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jueves, 11 de noviembre de 2010

El cielo en New Hampshire y Barcelona

El laberinto y el hilo

Quienes deseen leer el texto completo de esta memoria personal, lo encontrarán en "EL LABERINTO y EL HILO" (completo)

La explicación de por qué EL CIELO CON LAS MANOS se publicó primero en los Estados Unidos, aunque en castellano, se encuentra en algunos hechos fortuitos. Ante todo, y para decirlo sintéticamente, las noticias de España eran muy buenas: LA REVOLUCION EN BICICLETA recibía críticas estupendas y se vendía bastante bien. En aquel tiempo el mundo editorial en lengua castellana era mucho más pequeño que ahora, y la visibilidad era como siempre difícil de conseguir, pero cuando sucedía era mucho más profunda y duradera. Otros editores se enteraban de esas novedaes, y podía ocurrir que pidieran nuevos textos a los autores/as que obtenían cierta resonancia.

Eso pasó conmigo: dos entusiastas editores (Frank Janney y Randolph Pope, ambos hispanistas, Frank ya retirado y Randolph activo en Dartmouth College) que estaban montando en New Hampshire una casa dedicada a publicar literatura para el mercado hispano de los Estados Unidos, me escribieron una elogiosa carta con una interesante propuesta, si es que yo tenía otros títulos en carpeta.

Y por supuesto que tenía; no hay escritor que no tenga siempre textos en barbecho, y en mi caso acababa de terminar EL CIELO CON LAS MANOS, cuyo original les envié de inmediato. Además ellos anunciaban ya en su catálogo a algunos autores notables, con quienes cualquier joven escritor querría compartir páginas: Antonio Skármeta, Ángel Rama, Fernando Alegría...

Así que les envié una fotocopia del original y la respuesta fue casi inmediata: la novela les había encantado y sin dudas querían publicarla.

Yo iba a decir que sí, desde luego, casi sin pensarlo, pero justo en ese momento me salió un viaje a España y decidí recalar unos días en Barcelona, lo que, en cierto modo, me cambió la vida. O ese tramo de ella.


Balcells

Por entonces ya venía pensando en la necesidad de contar con la asistencia de un agente literario, pero la única agencia que conocía era la de Carmen Balcells, ya por entonces mítica y —desde mi punto de vista— completamente inaccesible.

Era la agencia que manejaba los derechos de Gabriel García Márquez, Juan Goytisolo, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, José Donoso, Juan Marsé y muchos otros big-names. Todo el Boom de la Literatura Latinoamericana pasaba por esa agencia, a la que todos los editores del mundo —y no sólo el de habla hispana— llegaban en procesión y casi de rodillas a pedir los derechos de éste o aquél libro memorable...

Pero era también una agencia en expansión, y allí se ocupaban de los derechos de Osvaldo Soriano. Y Osvaldo era muy amigo de Juan Carlos Martini (hoy Juan solamente), quien era un brillante editor en la casa Bruguera, donde dirigía la colección Libro Amigo y una extraordinaria Serie Negra. Juan era también autor de la casa Balcells y —Osvaldo dixit— "un tipo con influencia allí porque es muy amigo de Magda Oliver, el brazo derecho de Carmen".

Cierto o no, y ya que Osvaldo me había enviado desde París el teléfono de Juan, lo llamé por teléfono y le pedí ayuda, con absoluta franqueza. De igual modo, y luego de un amable intercambio, me dio el teléfono de la agencia con esta inobjetable recomendación: "Sé directo y franco; esta gente no se anda con vueltas".

Magda Oliver me citó esa misma tarde en la agencia (que por entonces aún no estaba en su hoy célebre edificio de la Avenida Diagonal), me recibió con toda puntualidad y me despachó en dos minutos: "Escriba una carta diciéndonos qué escribe y por qué; qué espera de la literatura y por qué quiere que lo representemos. No más de cinco cuartillas, por favor. Y traiga esa carta mañana, con sus datos precisos para que le respondamos".

Esa noche, en el hotel de mala muerte en el que me alojaba, pedí prestada una máquina de escribir y me desvelé fumando mientras buscaba el tono exacto. Porque había uno solo, un único tono para esa carta decisiva y yo estaba seguro de que de encontrarlo o no dependía en gran medida mi futuro.


Para el corcho en la pared:

—La neurosis argentina perfecta consiste en no saber callar. Hablar y hablar todo el tiempo, y emitir opinión sobre todas las cosas. Y encima pretendiendo siempre tener razón.

—En Mendoza han construído un moderno auditorio, enorme y precioso, que lleva el nombre de Angel Bustelo y celebra a quien fuera un destacado intelectual y dirigente comunista mendocino. Pero los baños del gran auditorio están anunciados de un modo que espantaría al viejo comunista: Women y Men.

—Un pueblo vencido puede tener esperanzas mientras conserve su lengua. Me encanta esta idea; es de Montesquieu.

—Frase memorable escuchada a mi amiga María Julia: "Las empanadas no dan fiebre, boludo".

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