavía ni prestigio ni destino aparente. Porque en verdad es un híbrido de dos lenguas muy poderosas. Pero es una lengua que se habla cada día más. Por lo menos la hablan 40 millones de personas en varias fronteras, ya que Brasil limita con casi toda Sudamérica.

Subrayo aquí lo que dije entonces: que una lengua siempre, inevitablemente, recibe estímulos, influencias y modificaciones de aquellas otras con las que convive. No hay manera de que eso no suceda, y está bien que suceda. Por ejemplo, suele escucharse muchas veces que el español está sujeto a agresiones por la generalizada invasión del Inglés. Pero eso es sólo una parte de la verdad. Es cierto que por razones de dominación e influencia política y comercial el Inglés se generaliza en el mundo desde hace siglos, primero por la expansión británica y luego por la norteamericana. Es una lengua útil y cumple una importante función en el comercio, la industria, el turismo, la ciencia y la tecnología. Nadie lo pone en duda. Pero no por eso el Inglés va en contra del Castellano ni de ninguna otra lengua. Lo que en realidad sucede es que en la coexistencia idiomática los intercambios son ineludibles y la comodidad de uso y las jergas locales suelen aceptar y/o imponer formas nuevas, mixturas, innovaciones inesperadas y no siempre felices. Pero atención, que tan cierto como eso es que cuando una lengua es fuerte, no hay agresión que la invalide. Y una lengua es fuerte cuando está arraigada en los ciudadanos que la hablan, y más poderosa es cuando estos la hablan bien.

Contrario sensu, cuando una lengua pierde fuerza y arraigo, y se la habla mal y se empobrece, es entonces cuando las lenguas foráneas invaden el espacio cultural... Y más aún si, como sucedió hace siglos con la conquista de América, esa invasión se hace a fuego y sangre, con cruz y con espada.

Como fuere, lo cierto es que hoy el Castellano Americano es una lengua que se ha impuesto en el mundo y que está, incluso, en incesante expansión. Esta lengua en la que hablo y escribo, y en la que ustedes me leen y ahora me escuchan, está viva y en permanente renovación, porque es un idioma que se recrea día a día puesto que lo hablan y escriben más de 400 millones de personas. Y si en algunos años más el pueblo brasileño lo habla y lo lee, a la vez que nosotros en la Argentina, y en Uruguay y Paraguay y otros países hablamos y leemos en Portugués, ninguna identidad se habrá debilitado sino que todas nuestras identidades se habrán fortalecido.

Y si a ello le sumamos, como debemos hacer, la reactivación y popularización de las lenguas originarias de estas tierras, lenguas que fueron silenciadas o mediatizadas por la prepotencia y la dominación, entonces llegará un día en que esa identidad se habrá, además, perfeccionado porque será más amplia, más comprensiva, más étnicamente representativa.

La cuestión de la identidad tiene que ver, desde luego, con la creación literaria. No es mi tema en este congreso, pero como es el tema de mi vida puedo decir, desde mi experiencia como escritor, que la creación literaria y el uso de la lengua en que escribo son en sí mismas una marca de identidad. Soy en tanto escribo, y soy lo que escribo, de modo que mi escritura me identifica.

Por eso ha crecido la influencia del Castellano Americano: porque además de los pueblos que lo hablan los escritores, periodistas, ensayistas e intelectuales en general, que trabajan y se expresan en esta lengua en nuestra América, contribuyen de manera principal a las modificaciones periódicas que no tiene más remedio que aceptar en España la Real Academia de la Lengua. Por eso a la corta o a la larga las acepta. Y las que no acepta no por eso quedan desautorizadas. De manera que es una lengua maravillosa, la nuestra, porque siempre está más allá de lo canónico.

Esto recoloca sobre la mesa aquella provocadora opinión de Gabriel García Márquez, cuando en Valladolid propuso "la jubilación de la ortografía". En aquella oportunidad, yo fui de los pocos que le respondieron al Maestro y dije entonces —como digo ahora— que la cuestión no pasa por determinar cuál regla anulamos, ni por igualar la ge y la jota, abolir la hache o exterminar los acentos. No, el problema central está en el creciente desconocimiento de reglas ortográficas y hasta sintácticas que impera en las comunicaciones actuales, particularmente en Internet y el llamado Cyberespacio. Y es que las reglas de una lengua no prohiben que se las quebrante, pero primero hay que conocerlas y respetarlas. Sólo entonces cabe la experimentación literaria y es aceptable su validación. ¿O acaso por el hecho de que el cyberespacio esté lleno de ignorantes, vamos a proponer la ignorancia como nueva regla para todos? ¿Dado que tantos millones hablan mal y escriben peor, entonces vamos a “democratizar” alegremente hacia abajo, es decir hacia la ignorancia?

A mí me parece que el verdadero porvenir de una lengua no requiere la eliminación de sus reglas sino, por el contrario, exige su cumplimiento. Las reglas siempre están para algo: tienen un sentido y éste es histórico, filosófico y cultural. La falta de reglas, o el desconocimiento de ellas, es el caos y la disgregación. De ahí que las propuestas ligeras y efectistas de eliminación de reglas son, por lo menos, peligrosas. Y esto es particularmente cierto para quienes vivimos en sociedades donde casi todas las reglas se dejaron de cumplir o se cumplen poco y mal, y donde se aplauden estúpidamente las transgresiones televisivas y donde los eufemismos se utilizan para garantizar impunidad.

Desde luego que no pretendo ni propongo que vivamos prisioneros de las reglas, pero tampoco acuerdo con la idea de que la gente debe hablar y escribir como le da la gana. El desafío mayor es múltiple y consiste en impedir que nuestra lengua permanezca estática en la academia, perfecta e inmutable en los códices, y moribunda en la realidad de los que la hablan.

El Castellano Americano, que es el Español que se habla en Nuestra América, ha sido a la vez lengua de encuentro y lengua de sometimiento. Desde hace años pienso y escribo que la lengua que hablamos en América es el resultado de un choque cultural. Cuando en 1992 se “celebró” —entre comillas— el Quinto Centenario de la llegada de Cristóbal Colón a América, yo escribí que no correspondía hablar de conquista ni de encuentro ni de re-encuentro, sino de “encontronazo”. De choque de culturas... Y desdichadamente cuando sucede algo así, tan traumático, el resultado incluye sometimientos y reconciliaciones, o sea que exige grandeza y sentido común para el ejercicio de una libertad responsable. Eso mismo, libertad responsable, es lo que debe inspirar el estudio y la evolución de una lengua, de toda lengua, porque ello es hace a la esencia de la identidad. Sobre todo cuando esto se mira desde una perspectiva histórica, como hoy nosotros.

Hace más de veinte años el gran escritor cordobés Juan Filloy —que fue mi amigo y mi maestro— señalaba que siendo el Castellano una lengua de más de 70.000 vocablos resultaba insólito que en el lenguaje coloquial los argentinos utilizaran apenas entre 1.000 y 1.500 palabras. A esto lo reprodujo Tete Romero en su libro "Culturicidio", tomándolo de mis artículos filloyianos, y así se ha difundido últimamente. Pero Filloy decía además que ese mal uso del castellano era como tener un fino guardarropas pero luego andar por la vida en calzoncillos y con la camiseta rotosa. Y a la vuelta de los años resulta que todo empeoró, porque nuestra lengua contabiliza ahora unos 90.000 vocablos y sin embargo el habla del argentino medio no supera hoy las mil palabras. Y en algunos sectores marginales, socioeconómica y culturalmente postergados, sólo se usan de 300 a 500 palabras. Y estoy seguro que lo mismo sucede en los suburbios de México, Bogotá, Caracas o Lima.

¿Qué quiero decir con esto? Que el problema del idioma de un pueblo no es una cuestión de buenas intenciones ni materia de debates académicos solamente. Ni siquiera es sólo una exigencia de políticas de estado, como no es un problema de los docentes ni es tampoco “uno de los precios de la globalización” (como se ha llegado a argumentar). De hecho, la lengua que habla cada sociedad es la representación fiel de su modo de vida, y muestra también cuál es su calidad de vida. De ahí la importancia de hablar y escribir correctamente.

La lengua, repitamos, no es sólo buenas intenciones, como tampoco es solamente un medio de comunicación. Es un instrumento esencial de relación, de cultura y de trabajo; es la vida misma de todo el pueblo que la habla. Nada puede hacerse sin la intervención del lenguaje. Por ende, todo lo que degrada la lengua que se habla, todo lo que la deforma y envilece, afecta a la nación entera. Cualquiera sea esa nación y hable la lengua que hable.

Es cierto que vivimos en un mundo en emergencia, pero en nuestro país la emergencia ha sido y es, en cierto modo, la vida cotidiana misma. Por eso el envilecimiento y deterioro de la lengua que hablan nuestros pueblos, en la Argentina, ha sido irrefrenable en por lo menos las últimas tres décadas. Las causas son múltiples y comenzaron, sin dudas, con el miedo y el silencio que impusieron las Dictaduras. La censura permanente y el cinismo oficial, el descrédito del pensamiento y de los intelectuales, el uso cretino de los eufemismos, el no llamar a las cosas por su nombre, el ocultar y disimular, y el convertir a los libros en enemigos, en sospechosos, en subversivos, todo eso deterioró la capacidad lectora de nuestra ciudadanía, y, en general, fue parte de la destrucción de la educación pública argentina.

La Dictadura terminó hace 27 años y eso, en términos histórico-sociales, es decir ayer. Pero muchas malas semillas que se plantaron entonces han germinado ahora, en Democracia, y es por eso que muchísimas personas, ingenuamente, creen que los males que viven se deben a la Democracia, a la que confunden con los gobiernos, y no ven que los frutos malignos de los tiempos dictatoriales —cuando todo era miedo, autoritarismo y persecución—alcanzan hoy incluso a la semántica contemporánea y devienen problema lingüístico. Con lo que estoy diciendo que entre el autoritarismo militar y la debilidad de la democracia nos hemos empobrecido también en materia idiomática. El empobrecimiento de nuestro Castellano, aunque nuestro pueblo no lo advierta, ha producido y produce enormes daños en nuestra sociedad. ¿Y cómo no va a ser mayor el daño cuando afloran lenguas que se ocultaron durante siglos, cuando surgen sectores sociales numerosos que reclaman su participación en el idioma nacional de los argentinos?

Por eso hay que alentar que toda lengua se desarrolle y evolucione, de modo natural y dentro de los propios cánones y reglas. Y por eso está bien que, cada tanto, esos cánones y reglas se revisen. Porque las lenguas están vivas mientras las hablan los pueblos, y eso incluye también, por supuesto, asimilar e incorporar vocablos que llamaríamos extranjeros y que los lingüistas llaman "préstamos". Por ejemplo, y sólo como ejemplo, hoy los anglicismos derivados del uso masivo de Internet infestan el Castellano Americano, como ayer los latinismos o galicismos cambiaron al castellano de España y sus colonias, y como seguramente mañana, en un futuro que ya vislumbramos, las lenguas originarias del Chaco y otras provincias van a incorporarse a la lengua de los argentinos con absoluta naturalidad. No en vano ya decimos "cancha", y "chamigo", y "colí", y "ñaré", y "tudo bem", y nos entendemos perfectamente.

Esa evolución, entonces, impone incorporar al uso diario a todas las lenguas que se hablan por estos lares, lo cual ya está sucediendo, de hecho. El Guaraní paraguayo y correntino; el Portugués del enorme hermano que es Brasil, y naturalmente las lenguas originarias de nuestro Chaco, sean tres, cuatro, siete o más, se van incorporando a nuestro léxico sin traumas, complejos ni prepotencias.

Y es que también para ellos, para todos los hablantes de esas lenguas es inevitable la influencia del Castellano Americano, que es así como se construye y perfecciona, así como nos caracteriza y distingue en el mundo. Hablo de una lengua futura en la que para todos será horizonte insoslayable el enriquecimiento que producirán las raíces guaraníticas, las de estirpe araucana o quechua, y entre nosotros las que derivan de los pueblos originarios del Chaco, que son muchísimos y bien los enumera Ramón de las Mercedes Tissera en su obra excepcional.

Una comunidad que conoce y habla bien su lengua, siempre está en condiciones no sólo de expresar adecuadamente sus deseos y de perfeccionar sus acciones; también está capacitada para recibir sin riesgo los aportes de otras lenguas e incluso de las nuevas tecnologías, que en general se han desarrollado en el nuevo lenguaje imperial. Hay ejemplos de lo que sucede cuando ello no es así, en la lengua castellana. Ahí están las Islas Filipinas, donde tras la derrota de España en la guerra de 1898 contra Estados Unidos, el idioma Inglés se impuso sobre el Castellano hasta eliminarlo. En sólo un siglo. Y otro caso, pero inverso, es Puerto Rico, donde la resistencia cultural de los puertorriqueños —que es colosal— ha impedido que se pierda su lengua, y con ello preservaron además sus costumbres y tradiciones.

Y es que si son condenables los delitos del conquistador, también es verdad que siempre, y así lo muestra la Historia de la Humanidad, el que conquistó trajo su lengua pero no necesariamente la impuso. Ahí está el pueblo hebreo como ejemplo, que luego de mil persecuciones y diásporas, y habiendo incluso inventado lenguas como el ladino y el jiddisch, llenos de préstamos y usos seculares, jamás olvidó su lengua bíblica, y ésa es hoy la lengua oficial del Estado de Israel.

Replantear el lenguaje coloquial como problema inmediato y urgente de nuestros pueblos es un modo de detener, primero, y enseguida contrarrestar, ese embrutecimiento de las masas que es fácil y doloroso advertir en las últimas décadas. Basta con escuchar lo mal que hablan nuestras nuevas generaciones y, peor aún, leer lo que escriben.

No lo digo en plan apocalíptco, sino de absoluta sinceridad. Es urgente ser concientes de que se habla muy mal el Castellano, cada vez peor, y es mínima la utilización de las enormes posibilidades de esta lengua, lo cual tiene consecuencias indeseables concretas y cotidianas. Hablar bien, con propiedad y corrección, es el camino más seguro para pensar mejor. Y pensar mejor es la vía más segura para obrar mejor. Imagínense ustedes, entonces, lo que puede suceder cuando una lengua está clausurada por décadas, como pasó con las lenguas aborígenes del Chaco, cuando no se las habla o se las somete de las más crueles maneras.

Es urgente, por ello, crear conciencia acerca del vínculo estrecho entre lengua, condición socioeconómica e identidad. Que es como decir entre lengua y clase.

La identidad lingüística es seguramente la primera señal de identidad fuerte que tenemos los seres humanos en tanto sujetos que vivimos en sociedad. Sin lengua no podríamos entendernos, discutir, intercambiar, crecer, desarrollarnos como seres inteligentes. En cualquier lugar y cualquier época de la Historia de la Humanidad, cada nación fue antes una lengua que un Estado. Incluso nuestros pueblos originarios.

Por eso, elevar la calidad del Castellano que se habla en nuestra América es una tarea esencial y urgente para que sea un vehículo de unión más propio y más fuerte, capaz de expresar cabalmente a todos nuestros pueblos, en su riqueza y diversidad, contribuyendo así a que se expresen mejor, y entonces piensen mejor y procedan mejor.

En tanto escritor que hace de la lengua su vida y profesión, para mí la transversalidad fundamental consiste en advertir que la lengua entreteje nuestras vidas, diariamente y en todas las naciones que hablan el Castellano, permitiéndonos entendimiento, comunicación, expresión y otorgándonos a la vez una fuerte identidad cultural latinoamericana.

Personalmente, hace más de veinte años que trabajo desarrollando estrategias y emprendimientos para difundir el uso apropiado de la lengua castellana. Cada uno de los multitudinarios encuentros que convocamos desde la Fundación que presido en esta ciudad se orienta, precisamente, a repensar cómo dar de leer, y por qué y para qué. Buscar las respuestas adecuadas implica, desde luego, trabajar para la construcción de una sociedad consciente de la lengua que habla, y mucho más competente en el uso de la misma.

Puede sonar exagerado decir que sólo la lectura salvará a nuestros pueblos, pero estoy convencido de que realmente ningún país tiene destino si su gente no lee. No hay aprendizaje, crecimiento ni desarrollo cultural; no hay mejora educativa eficaz y no es posible una democracia sólida e igualadora de oportunidades, si los habitantes de esa nación no leen. Por eso leer y hacer leer es el único camino —el único— para recuperar la capacidad de pensamiento y sensibilidad de un pueblo. Y el único camino para ello es hablar bien, porque se lee más cuando mejor se habla y se habla mejor cuando más se lee.

Por eso nos oponemos a las modas pedagógicas que hicieron del placer de leer un trabajo pesado. Es necesario y urgente despojar a la lectura de ejercitaciones obligatorias y trabajosas porque, más allá de las buenas intenciones que las alientan, en muchos casos sólo entorpecen el simple y grandioso placer de leer. Y de decir, que eso es la lectura en voz alta que yo vengo impulsando desde hace un montón de años.

Ahora en el Chaco una nueva Ley habla de progresiva aplicación de la oficialización de nuestras lenguas. Enhorabuena. Y se prevé la formación de nuevos maestros bilingües y plurilingües. Estupendo. Me permito sumar algunas recomendaciones que serán muy útiles para maestros y maestras: no caer en fundamentalismos; decirle no a todo revanchismo; cuidar siempre que toda admisión idiomática, y sobre todo la que recupera lenguas canceladas, sea a la vez que un hecho de reparación histórica un gesto simbólico-cultural, y sobre todo, y por encima de un acto de justicia, sea un ensanchamiento saludable del habla popular.

Quiero decir con esto: ¡cuidado! que para recuperar las lenguas de nuestros hermanos aborígenes no demos, ni por error, ni un solo paso contra el Castellano Americano. De lo que se trata, repito, es de enaltecer las lenguas que hablan nuestros pueblos, no para unificar ni para hegemonizar, sino para que todas coexistan en tanto y en cuanto haya seres humanos que las hablan y las necesitan. Sólo así, con las generaciones que nos sigan, fundaremos la verdadera y poderosa lengua de esta tierra, que nos identifique ante nosotros mismos y ante el mundo.

Y hay algo más que quiero subrayar para concluir. Somos, aquí, en este punto del universo, el corazón geográfico del gran Chaco Americano. Somos el centro mismo de un Castellano Americano que convive con el guaraní, el portugués, el qom, el wichi, el mocoi...

Institucionalizar las lenguas que se hablan en el Chaco está muy bien, es una inmensa y justa tarea que estaba pendiente. Pero que no se mueva un dedo para perder o perturbar nuestro Castellano Americano. Al contrario, fortalecerlo y engrosarlo, nutriéndolo con nuestras lenguas originarias, es lo que nos hará más fuertes.

Hace un par de años, al inaugurar el primer congreso cultural chaqueño, dije aquí mismo que el sueño del crisol de razas era falso. Una mentira eso de que se ponían en un caldero razas y lenguas y salía un tipo propio, el chaqueño. Lo que vale es la diferencia, coexistir con el hermano que no es igual pero es hermano. Por eso sueño con que seamos un día una provincia plurilingüe. Porque eso también implicará reconocer nuestros verdaderos, plurales orígenes y lenguas. E incluso podríamos llegar hasta a enaltecer los dialectos italianos, ingleses, alemanes, checos, búlgaros, franceses, polacos, montenegrinos y ucranianos que formaron el Chaco contemporáneo. Sumar, y no restar, es la consigna. •

Muchas gracias.