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sábado, 3 de agosto de 2019

Lecturario # 67. Seoane-Santa María, Méndez, Freixas, Romero, López, González, Gaiteri, Peralta, Petrigliano


* Me tiene maravillado la reciente edición de Eva Perón. Esa mujer, un libro excepcional de María Seoane y Víctor Santa María, quienes encontraron y recopilaron el maravilloso registro gráfico de la vida de Evita, esa mujer amada por las clases populares argentinas hasta el día de hoy, y odiada por las burguesías urbanas con una intensidad y persistencia digna de mejores causas. 
            El libro reseña la biografía de esta mujer impar e irrepetible, ilustrada con fotografías impresionantes que al menos yo no conocía. Lo cierto es que el texto es preciso, sobrio, objetivo y a la vez amoroso para revisitar a quien sin dudas fue una de las mujeres más impactantes del Siglo 20. El amor, Perón, su pasión política, el feminismo, sus desplantes, las relaciones con los entramados del poder y con la infancia, son, entre otros, los rasgos de su personalidad que delinean este libro de colección. En tapa dura e impreso con una riqueza gráfica asombrosa, es un libro excepcional que hace honor al histórico personaje, y curiosamente a precio accesible, lo que es excepcional para una edición tan exquisita. (Editorial Octubre)

Vuelta al Sur es el título de la más reciente y muy interesante novela de Mario Méndez, quien es uno de los más activos escritores argentinos de literatura para niños y jóvenes, ese género que suele llamarse Literatura infantil y juvenil, o simplemente LIJ, denominación que a mí no me convence pero que será tema de otro posteo. 
            Lo cierto es que es ésta una historia de amores y desamores filiales que transcurre en los dos lados del inmenso territorio patagónico –Chile y Argentina–, de donde presumo que es originaria la familia del autor. Esta es precisamente la historia de un doloroso desencuentro familiar que dura décadas y se ambienta a ambos lados de la Cordillera de los Andes. La novela se lee apasionadamente y resulta a la vez un canto de lucha por la identidad pues involucra a dos hermanos que no se conocen, una abuela peculiar y una desmembrada familia de muy humilde origen campesino. El relato se deja llevar con soltura y está lleno de peripecias que mantienen en vilo a l@s lector@s. (Edelvives).

* El nuevo libro de mi amiga y colega española, Laura Freixas, se titula A mí no me iba a pasar y es, sin dudas, el mejor que ha escrito hasta ahora, así que lo recomiendo enfáticamente. 
            Me entusiasmó muchísimo su lectura porque, aparte de escrita en el preciso y precioso estilo que caracteriza a Freixas, hace en estas 300 páginas un verdadero alarde de intimidad y confesiones en voz alta. Conocedora sagaz de esa maravilla literaria que fueron los diarios íntimos de escritoras de los siglos 19 y 20 –que tienen vigencia y jamás pierden encanto aunque en el presente siglo pareciera que se escriben menos– ahora Laura hace el suyo y a su modo, es decir con personalidad y sin demasiadas concesiones, apenas las obviamente necesarias.
            La lectura fluye desde el vamos, y el encanto y el interés no dan tregua. Como para dar fe de que aquí estamos frente a una autora que se ha atrevido a escribir una novela autobiográfica, o sea en este caso la historia de una mujer de la burguesía catalana, sensible a los cambios en Europa y el mundo, que en tanto testigo de época e intelectual audaz cuestiona su vida y su matrimonio y va contando –confesando como en una larga charla íntima– los pasos y el significado de romper con todo lo anterior que ella misma ha vivido y escrito.
            Ya comenté otros libros de Freixas en otros Lecturarios, en los que elogié siempre el tono intimista y a la vez agudo de esta escritora notable. Que en este libro da una especie de riesgoso salto en el aire, todo belleza y tensión, para caer de pie y en voz alta, como decía mi madre cuando elogiaba a quien lo merecía.
            Una novela, en fin, que no será fácil de encontrar en librerías argentinas, pero que bien hará en sumergirse en ella quien la encuentre. (Ediciones B).

* Hace 15 años, en 2004, Francisco Tete Romero, intelectual chaqueño por entonces poco conocido, publicó un libro notable, sorprendente y luego colmado de justificados elogios: Culturicidio. Allí describía con originalidad el drama político-cultural de la Argentina luego de la crisis de 2001-2002. El libro resultó un material de consulta indispensable para educadores y docentes en general, sí que también para cientistas sociales. 
            La huella que dejó ese libro fue profunda, tanto que su autor dedicó los últimos años a trabajar silenciosamente la continuidad de aquel ensayo con rigor, paciencia y excelente información. 
            El resultado es Culturicidio-2, especie de complemento articulado de aquel texto pero en clave mucho más dramática, por la obvia razón de que las políticas del neoliberalismo tiraron abajo todas las conquistas sociales del período 2003-2015, que más allá de torpezas y yerros había mejorado la calidad de vida de millones de personas habitantes de esta tierra paradojal. 
            Con paciencia de monje e indeclinable pasión intelectual, ahora Romero publica este Culturicidio-2, libro igualmente poderoso y preciso por su rigor informativo y conceptual, y altamene recomendable. (ConTexto)

* Y a propósito de esta editorial –ConTexto– quiero comentar otros dos libros que al menos a mí me impactaron por su originalidad: Días de Provincia es una especie de original efeméride gigante del Chaco, donde vivo. Organizada por Eduardo López, un veterano y riguroso periodista local, recupera episodios y microbriografías del Chaco, año por año y nombre por nombre. Lo que suele llamarse un trabajo de hormiga, o de paciencia china. 
            Y el otro es El libro chaqueño, del docente y bibliotecario Esteban González, quien organizó un voluminoso compendio de todos los libros y autores que en el Chaco han sido. Con interesantes cuadros estadísticos y comparativos de autor@s, títulos y editoriales, es un aporte fenomenal para estudios bibliográficos futuros en esta provincia.

* Durante un vuelo leo también el libro de cuentos Nadie extrañaba la luz, del narrador cordobés Sergio Gaiteri. Incidentales y de ambientes locales casi todos, estos cuentos interesan por las relaciones de parejas, vidas familiares, mujeres determinantes y hombres normales y no tanto, así como por la recreación de los paisajes lugareños en que se ambientan. Y también por cierto aire cortazariano que sobrevuela la correcta prosa de Gaiteri. (Alto Pogo)

* Dos sorpresas en La Rioja, durante reciente visita invitado a dar una conferencia en la Feria del Libro: por un lado, la dolorosa lectura de Huellas de la represión en la mujer riojana (1975-1983), libro en el que su autora, Rosa Beatriz Peralta, enhebra un duro y a la vez conmovedor repertorio de testimonios de mujeres casi todas de la clase trabajadora –madres, hijas, nietas, esposas y compañeras de militantes– en los que la cárcel, el machismo, el autoritarismo y la brutalidad fueron y siguen siendo un sello de época. (Editorial Cafure).

* Y a la par leo, también en La Rioja, un poemario de Adriana Petrigliano, porteña avecindada hace muchos años en la capital riojana, titulado Los días sobre mí (Nuevo Grupo Editor). Sorpresa para nocturna lectura en hotel, encuentro allí algunos versos tan inesperados como bien logrados, como este "Poema del hacerse" que ofrezco de muestra:
tragar cada minúscula sombra
deshacer y hacer el polvo nuevamente
triturar sin distinción
y armar los montoncitos de nosotros
cavar donde deba cavarse
ahuecar y soplar
poner en donde corresponda la humedad
y en dónde la sequía
iluminar
raspar hasta dar el brillo necesario
tatuar a sangre y lágrima el camino
acariciar el olvido del que fuimos
es eso solamente.
eso somos.

domingo, 30 de junio de 2019

LECTURARIO # 66. Volney-Moreno, Sagasta, Ferrer, Zarowsky, Renaud, Palou

Lecturario # 66. Volney-Moreno, Sagasta, Ferrer, Zarowsky, Renaud, Palou

Las ruinas de Palmira es un libro raro, conocido por politólogos y cientistas sociales pero no por el público en general. Traducido al castellano hace más de 200 años por Mariano Moreno, ha vuelto a circular en una estupenda y oportuna colección de dos universidades nacionales: la de General Sarmiento y la de Córdoba, para la colección Bicentenario.
            Originalmente titulado Las ruinas o la Meditación sobre las revoluciones de los Imperios, este libro de Constantin de Chasseboeuf, Conde Volney (1757-1820) se publicó en 1781 en Francia y, aunque Moreno lo tradujo en nuestras pampas, no llegó a verlo impresa e incluso no había terminado su trabajo cuando lo asesinaron en alta mar en 1811. El libro fue publicado en 2010 y aunque de ardua lectura es una joya para historiadores y cientistas sociales. (UNGS & UNC).

Quizás porque es un tipo inquieto y un curioso sabueso de la historia, el narrador e historiador español Alfonso Mateo-Sagasta (Madrid, 1960) es reconocido como uno de los escritores más interesantes de la España actual. Titulado con especialización en historia antigua y medieval, es autor de una obra nutrida y muy elogiada, y ha recibido premios por sus novelas Ladrones de tinta(2004), El gabinete de las maravillas(2006), y el más resonante porCaminarás con el sol(2011), en la que aborda la impresionante y magnética vida de Gonzalo Guerrero (1470-1536), soldado español que renegó de la Conquista en Yucatán y llegó a ser jefe de los Mayas a comienzos del Siglo XVI, y quien ya había sido novelado estupendamente por mi viejo amigo el narrador mexicano Eugenio Aguirre en 1980. 
            Con notable agudeza y sensibilidad histórica, Sagasta ofrece ahora Mala hoja, novela ambientada en Cuba en la segunda mitad del Siglo 19. Estructurado en forma dialogal, el texto compone la riquísima conversación entre un empresario tabacalero y un jefe militar, españoles de ocupación ambos, acerca del tabaco, la caña de azúcar, el tráfico de negros africanos, la esclavitud, y también el amor. Mala hoja es una novela que gira en torno de una sutil e insólita esgrima oral entre dos españoles que en la Cuba todavía colonial, vigente el esclavismo, conversan acerca de los grandes negocios de la época, asistidos por sirvientes negros y mechando negocios con amores, racismo y violencia, como debe haber sido aquel universo, letal para los africanos y tan miserablemente proficuo para los europeos. Y el cual Sagasta describe con un preciosismo que es por momentos agobiante pero siempre hipnótico, hasta llevarnos a los lectores a un final inesperado, brillante y espectacular cuya develación me reservo. (Reino de Cordelia)

* En reciente visita a Asunción, Renée Ferrer, la máxima poeta paraguaya contemporána, me sorprende obsequiándome una novela durísima. Su tema es la amistad de dos muchachas –una judía, la otra gitana– en el contexto del horror del nazismo. Inesperada para la literatura paraguaya, sale avante en el relato del horroroso campo de concentración de Auschwitz, donde millones de personas fueron bestialmente asesinadas, como hoy todo el mundo sabe. Pero lo que está menos escrito es que de los muchos millones de visitantes de las últimas décadas sólo algun@s hacen literatura del impacto recibido. Titulado Dos rostros, un destino, y subtitulado "Encuentro en Auschwitz-Birkenau", es éste un libro perturbador que se lee como a tragos gruesos, e igual te deja, después, con la boca seca. (Servi-libro).

Leo entre vuelos y aeropuertos, y con sostenido interés, el notable libro de un joven cientista social, Mariano Zarowsky, doctorado en la UBA y especializado en comunicaciones. Su título es precisamente Los estudios de comunicación de la Argentina, y el subtítulo describe todo lo que investiga documentadamente: "Ideas, intelectuales, tradiciones político-culturales 1956-1985".
            Me pareció interesantísimo precisamente por el período que abarca, protagonizado por sueños revolucionarios, represiones, gorilismo, burguesías y desclasamientos. Me interesaron especialmente sus estudios sobre peronismo y cultura de masas, y la recuperación crítica que hace de figuras emblemáticas de mi juventud, como fueron Jaime Rest, Eliseo Verón, Héctor Schmucler, Aníbal Ford y Heriberto Muraro. También el capítulo final me tocó de cerca, porque trata el exilio de intelectuales argentinos en México en los años 70 y 80. (Eudeba)

* Ya he comentado aquí un par de novelas de la notable escritora y académica franco-caribeña Maryse Renaud, original de la Isla de Martinica, de la que nunca se ha despegado. Claro que es a la vez parisina hasta la médula y una literata de fuste. 
            Ahora me envía Azul mortal, una novela de trama un tanto oscura y a la que no es fácil hincarle el diente hasta que un@ empieza a comprender la lógica del texto con su trama de traiciones y la evocación de un asesinato frustrado en los años 50 del siglo pasado. Y el cual años después Albert Constant, el protagonista que entonces salvó su vida, se ve forzado a develar pero ahora en un ambiente tropical subyugante e intenso como los climas del amor y de la muerte. No apta para lectores ansiosos, es, sin embargo, estupenda para amantes del género negro, esa variante literaria de la vida contemporánea. (Editorial Adarve)

Pedro Ángel Palou (Puebla, 1966) es un narrador mexicano autor de una inhabitualmente larga lista de títulos publicados, además de haber sido premiado desde muy joven. ambién. Su CV es abrumador: fue Secretario de Cultura del Estado de Puebla, y rector de la Universidad de las Américas, y desde hace una década reside en Massachusetts (EEUU), donde enseña literatura. Y ahora ha publicado su última novela, en Costa Rica, donde me tocó presentarla. 
            La quinta estación es la impactante historia de un impostor, estudioso de la mentira, que ha investigado a una tribu hostil de Papúa-Nueva Guinea y que ya sesentón protagoniza unextraño ligue con Margarita, una joven y guapa arquitecta. La novela conduce a un final asombroso y durísimo, en el que se mixtura lo cachondo con lo filosófico (ahí están todos: Kierkegaard, Kant, Spinoza, Nietzche) para, en un contexto del escepticismo general, el texto inquiera sobre el sentido de final del mundo, las relaciones humanas y el amor entendido como hacer el amor con quien menos se debiera. Desfilan por estas páginas inquietantes mujeres (Belén, Livia, Julia) con quienes se relaciona de diversos modos el rechazable personaje de esta historia acaso improbable, pero que sale a flote porque es unanovela sobre el amor en la vejez, y sobre la inmoralidad y la obsesión. 
            Un libro intenso, inquietante, incómodo, de enorme erudición. Te puede dejar con la boca seca y un millón de interrogantes. (Letra Maya)

viernes, 17 de mayo de 2019

Lecturario # 65. Guerra, Toscana, Jitrik, Sodero.

Lecturario # 65. Guerra, Toscana, Jitrik, Sodero.

Es curioso que este Lecturario crece –o, mejor dicho, se desarrolla– a partir del azaroso arribo de libros a mi escritorio, este ambiente luminoso que mira a un jardín tropical que amo, cuido y me enorgullece, y desde el que sueño, pergeño y ordeño –para decirlo juguetonamente– las tramas, versos, argumentos e ideas que son rutina de mis días.
            En este contexto, suele asombrarme la cantidad y sobre todo variedad de libros y lecturas que me llegan, y que casi nunca alcanzo a leer totalmente. Decía mi maestro Juan Filloy que en su larga vida había leído unos 18 mil libros y sin embargo, a los noventa y tantos años, no le parecían ni muchos ni pocos. Yo sabía, ya entonces, que como bibliófilo heredero de una modesta pero sólida biblioteca casera, construída por mi mamá y mi hermana, yo no iba a leer más que unos pocos miles de libros, que serían nada en medio de los incontables millones de volúmenes que constituyen la literatura universal. Pero sí los leería –los he leído– sabiendo que era lógico y bueno que así fuese, y que en todo caso sería mi astucia de buen lector, si llegaba a serlo, la que habría de seleccionar mis lecturas.
            Leer, así, se fue haciendo una práctica diaria, antes una necesidad que un mandato. Y aquí estoy, ahora, ya grande y macizo hasta donde pude, dando cuenta de mis lecturas contemporáneas, de algunas revisitaciones y de seleccionar entre todo lo que me llega y no descarto en masa. Éste es, ciertamente, el espíritu de este Lecturarioque me place que algunas personas consulten y acaso tomen como guía hacia un posible disfrute.
            Y ahora, vamos a algunas de mis lecturas recientes:

* Quizás el prologuito que precede adquiera más sentido si confieso que me fue necesario para comentar "La miel". Que es un libro bellísimo y conmovedor cuyo autor fue Tonino Guerra (1920-2012), una de las personalidades más impactantes de la cultura italiana contemporánea, más allá de que para much@s parezca y sea un absoluto desconocido. 
            Prisionero en un campo de concentración nazi durante la Segunda Guerra Mundial, Tonino fue después, durante más de 30 años, uno de los mejores guionistas del cine italiano de posguerra. Trabajó para y con los más importantes directores de cine: Federico Fellini, Vittorio de Sica y Michelangelo Antonioni, entre ellos. Y guionó películas inolvidables como AmarcordY la nave vaGinger and Fredy muchas otras. Y fue además un poeta notable.
            Este libro exquisito, "La miel", me lo regaló recientemente su traductor al castellano y también poeta: Juan Vicente Piqueras, de quien ya comenté en un Lecturario reciente una notable antología. 
            Deslumbrante por donde se lo mire, sabio, ameno, seductor, este poemario de Tonino Guerra, titulado agridulcemente "La miel", es un libro que en mi opinión lo tiene todo, desde sabiduría a buen gusto. Vean nomás:
La Bina vivía en una cabaña
en el camino malo y paseaba
con su cabra por el río.
Nadie sabía si era hombre o mujer:
tetas sí tenía, pero también bigote
y unas botas enormes de montaña.

Este año las hojas secas se quedaron en las ramas
porque no soplaba ni una brizna de viento
y los árboles parecían antorchas encendidas.

El Canto Noveno, para mí sublime, concluye con estos versos:
Y por fin una mañana las páginas comenzaron 
a susurrar ligeras con la brisa.
Parecía que hubiera un enjambre de abejas encima del tejado
y el fraile se echó a llorar porque los libros hablaban.

Y en el Canto Décimotercero:
            Miedo ¿por qué? 
            La muerte no es aburrida,
            viene una sola vez.

Delicia de libro, lo leí dos veces y las dos temblé. (Pepitas Editores).

* David Toscana es un escritor mexicano, norteño de Monterrey, que vive desde hace años en Europa. Lo conozco desde los tiempos del exilio argentino y siempre aprecié su prosa y su imaginación. Y aunque no he leído su obra completa, sí le entré a su notable "Estación Tula"y a la entre audaz y delirante "El ejército iluminado", ambas novelas históricas. Su obra es significativa ya, y hace dos años Toscana recibió el galardón más preciado de la literatura mexicana: el Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores 2017, por una novela que aún no he leído: "Ongaroy".
            Pero sí acabo de leer y recomiendo con énfasis su magnífica "El último lector". Una narración de notable belleza estilística y atrapante nudo argumental: Remigio, hijo de un bibliotecario de un pueblo semivacío, compromete a su padre, Lucio, en el ocultamiento de un crimen que no cometió: el de una niña de belleza incandescente cuyo cadáver aparece misteriosamente en el aljibe. Y a cuya develación concurre la literatura atesorada en una biblioteca que casi nadie visita.
            "El Último lector"es una pequeña joya literaria, de título emparentado casualmente con el libro de Ricardo Piglia también titulada "El Último lector". Y digo casualmente, además, porque ambos libros se publicaron a la par en Barcelona y 2005: el de Piglia en Anagrama y éste de Toscana en Mondadori. Ahora la edición que leo es la de Alfaguara, Narrativas Hispánicas.

* Noé Jitrik sigue deleitando a sus seguidores con sus memorias, que ya empecé a comentar en el Lecturario # 29 con "Casa Rosada", que es parte de una especie de autobiografía no declarada del querido maestro de maestros y distinguido académico Noé Jitrik. 
            Nacido en 1928 en Rivera, pueblo entre bonaerense y pampeano, y siempre en plenitud, Jitrik viene publicando en la platense Ediciones al Margen sus memorias. Y lo hace en forma de una serie de libros que se constituyen en una interesantísima saga que convoca recuerdos y vivencias familiares, literarias y políticas. Y así, con una prosa impecable y la memoria prodigiosa que tiene, estos libros de Jitrik impresionan por belleza poética, sinceridad y aporte histórico-literario. Como se advierte en el último libro de la saga, "El  río de las terneras atadas", que se anuncia como "Relatos" –que sí son– pero en la misma tesitura de memorias, aquí familiares, literarias, políticas, y con esa prosa pausada y certera que caracteriza a NJ. Un libro, en fin, que es una delicia de leer y además de aprender. Porque Noé tiene a esta altura la sabiduría del honesto historiador, y eso es a la vez magisterio. (Ediciones Al Margen).

* Y cierro con la mención a un libro de cuentos cuya lectura me resultó impactante: "El mar de los lobos",del joven narrador patagónico César Sodero, de quien ya comenté su primer y notable libro ("Sierra Grande") en un Lecturarioreciente. 
            Ahora se publicó este libro premiado, y tuve el gusto de presentarlo en la reciente Feria del Libro porteña. "El mar de los lobos"es el libro con el que Sodero fue uno de los dos premiados del concurso de la Fundación El Libro del año pasado, 2018. Un concurso que nos dio mucho trabajo a los jurados (que integramos con Ana María Shúa, Jorge Lafforgue, Carlos Gamerro y el puertorriqueño y también ganador del Premio Rómulo Gallegos, Eduardo Lalo). 
            Es éste un libro potente, de imaginación inusual, y que contiene por lo menos dos de los mejores cuentos que he leído en los últimos tiempos. De veras, y miren que leo mucho cuento. Como dice en la contratapa mi querida colega Shúa: "transita el límite poroso entre lo humano y lo salvaje (...) Libro de frontera, inesperado en cada línea (...) Un libro de cuentos en el que la violencia y la belleza se aferran al lector hasta el final, y lo transforman". Nada menos.(Alto Pogo editores).

jueves, 16 de mayo de 2019

DIÁLOGO ENTRE ESCRITORES, EN COSTA RICA

Invitado al Festival Centroamérica Cuenta, en San José, Costa Rica, anoche en una mesa sobre "Los placeres de contar historias", con Claudia Piñeiro, el narrador y guionista Guillermo Arriaga, y el narrador chileno Pablo Simonetti.
https://www.facebook.com/festivalcac/videos/382521329030544/

jueves, 2 de mayo de 2019

DEL PODER JUDICIAL A UNA VERDADERA JUSTICIA

HE AQUÍ MI RESPUESTA A LA TERGIVERSACIÓN DE MI INTERVENCIÓN por parte del Ministro de Justicia Germán Garavano y los ejércitos de trolls infamantes del gobierno nacional, luego de mi intervención en el programa "MINUTO 1" del miércoles 1º de Mayo en Canal C5N.

https://www.pagina12.com.ar/191189-del-poder-judicial-a-una-verdadera-justicia

viernes, 19 de abril de 2019

LECTURARIO # 64. Casadio, Rodríguez Villafañe, Suárez, Pita

Lecturario # 64. Casadio, Rodríguez Villafañe, Suárez, Pita

Un buen amigo y mejor lector me pregunta, en email privado, por qué mis Lecturarios son mayoritariamente elogiosos y jamás condenatorios. Mi respuesta es simple: prefiero comentar libros que me agrada leer y que pienso que mis lectores querrán compartir. Y si no, pues no. Tan simple como eso.
            Pero valga una reflexión: esta serie de opiniones literarias que ya lleva algunos años, es obvio que no encuadra en la crítica periodística ni en la académica, que en mi opinión tienen senderos prefijados: la una pretende distanciamientos y sobriedad que no siempre logra, lo que es lógico porque l@s periodistas o son escritor@s o quieren serlo y se andan con mucho cuidado salvo que deseen destruir a alguien o estén al servicio de medios o editoriales que les pagan por sus notas. Y la otra, la académica, se rige por otras tradiciones, que exigen análisis estructurales, lingüísticos, comparativos, históricos y muchas veces más formales que significantes. O sea que responden a diferentes reglas de divulgación: la primera con ligereza y sometida a intereses extraliterarios, o sea de mercado; y la segunda en general con vocación de encierro en claustros (nunca tan bien aplicado el sustantivo).
           En cambio lo que yo hago aquí es infinitamente más simple y cero pretencioso: estos textos –en mi blog o en FB– son sólo apuntes de lecturas que despertaron en mí algún interés y entonces quiero compartirlos. Nada más.

Una encantadora y a la vez triste novela que leí este mes y me encantó es "El niño del tren", de Paolo Casadio. Es la historia de un jefe de estación ferroviaria en la Italia fascista, que en 1935 llega, con su esposa embarazada y un perro, a hacerse cargo de la estación de Fornello, un pequeño pueblo de la Romagna montañosa en la que meses después nace su hijo, Romeo, y son felices en un ambiente bucólico, sereno y de ardua belleza. Pero donde años después, circa 1943, empiezan a pasar también trenes cargados de familias prisioneras –judíos, gitanos, antifascistas– con destino a campos de concentración. Todo cambia a partir de la mirada de una niña judía de nombre Flavia que incita a Romeo y su familia a descubrir que aun cuando el mundo cambia brutalmente son posibles el amor y la poesía. Una novela transparente, conmovedora, de suave y deliciosa lectura (Edhasa, serie marrón).

• Con el título "Crimen de crímenes (genocidios 1904-2005)", el distinguido jurista y ex juez federal de Córdoba, Miguel Rodrìguez Villafañe, ha organizado un libro conmovedor acerca de las infinitas posibilidades del odio, la violencia y el asesinato masivo como conductas más condenables de la humanidad. 
            Ha tomado siete casos de persecuciones masivas a pueblos perseguidos por sinrazones de raza, etnia, religión o nacionalidad. Siete casos emblemáticos que, patéticamente, no fueron los únicos del bestial siglo 20 cuyos ecos todavía resuenan en la conciencia impura de nuestro planeta.
            Con información precisa y prosa firme, Rodríguez Villafañe expone las tragedias de diversos pueblos: los Hereros y Namas en el África Suroriental Alemana (hoy Namibia) entre 1904 y 1907; los Armenios, Asirio-ciríacos y Griegos en el imperio Turco Otomano (1915-1923); la hambruna ucraniana durante el estalinismo (1932-1933); el holocausto nazi a los pueblos judío y gitano (1933-1945) y las más recientes en Camboya, Guatemala, Burundi, Ruanda, Bosnia y Sudán. 
            Sin dudas es un libro doloroso, de durísima lectura. Pero necesario para apuntalar esa memoria de la humanidad que debe guardar toda buena biblioteca. (El Emporio Ediciones).

• Quienes leen estos Lecturarios ya saben que hay autor@s que sigo porque me interesa la progresión de sus obras, pero también por razones afectivas. Es el caso de la narradora cubana radicada en Lisboa Karla Suárez, amiga y colega que leo y respeto porque es la clase de narrador@s que ponen a la literatura y su vocación de narrar por encima de todo lo que existe en este mundo. Lo que ahora compruebo una vez más con su última novela: "Habana año cero". con la que en 2012 recibió el premio Carbet del Caribe y el Gran Premio del Libro Insular, en Francia.
            En esta novela el disparador es tan sencillo como seductor: el inventor del teléfono no fue Alexander Graham Bell, como siempre se ha creído, sino un oscuro inventor italiano llamado Antonio Meucci (1808-1889), residente casi toda su vida en Cuba. Pero la novela es mucho más que eso; en realidad es un recorrido por los momentos más dramáticos de la historia contemporánea, los años 90, durante los cuales la narradora –posible alter ego de KS, aunque éste es un dato irrelevante– vive su despertar al amor, a los sueños y a las hipocresías, enredos y falsedades del mundo adulto. Con dosis de humor del bueno, y con su prosa habitualmente llana y precisa, Karla Suárez nos brinda otro plato recomendable. (Ediciones Unión).

· Con "El rincón de los muertos" Alfredo Pita, laureado narrador peruano residente en París, recorre la violencia en su país en los años 80 y 90 del siglo pasado. La impunidad, la sinrazón, las miserias de la política son revividas literariamente en la épica –la tragedia– de una nación que desde la conquista española ha sufrido quizás como ninguna otra en América. 
            Perú duele y grita en este libro en el que un narrador entre conmovedor y patético recuerda a Rafa y a Luis y a Max, nombres que desfilan como tantos otros personajes entrañables y clarososcuros en el relato de una trama sin salida, una tragedia que funciona desde la literatura como el relato de otro desesperado e implacable acusador (émulo de Emile Zola en su célebre defensa de Alfred Dreyfus), delineando así una de las más duras denuncias latinoamericanas contemporáneas. 
            Novela de ardua lectura, por momentos agobiante aunque está escrita con solvencia y preciosismo, aventuro la idea de que con el tiempo puede llegar a ser otra lectura imprescindible para comprender el Siglo 20 latinoamericano. (Textual Pueblo Mágico).

domingo, 14 de abril de 2019

Entrevista en El Universal, de Caracas

Comparto una entrevista que me hicieron recientemente.
http://www.eluniversal.com/…/mempo-giardinelli-todo-exilio-…
ELUNIVERSAL.COM
El escritor y periodista, ganador del Premio Rómulo Gallegos en 1993, fue uno de los invitados al Congreso Internacional de la Lengua Española que se celebró en Córdoba, Argentina

viernes, 29 de marzo de 2019

Ponencia en el VIII CONGRESO INTERNACIONAL DE LA LENGUA

CILE....  27 de Marzo de 2019


"Retos del español en la educación del siglo XXI”


Ponencia general, Mesa 3. Por Mempo Giardinelli

Agradezco esta oportunidad al poeta Luis García Montero, director del Instituto Cervantes, y declaro, de entrada, que no soy lingüista. Soy apenas un inventor de ficciones, que además escribe en un diario argentino y es docente universitario desde hace más de 30 años.

Estoy cierto de que históricamente los escritores/as de Nuestra América tenemos la responsabilidad de ayudar a que nuestros pueblos mejoren su expresión hablada y escrita, y es ése un curioso magisterio que recorre nuestra inmensa geografía desde México hasta la Patagonia y la Tierra del Fuego, para que una generación tras otra entren en mundos poéticos, y ficcionales, en los que la bestialidad imperante en el mundo, y la que vemos en nuestras calles a diario, resulte al menos cuestionada, explicada, y atenuada. Porque la escritura es una versión, acaso la más bella, de la lengua que hablamos. Y por eso toda lengua bien hablada, bien escrita y bien leída, contribuye a la estética del mundo aunque las grandes mayorías no lo adviertan. Y es claro que las democracias también se construyen desde el bien decir.

Que la nuestra es la lengua de Cervantes, es un lugar común universal. Pero nosotros los americanos podemos decir que no es solamente la de Cervantes. Porque es también la lengua de Sor Juana y de Sarmiento, la de Borges y Cortázar, y la de Neruda, García Márquez y Juan Rulfo. Y es la lengua de Angélica Gorodischer y Mario Benedetti, de Elena Poniatowska y Noé Jitrik y la de tantos/as poetas, narradores y ensayistas que escriben en Castellano. Miles de autores/as que encontramos en toda la historia americana, para quienes las reglas de la lengua jamás prohibieron que se las quebrante, a condición de conocerlas. Y así han creado una magnífica literatura que hoy nos expresa y representa a más de 500 millones de personas, incluyendo obviamente a casi 50 millones de españoles. 

La lengua que hablamos está viva y en expansión, y los escritores, periodistas, ensayistas e intelectuales en general, que trabajan y se expresan en ella, contribuyen de manera principal a las modificaciones periódicas que acepta la Real Academia. Que a la corta o a la larga las admite. Y las que no acepta no por eso quedan desautorizadas. Es una lengua maravillosa, que siempre está más allá de lo canónico.

El Castellano es una lengua además que, después del chino mandarín, es la más hablada del planeta por el número de personas que la tienen como idioma materno. Y es también la lengua romance que ha alcanzado mayor difusión en el mundo contemporáneo, y es uno de los seis idiomas oficiales de las Naciones Unidas, el segundo más estudiado en todo el planeta después del Inglés, y el tercero más utilizado en Internet.

Por supuesto, doy por descontado que han reparado ustedes en que no digo Españolsino Castellano. Y es que por más que todos los programas de computación del mundo cambien el vocablo "castellano" por "español", en realidad el "idioma español" yo no sé si realmente existió, o existe, y más bien presumo que si su uso se generalizó fue por la sumisión al barbarismo de traducir el vocablo inglés "spanish".

La mismísima Constitución Española de 1978 establece en su Preámbulo "proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones" y en el inciso 1 del artículo 3 del Título Preliminar declara que: "El castellano es la lengua española oficial del Estado. Todos los españoles tienen el deber de conocerla y el derecho a usarla". Y el inciso 2 precisa que: "Las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus Estatutos". 

O sea que son muchas las lenguas que se hablan en España, pero el idioma (o sea "la lengua de un pueblo o nación", y su "modo particular de hablar") es el Castellano.

El Español, entonces, y dicho con toda franqueza, es un concepto que empezó a instalarse a partir de traducciones, intereses económicos y de expansión geopolítica, y su imposición universal puede pensarse que se inició hace menos de 30 años, cuando los fastos celebratorios del 5º Centenario del desembarco de Cristóbal Colón en América. Y tengo para mí que esa instalación no fue ingenua ni casual, ni inocente

Así, pues, para celebrar este Congreso de la Lengua nos encontramos con un problema desde la convocatoria misma. Y problema que voy a abordar en esta mesa porque la denominación de nuestra lengua es un tema central de la educación y más lo será –ya lo está siendo– en el Siglo XXI.

Sabemos que toda cuestión educativa se relaciona, lógicamente, con la lingüística, por lo que corresponde empezar recordando que esta mesa refiere y obliga a reflexionar los retos del español en la educación en el siglo XXI. Pero a mi criterio, dicho sea con toda responsabilidad, esta formulación confunde y maniata. En primer lugar porque los retos, que los hay, no los plantea "el Español" sino el neoliberalismo global que hoy predomina en el mundo, y que en materia educativa es, en mi opinión, especialmente peligroso porque la educación es un derecho humano. Y es un derecho colectivo en el marco de procesos institucionales de enseñanza y aprendizaje a cargo de maestros/as que por bastante más de un siglo han enseñado a leer y escribir en... Castellano. Lo que plantea un segundo choque: pues ahora en este país y desde hace mucho en países vecinos observamos el paulatino y peligroso reemplazo de pedagogos y maestros por gerentes e instructores provenientes de dudosas disciplinas.

Y es que la Educación entendida como el sistema de saberes y conocimientos que toda nación provee a la ciudadanía desde la primera infancia, y en particular desde el sistema escolar, es una cuestión no solamente pedagógica y no solamente de estrategias didácticas para transmitir y coordinar el aprendizaje de millones de niñ@s y jóvenes. Es, al mismo tiempo, una cuestión política

Y lo es porque educar a sus pueblos es una responsabilidad básica de todos los Estados. Educar y cómo hacerlo es una decisión política, como también lo es no hacerlo. O sea: hacer que un pueblo lea es una decisión política, y hacer que no lea también lo es. Por lo tanto, la precisión y modo de uso de la lengua que habla y en la que lee y se expresa cada pueblo, cada sociedad, ineludiblemente también lo es. 

Y si la lengua que hablamos es, inexorablemente, una cuestión política, entonces si nos despegamos de toda inocencia, pues digamos también que este Congreso también es político, porque es continuidad de una decisión tomada por las autoridades del Estado Español: la de consagrar a la lengua que ahora llaman "Español" como hegemónica síntesis de todas las lenguas de todos los pueblos que hablan lo que nosotros llamamos Castellano.

Desde ya que esa instauración, dicho sea con todo respeto, a mí me parece un error por varias razones y una de las principales es que no responde al devenir histórico de este continente en sus relaciones por más de cuatro siglos conflictiva con el Reino de España. E instauración inconsulta, que no representa a la gran mayoría de los pueblos americanos que hablan esta lengua, y que se parece mucho a una imposición autoritaria, de hecho inadmisible porque no responde ni atiende a las realidades de Nuestra América. 

Al contrario, esta imposición niega –igual que hace cinco siglos– la vigencia y vitalidad de las lenguas originarias que se hablan a la par del Castellano en lo que hoy son más de 30 naciones americanas. Como tampoco entiende ni parece aceptar el extraordinario aporte de los idiomas de la inmigración que, en maravillosa mixtura, constituyen también la lengua que verdaderamente hablamos aquí, en este continente: el Castellano Americano.

Y quiero ser muy claro: no estoy negando méritos a la muy respetable Academia de la Lengua, pero sí digo que más allá de su trabajo de policía lingüística, no estoy seguro de que todos sus miembros sean conscientes del uso político, económico, empresarial y globalizador que los sucesivos gobiernos de España han venido dando al idioma que llaman Español y yo Castellano Americano. 

Y usos, además, que fueron y son práctica de dominación por vía de la desnacionalización lingüística que nosotros, lógicamente, resistimos desde lo conceptual, político e ideológico. Y es que para nosotros esta resistencia es vital y se da precisamente en la educación, efectivamente entendida como el reto principal y decisivo que nos plantea este siglo XXI. En el que advertimos con creciente alarma que las políticas educativas que nos formaron como naciones independientes y castellano-hablantes están siendo cambiadas veloz y peligrosamente desde que el fuerte desarrollo europeo asistió a la España posfranquista, muchos de cuyos estamentos parecen haberse autoatribuído la misión de recuperar a sus viejas colonias ya no por el sometimiento armado, ni por la religión autoritariamente impuesta, ni por la conquista territorial, sino –como es visible desde los años 90 del siglo pasado– por medio de un nuevo sistema imperial económico-financiero y cultural, y ahora también educativo y lingüístico al que se prestan algunos gobiernos.

Todo lo anterior se observa con claridad, porque es cada vez más evidente el cambio de paradigmas. Ahora en la educación argentina (como ya se hizo en Chile y otros países) la intervención de empresas e instituciones transnacionales empieza a gobernar el sistema. Impone la disminución salarial, sataniza al sindicalismo educativo, recorta becas y ayudas, desmantela la Educación Técnica, elimina Institutos de Formación Docente y cancela la educación para adultos y trabajadores. Es coherente, así, con las políticas de desindustrialización, una de cuyas consecuencias es el abandono de la educación pública en el interior del país, en todos los niveles. Y abandono que es pedagógico, edilicio y de formación docente. Lo que en un país con el 60 % de inflación anual y uno de los cinco mayores endeudamientos del planeta, es poco menos que incendiario. 

Siguiendo ese libreto globalizador, impuesto por las normas leoninas del FMI, el actual gobierno argentino ha clausurado prácticamente todos los programas que en lo que va del siglo habían mejorado notablemente el sistema educativo. Pues ahora las políticas de "modernización y globalización" están imponiendo el abandono de la educación vinculada a nuestra memoria histórica, a la vez que se clausuró el Plan Nacional de Lectura y se eliminaron decenas de programas educativos complementarios de la educación formal en los niveles inicial, medio y superior. Así acabaron con los programas de educación por el arte, educación sexual, prevención de la violencia escolar, las orquestas infantiles y juveniles, los programas de ajedrez escolar, los centros de actividades infantiles y juveniles en contraturno, y los sábados con escuelas abiertas. Y por si fuera poco, también se frenó la universalización del sistema de formación docente virtual, gratuito y en servicio, y el desfinanciamiento de las 62 universidades nacionales públicas y gratuitas –que enseñan a dos millones de estudiantes– es brutal y solamente augura un futuro más que sombrío. 

En este contexto, la cuestión de la lengua que hablamos, la que se enseña y la que se distorsiona y confunde, es uno de los ejes centrales de la educación que viene, que para much@s será de efectos desastrosos si no reaccionamos, toda vez que los atentados idiomáticos –como cambiar el habla de un pueblo, e imponerle un nombre que no tiene ni reconoce– son graves para la libertad, la democracia y la literatura. 

Como apreciarán ustedes, esta reflexión sobre el idioma y la educación lo es también sobre la libertad y la democracia. Porque se destruye un sistema educativo que aún con fallas funcionó durante un siglo, eliminó el analfabetismo, y posicionó algunas universidades entre las mejores del mundo y de las que salieron tres Premios Nobel; y lo que se ve ahora, en cambio, es que sólo se responde a intereses empresarios transnacionales que no son todos ajenos a ciertas políticas de imposición lingüística.

Así, el proyecto educativo que llamamos neoliberal y que impulsan diversos gobiernos latinoamericanos, está en línea, y sin disimulo, con el mandato global de conquistar un mercado fabuloso y harto atractivo: la educación es, de hecho y ahora mismo, uno de los más apetecibles negocios que ofrece el planeta. Y negocio que hasta ahora no estaba en el mercado, digamos, por una serie de pruritos históricos que puntualiza la Dra. Emilia Ferreiro en su libro "Pasado y presente de los verbos leer y escribir". Y también la Dra. Adriana Puiggrós cuando plantea cómo el proyecto actual, en la Argentina, no sólo destruye la educación pública probada en más de cien años, sino que ya estamos teniendo analfabetos nuevamente. En la Argentina, amigas y amigos, en esta tierra que hasta 2015 tenía índices prácticamente cero de analfabetismo.

Hoy, en estos contextos, la lengua que hablamos y que nos vincula está también en riesgo desde el momento en que se le viene cambiando sutil pero autoritariamente el nombre que la designa, lo que acarreará un gigantesco problema identitario para nuestros sistemas educativos y obviamente para nuestros pueblos. 

Y problema agravado si recordamos que los nuestros son países en los que hoy se condena y desguaza la educación pública. Sólo en la Argentina tenemos unos 17-18 millones de chicos y chicas de entre 4 y 20 años a quienes hay que proporcionarles herramientas para el conocimiento. O sea que deben leer y sobre todo comprender lo que leen, condición básica para que sepan manejarse en el tiempo y el espacio históricos, para que desarrollen capacidad de abstracción y para que valoren el esfuerzo y la maduración que hacen a la esencia y calidad de cada saber. Pero para que todo eso sea posible hay que proporcionarles, además de condiciones estructurales, maestros capacitados que hayan aprendido ellos mismos esos saberes. Y para ello la consolidación de un idioma nacional y continental es condición sine-qua-non. Para apropiarse de él e incorporarlo como se incorpora el amor a la bandera y los símbolos patrios, que en Nuestra América son asuntos fundacionales. 

De donde vuelve a quedar claro que la educación no es solamente un problema pedagógico: la educación es un problema político, que está asociado a problemas sociológicos. Sobre todo hoy, cuando como sociedad estamos en proceso de embrutecimiento, gracias al gran pervertidor de la lengua y distorsionador de significados, que es el sistema multimediático argentino, enfermo de mensajes de frivolidad, ligereza, hedonismo, odio racial y pésimo lenguaje.

Al igual que hicieron los conquistadores de hace tres, cuatro y cinco siglos, la imposición de una lengua es un modo de la dominación. Y no pienso sólo en la América hispana de los tiempos coloniales. También en el enorme Brasil se impuso el portugués a cruz y espada, a sangre y fuego. También en Norteamérica los pueblos apaches, sioux y otros acabaron hablando Inglés. Y lo mismo en otros continentes. En Camerun, Costa de Marfil, Mali o Senegal los pueblos originarios hoy hablan Francés. En Namibia todavía se habla Alemán, y el Italiano está vivo en Libia, Eritrea y Somalia. Y millones de judíos que huyeron del nazismo hablaron el jiddisch como señal de identidad, hasta que los gobiernos israelíes impusieron el hebreo.

La lengua en que hoy y aquí nos entendemos es el Castellano Americano, que a su vez reconoce peculiaridades que no son dialectales sino verdaderos usos nacionales o regionales, como el Castellano Andino, el Castellano Mexicano, el Castellano Rioplatense que compartimos con Uruguay, el Yopará en Paraguay y las decenas de mixturas y combinaciones lingüísticas de la inmensa geografía latinoamericana.

Como educador con décadas de experiencia docente, yo me siento seguro y orgulloso de la lengua que hablo y enseño y en la que escribo, y que no se llama Español. Se llama Castellano y aunque Herta Müller, Premio Nobel de Literatura 2009, dice que la lengua no es la patria, yo creo que el Castellano Americano sí es mi patria cuando digo, leo, escribo y enseño.

Como escritor, el Castellano Americano está en mi ADN. Y a despecho del Diccionario Panhispánico de Dudas de la RAE, que en mi opinión erróneamente reserva el término Castellano para referirse al "dialecto románico nacido en el Reino de Castilla durante la Edad Media", o al "dialecto del español que se habla actualmente en esta región." Con lo que queda claro que en España han reducido el nombre de su lengua originaria, histórica y riquísima –el Castellano– para equipararlo a las otras lenguas cooficiales de territorios autónomos, como el Catalán, el Gallego o el Vasco. Al menos, digo yo, debieran modificar su Constitución...

La obra monumental de Antonio de Nebrija, la Gramática Castellana, publicada en 1492, fue el primer estudio de nuestra lengua y sus reglas. Y hace 200 años y en Venezuela, el enorme lingüista que fue Andrés Bello advirtió ya el eje de la cuestión, al titular su obra principal: Gramática de la lengua castellana destinada al uso de los americanosAllí explicaba: "Se llama lengua castellana (y con menos propiedad española) la que se habla en Castilla y que con las armas y las leyes de los castellanos pasó a América, y es hoy el idioma común de los Estados hispanoamericanos".

Nuestra lengua era y es, sin dudas, el Castellano Americano. Confluencia del idioma que impusieron los conquistadores, con las incorporaciones y matices propios que en cinco siglos hablaron, y hablamos hoy, los pueblos de este continente. Y ésa era la lengua popular de la España medieval que trajeron a América, desde que en el siglo XII Alfonso El Sabio, rey de Castilla, hablaba a los habitantes de las ciudades que conquistaba en aquel idioma que entendían y hablaban y que se llamó desde entonces Castellano y se consolidó tres siglos después, cuando Antonio de Nebrija publicó su "Gramática castellana", que fue la primera gramática de una lengua moderna, antes que las del inglés, el francés o el italiano.

Por supuesto que esa lengua nacida en la España medieval es la madre de la nuestra. Y por eso el Castellano Americano es la mejor designación porque nos identifica y nos hermana políticamente, porque recoge tradiciones propias y enlaza parentescos nacidos en esta tierra prodigiosa a la que vinieron millones de extranjeros –de decenas de nacionalidades, culturas e idiomas– para asimilarse y enriquecer nuestra lengua, y a la vez gestar una cultura que a su vez parió la riquísima tradición literaria del Castellano de América.

Entiendo que dado que la Lingüística estudia la complejidad de los sistemas interrelacionados de una lengua histórica y, terminológicamente, se recogen y analizan los diversos usos denominativos de una lengua o familia de variedades, resultaría lógico que ambos términos fueran válidos: español o castellano. Pero cuando esa lengua histórica y tan popular es considerada necesariamente desde la sociología política, la educación de los pueblos y la práctica cotidiana de un continente entero, el nuestro, entonces la cosa cambia. Porque son las razones socio-culturales y socio-políticas las que definen la vida de los pueblos; no los textos escritos por abogados y constitucionalistas. 

Así como en España conviven las lenguas autonómicas (el euskera, el gallego, el catalán, el feble, el valenciano, el mallorquí y diversos dialectos regionales) de igual modo que en Italia y en toda Europa están vivos y actuantes decenas de dialectos, aquí en Argentina la Democracia que tan arduamente conquistamos, en menos de 30 años revitalizó casi todas nuestras lenguas originarias. Hoy por lo menos dos millones de argentinos hablan aymara, quechua, guaraní, mapuche, kolla, qom, wichí y una decena de lenguas más, ninguna de las cuales pretende neutralizar ni eliminar la lengua común que nos identifica en el mundo, que es el Castellano Rioplatense que hablamos argentinos y uruguayos cualquiera sea nuestro origen étnico.

Y es que esta lengua fabulosa, ocurrente e inagotable –cuyo nombre y validez están ahora en cuestión y a la que siempre se pretende legislar y encorsetar–, en boca de millones de latinoamericanos es capaz de parir frutos magníficos originados en la libertad de expresión de nuestros pueblos, siempre capaces de giros, hallazgos y retruécanos nacidos de su humor y sus pesares, y que multiplican su ya natural riqueza expresiva. No digo que esto en España no suceda, Dios me libre de ello, que ya es sabido todo lo que España nos ha dado, y no sólo inmigraciones de gente laboriosa sino que también son nuestros clásicos, nuestros maestros, nuestros formadores de estilos y estéticas. España nos ha dado, lingüísticamente, la vida misma. Bien o mal, convenciendo o zurrándonos, nos impuso y nos legó para siempre una lengua maravillosa. 

Pero en la tradición de Nebrija y de Bello, como luego en la de Martí, Sarmiento, Hernández, Borges y tantos americanos más, nosotros no hablamos "Español". Nuestra lengua viene de la península ibérica, claro está, pero se ha enriquecido, complejizado y autonomizado con muchísimos aportes, y hoy se compone de elementos lingüísticos de todos los idiomas que se hablan en Europa, y también en África por lo menos. La nuestra es una lengua nacida en la España medieval, sin dudas, e impuesta en este continente a fuerza de cruz y de espada, pero es a la vez una lengua que en boca de nuestros pueblos se hizo otra, una y múltiple

A ella contribuyeron hermanos de otras geografías, que no son iguales, pero son hermanos. Vinieron de países y provincias plurilingües, para ser aquí, en esta tierra, más plurales e inclusivos. Nosotros los chaqueños lo sabemos perfectamente: en mi tierra están vivos aún dialectos alemanes, checos, búlgaros, árabes, turcos, polacos, judíos de todas las diásporas, montenegrinos y ucranianos que formaron el Chaco contemporáneo junto a italianos, franceses, ingleses y suecos. Y a los que ahora se suman, enhorabuena, el guaraní, el qom, el wichí, el mocoiq. Y por supuesto el Yopará y el Guaraportuñol.

Esa amalgama fenomenal, maravillosa, que se produce cuando las lenguas son la tierra misma y son la identidad y son el habla de los pueblos, esa formación social y cultural que es la lengua nuestra, sudamericana, latinoamericana, indoamericana, es necesariamente un fruto plural que tiene hoy, ya, expresión y carácter idiomáticos peculiares, además de una propia y riquísima tradición literaria. Así la hablamos, y sobre todo así la escribimos y así es leída en todo el continente, porque es pronunciada y escrita en el Castellano de Nuestra América

Muchísimas gracias. •