
Anoche se me hizo imperioso evocarla.

La conocí en Sevilla creo que el año 98. Luego nos visitó en el Chaco, sí, vino al Foro que organizamos en Resistencia un par de veces. Imagínense: de Salamanca a Resistencia. No es chiste.
Hoy la siento cercana como se siente cercano a un camarada.
Hoy la siento cercana como se siente cercano a un camarada.
Y ya sé de dónde sale este posteo, con el que pretendo además retomar estos apuntes que desde hace años escribo y titulo "El laberinto y el hilo", y todos los cuales están en este blog y un día, seguro, he de bajarlos para, acaso, hacerlos libro.
Esto es lo que quería decir: que este posteo y evocación, de Salamanca y de mi amiga, viene a cuento de que la semana pasada encontré apuntes de un viaje a esa ciudad, y esa universidad, en 2005. Y viaje que terminó con una cena inolvidable en casa de esta poeta.
Y también quiero compartir algunas razones de mi encantamiento salmantino:
• Allí hay una casa colmada de gárgolas feroces, que es la casa de la Duquesa de Alba, esa viejecita tan operada que murió hace poco y que nunca entendí qué hizo de magnífico para devenir celebridad.
• En
Salamanca está, además, la Casa de las Conchas, una construcción de notable arquitectura que es hoy la Biblioteca Municipal. •
En Salamanca me pregunté una vez si la Clerecía debía ser el sitio donde el clero se aclara.
En Salamanca me pregunté una vez si la Clerecía debía ser el sitio donde el clero se aclara.
• Allí vi una pieza de marketing genial, en la tienda de la Universidad, frente a la Catedral. Decía (y quizás dice aún): “universitatis salamantinae mercatus”.
• En Salamanca la Calle de
la Fe es la más cortita y rara de todas las calles del mundo. Apenas tiene cuarenta metros de largo y
ninguna puerta.
• La Catedral
de Salamanca tiene 16 columnas centrales que son como los fundamentos del gran
edificio del Mundo.

• La Plaza Mayor de Salamanca es un centro ceremonial maravilloso. Ni el exceso de cerveza ni las hordas de estudiantes gringos consiguen desmerecerla. Y por las noches, ah, por las noches uno puede sentirse serenamente inmortal por un ratito. Lo que no es poco.
Bueno, no me justifico más. Declaro que este posteo es para retomar estas memorias que llamo, borgeanamente, "El laberinto y el hilo".
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